Un reino de luz y sombras

Capítulo 33

La tarde cae lentamente sobre la sala de entrenamiento, y el sol atraviesa los ventanales creando rayos de luz que dibujan líneas sobre el suelo. Kael me espera en el centro, igual de imperturbable que siempre.

El gimnasio está silencioso, salvo por el leve crujido del suelo bajo nuestros pies. Mis sombras se agitan a lo lejos, como expectantes, mientras Kael me observa desde el centro. La luz a su alrededor es precisa, firme, controlando el espacio entre nosotros… pero esta vez, hay algo más en su mirada.

—Hoy vamos a intentar algo distinto —dice en un tono bajo, casi un susurro—. Quiero que sientas lo que Magnus intentó hacer.

Mi corazón se acelera. Recuerdo esos momentos en el palacio, cuando Magnus me tocaba y sentía esa electricidad recorriendo mi piel, como si algo dentro de mí intentara escapar. Nunca entendí qué era, pero ahora comienzo a sospechar.

Kael da un paso hacia mí. No es un acercamiento lento; esta vez, su luz se extiende como un brazo invisible que intenta tocar mi sombra, no solo la mía, sino lo que yo no podía proteger antes.

Siento la presión de su energía, una especie de tirón, y mis sombras reaccionan al instante. Se enrollan alrededor de sí mismas, formando una barrera, alertas, protectoras.

—Respira —susurra Kael, apenas a centímetros de mí—. No es un ataque. Solo quiero… sentir cómo tus sombras se defienden.

El calor de su cercanía me hace temblar. Mi cuerpo se tensa, mis sentidos vibran con la mezcla de miedo, concentración y algo más que no puedo nombrar. Mis sombras no atacan, pero tampoco ceden. Son mías, y lo saben.

Kael extiende una mano con cuidado, tocando apenas el borde de la oscuridad que se proyecta desde mí. La sensación es inmediata: un escalofrío recorre mi columna, familiar y distinto a cualquier cosa que haya sentido antes. Es esa misma electricidad vaga que Magnus provocaba, multiplicada por la fuerza y control de Kael.

—Así es como intentaba tomarte —dice con voz baja, casi un susurro, mirándome directamente a los ojos—. Pero tú… resististe. No lo sabías, pero tus sombras te protegieron.

Su voz es firme. Segura.

Pero hay algo en su mirada…

como si no supiera del todo qué ocurriría si no lo hiciera.

No sé qué responder. Mis sombras vibran a mi alrededor, danzando entre la suya y la mía, creando un espacio íntimo y peligroso. Kael da un paso más, y siento que si nos acercamos un centímetro más… podría rozarme.

—Ahora entiende —murmura—. Necesito tocarte para replicarlo, para enseñarte cómo controlar lo que antes escapaba.

Mi corazón late con fuerza, mis manos tiemblan ligeramente. No es miedo, exactamente. Es una mezcla de anticipación y vértigo. Siento su aliento cerca, la luz apenas rozando mi piel, y el mundo se reduce a nosotros y nuestras energías entrelazadas.

Kael inclina un poco la cabeza. Nuestras respiraciones se mezclan, y por un instante siento que podríamos… rozarnos, besarnos, si cualquiera de los dos cediera. Las sombras me rodean como una capa protectora, pero no me alejan de él. Al contrario, parecen empujarme suavemente hacia la sensación de conexión, hacia esa cercanía prohibida.

—Casi lo tienes —susurra él, apenas tocando mi hombro con la punta de sus dedos—. Tus sombras… confían en ti.

Mi pecho se agita. Podría inclinarme, cerrar los ojos… pero el miedo a lo que significa este poder, a la responsabilidad que siento sobre mí y sobre el mundo, me hace retroceder un instante. Kael percibe mi vacilación y sonríe levemente, apartándose apenas un paso.

—Buen trabajo —dice, retomando su tono habitual, firme pero sereno—. Hoy no solo entrenaste tu poder. Aprendiste que nada puede tomarte sin tu consentimiento.

El entrenamiento termina, pero la sala sigue cargada de su presencia. Kael se ha retirado apenas unos pasos, su postura vuelve a ser la de siempre: controlada, distante… como si nada hubiera ocurrido.

Yo respiro hondo, tratando de calmar el pulso acelerado, pero no puedo. Siento la electricidad en mi piel, esa misma sensación que me provocaba Magnus, y me doy cuenta de que no era miedo ni dolor, era advertencia. Mis sombras, aun reunidas a mi alrededor, parecen inquietas, recordándome lo que acaba de pasar.

Me acerco al borde de la sala, donde la luz se filtra desde los ventanales altos, y apoyo las manos sobre el suelo frío. Mis pensamientos giran en círculos: Kael lo hizo a propósito, para que yo sintiera, para que comprendiera, pero también para acercarse… para probarme.

Cierro los ojos un instante y me veo de nuevo frente a él, la proximidad, la sensación de que si cedíamos un poco, todo podría cruzar la línea. Mi corazón late con fuerza, no solo por el entrenamiento, sino por algo que no quiero nombrar, algo que me confunde y me asusta a partes iguales.

—Elora —su voz rompe mis pensamientos, desde el centro de la sala—. Respira.

Abro los ojos. Su mirada me encuentra, firme, segura, pero hay un destello de algo distinto en ella. Algo que no siempre muestra: vulnerabilidad, cuidado, tensión contenida.

—Hoy lo hiciste bien —continúa—. Lo más importante es que comprendiste algo que no sabías: nadie puede tomarte sin tu consentimiento. Ni Magnus, ni nadie. Ni siquiera yo, sin tu permiso.



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En el texto hay: enemytolover, slowburn, romantasy

Editado: 08.04.2026

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