Un reino de luz y sombras

Capítulo 41

Paseo por el jardín.

Despacio. Sin rumbo.

Como los primeros días.

Cuando no sabía si me estaba permitido estar aquí. Si podía cruzar ciertos pasillos, salir al jardín, entrar en la biblioteca sin que alguien me detuviera.

Sonrío apenas.

Ahora… ya no lo pienso.

Sin darme cuenta, este lugar se ha convertido en mi hogar.

Lo siento en cosas pequeñas.

En el silencio de la biblioteca cuando leo durante horas.
En el sonido de los pasos por los pasillos.
En la comida sencilla que, aun así, siempre me reconforta.

En la gente.

En Iseva.

En sus consejos.
En su forma de mirarme, como si siempre supiera qué decir… incluso cuando no dice nada.

Trago saliva.

Porque ahora—

todo eso podría romperse.

Tengo miedo.

Miedo de haberlo destruido.

De haberlos puesto a todos en peligro.

De que me miren y vean lo que yo empiezo a ver.

Una amenaza.
Una carga.
Una traidora.

Justo como pensaban al principio.

Los pensamientos vuelven una y otra vez, en un bucle del que no consigo salir.

Me dejo caer en el banco de siempre.

El mismo.

Como si sentarme aquí pudiera devolverme algo de lo que era antes.

No funciona.

El silencio me rodea.

Pero no es paz.

Es espera.

Al cabo de un rato, una figura aparece en mi campo de visión.

No necesito mirar dos veces.

Iseva.

Camina hacia mí con esa calma suya, como si nada pudiera alterarla del todo. Como si incluso en medio del caos… encontrara la forma de sostener el mundo.

La admiro.

Más de lo que soy capaz de decir.

Para mí… es lo más parecido a una madre que he tenido.

Y eso—

eso es lo que más miedo me da.

Que pueda odiarme.

Que, por primera vez, su mirada cambie.

—Hola, Iseva —digo cuando se acerca.

Mi voz es más cauta de lo que pretendía.

Más frágil.

Ella se detiene frente a mí.

Y entonces sonríe.

No una sonrisa forzada.
No una que intente ocultar lo que está pasando.

Una sonrisa dulce.

Real.

—Elora, querida…

Esa mirada—

me rompe más que cualquier otra cosa.

Más que un grito.
Más que un reproche.

Porque incluso ahora… incluso después de todo—

es capaz de mirarme así.

Y eso me desarma por completo.

Iseva no dice nada más al principio.

Simplemente se sienta a mi lado.

Con naturalidad.

Como si este fuera un día cualquiera.

Como si el mundo no estuviera a punto de romperse.

Ese gesto… duele.

Porque no me aparta.
Porque no duda.

Porque se queda.

Miro mis manos.

No sé por dónde empezar.

No sé cómo decirlo sin que suene peor de lo que ya es.

—Yo… —mi voz se queda atrapada—. Iseva, yo no quería…

Trago saliva.

—No sabía que podía pasar eso.

El silencio se extiende entre nosotras.

No incómodo.

Pero sí… inevitable.

—Pensé que solo… —cierro los ojos un segundo—. Que solo podría sentirla. Saber si estaba bien.

No digo su nombre.

No hace falta.

Iseva lo entiende.

Siempre lo entiende.

—Y ahora— —continúo, más bajo—. Ahora Magnus sabe dónde estamos.

Las palabras caen pesadas.

Definitivas.

Espero el reproche.

La decepción.

Algo.

Lo que sea.

Pero no llega.

En su lugar, siento su mano cubrir la mía.

Cálida.

Firme.

Presente.



#743 en Fantasía
#168 en Joven Adulto

En el texto hay: enemytolover, slowburn, romantasy

Editado: 08.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.