Un reino de luz y sombras

Capítulo 31

Mi segunda parada es mi lugar seguro, allá donde puedo permitirme pensar.

Encuentro el jardín en silencio. No parece haber nadie. Me siento en uno de los bancos de piedra y cierro los ojos, intentando entender todo lo que está pasando a mi alrededor… lo que me está pasando a mí.

Solo encuentro más incertidumbre.

Entonces me concentro en las sombras. En aquellas que diviso al fondo del jardín, bordeando el tronco del árbol más antiguo. Intento llamarlas. Que acudan a mí.

Al principio no ocurre nada.

Luego, lentamente, de forma sutil, parecen estremecerse. Como si dudaran.

Y después… avanzan.

Se deslizan hacia mí con timidez, obedeciendo a algo que no alcanzo a nombrar.

Sonrío. Cierro los ojos. Y cuando los abro, las sombras han vuelto a su lugar, como si nada hubiera ocurrido.

Una pequeña victoria.

Una que he ganado yo sola.

Aún sin saber muy bien cómo.

Me levanto, dispuesta a volver a mi habitación, cuando algo llama mi atención.

Debajo del banco.

Una pequeña flor azul, tenue, nocturna, palpita suavemente bajo la piedra.

Me agacho un poco más.

La reconozco al instante.

Un nombre que no he escuchado en mi vida aparece en mi mente sin saber cómo. Encaja con esa flor.

Lumina noctis.

La vi una vez. En el jardín del palacio. Bajo la luna.

Recuerdo haberme detenido también entonces. Haber sentido que había algo distinto en ella, algo que no encajaba con el resto del jardín.

Pero nadie habló de esa flor.

Nadie pareció verla.

Y ahora está aquí.

En un lugar donde no debería crecer.

Frunzo el ceño. Quizá siempre estuvo y yo no la noté. Quizá es solo una coincidencia.

Pero no se siente como una.

Extiendo los dedos y rozo uno de los pétalos. Es firme, casi frío, como si guardara la noche en su interior.

Mis sombras no reaccionan con temor ni con hambre. Se aquietan.

Eso me inquieta más que cualquier sobresalto.

Arranco la mano con suavidad, como si temiera que pudiera desaparecer si insisto demasiado.

—No eres nada —murmuro—. Solo una flor.

Pero incluso al decirlo sé que no es del todo cierto.

La dejo donde está.

No la arranco.

No la llevo conmigo.

Y aun así, mientras me alejo, siento que algo ha cambiado.

No en el jardín.

En mí.



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En el texto hay: enemytolover, slowburn, romantasy

Editado: 08.04.2026

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