Un reino de luz y sombras

Capítulo 38

El amanecer aún no ha terminado de asentarse cuando ya estoy en la sala de entrenamiento.

El aire es frío, inmóvil, como si el lugar aún no hubiera despertado del todo.

Me coloco en el centro sin detenerme a pensar, sin preparar el cuerpo, sin concederme el tiempo que sé que debería tomarme.

Simplemente actúo.

Las sombras responden antes incluso de que las llame. Se deslizan desde el suelo, desde las paredes, desde cada rincón donde la luz no termina de imponerse, como si hubieran estado esperando este momento.

No dudan.

Atacan.

Las lanzo contra el vacío una y otra vez, encadenando movimientos sin pausa, como si hubiera un enemigo frente a mí, como si pudiera golpear algo más que el aire.

Pero no lo hay.

Y aun así, sigo.

Porque no es suficiente.

No lo es contra Magnus.
No lo es para salvar a Helena.

El pensamiento se repite, constante, clavándose con cada movimiento, marcando el ritmo de mi respiración, de mis pasos, de cada impulso de poder.

Entonces recuerdo los libros.

Las sombras no son solo armas.

También son percepción. Influencia. Silencio.

Puedo sentir el entorno a través de ellas, notar la tensión en el aire, los huecos, los vacíos, aquello que no se ve pero está.

Y si eso es cierto… entonces no basta con ser fuerte.

Tengo que ser más.

Las sombras se tensan a mi alrededor, se afilan, toman forma sólida en el aire antes de salir disparadas. Cuchillas oscuras que cortan el espacio con un silbido limpio.

Me muevo con ellas, acompasando cada ataque, cada giro, cada impulso.

O quizá son ellas las que se mueven conmigo.

Ya no lo sé.

El tiempo empieza a desdibujarse.

Solo existe el siguiente movimiento.

El siguiente ataque.

El siguiente—

—Elora.

La voz corta el ritmo.

No es fuerte. No es brusca. Pero es suficiente.

Las sombras vacilan un instante, apenas un fallo en la continuidad… y luego se disipan, deslizándose de nuevo hacia el suelo.

Mi respiración es irregular.

No me giro.

—Es pronto —dice Kael.

Su voz es la de siempre, calmada, controlada, pero hay algo debajo. Algo más atento. Más presente.

—No podía dormir —respondo.

Es verdad.

No toda.

El silencio se instala entre nosotros mientras siento cómo se acerca, paso a paso, sin prisa, como si midiera cada uno de mis movimientos incluso ahora.

—Llevas aquí desde antes del amanecer.

No es una pregunta.

Aprieto ligeramente los dedos.

—No es un problema.

—Depende.

Está cerca.

Lo noto en el aire, en la forma en la que mi cuerpo reacciona antes incluso de que lo mire.

—¿De qué?

Una pausa.

—De por qué lo haces.

El golpe es directo.

Sin rodeos.

Trago saliva, apenas.

—Entreno.

La respuesta es simple. Vacía.

Insuficiente.

Y los dos lo sabemos.

Me giro finalmente.

Nuestros ojos se encuentran, y esta vez no está evaluando mi postura ni mis sombras.

Me está mirando a mí.

—Otra vez —añado antes de que diga nada—. Quiero repetir la secuencia.

No le doy tiempo a responder.

Las sombras vuelven a alzarse, más rápidas, más tensas, más exigentes, respondiendo a una urgencia que no debería estar ahí.

—¡Elora!

Esta vez hay algo más en su voz. Más firme.

Mis sombras titilan.

Un segundo.

Pero él lo ve.

—No pasa nada —insisto, demasiado rápido.

—Entonces mírame.

El mundo se detiene.

No por el poder.

Por eso.

Las sombras se disuelven de golpe, no porque quiera, sino porque pierdo el control durante un instante. Solo uno. Pero suficiente.

Alzo la mirada.

Está más cerca de lo que esperaba.

—Estás forzando demasiado —dice.



#743 en Fantasía
#168 en Joven Adulto

En el texto hay: enemytolover, slowburn, romantasy

Editado: 08.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.