Cuando Kael me lo propuso no pude negarme.
Para mí, hasta ahora, el letargo es algo teórico.
Una palabra. Una advertencia.
No sus consecuencias reales.
No su peso.
Avanzamos en el mismo carruaje que me trajo hasta aquí.
Esta vez el viaje no es incómodo.
Es peor.
Es consciente.
Ayla, Kael y yo viajamos solos hacia los lindes del letargo.
Hacia lo que queda de los territorios que ha ido reclamando, metro a metro.
Sin pausa.
Sin respuesta.
El silencio lo llena todo.
Nadie habla.
Ni Ayla.
Ni Kael.
Como si ponerlo en palabras lo hiciera más real.
Más definitivo.
El terreno cambia poco a poco.
No de golpe.
No de forma evidente.
Pero lo noto.
Primero en el aire.
Se vuelve más denso… y, al mismo tiempo, más vacío.
Como si respirar dejara de ser suficiente.
Luego en los sonidos.
El mundo se amortigua.
Los pasos no resuenan igual.
El viento ya no suena como viento.
Es como si algo… lo absorbiera.
Frunzo el ceño.
—¿Lo notas? —murmuro, sin mirar a Kael.
Él tarda un segundo en responder.
—Sí.
Solo eso.
Pero en su voz hay tensión.
Seguimos avanzando.
Mis sombras reaccionan antes que yo.
No se alzan.
No atacan.
No se tensan.
Vacilan.
Eso es lo que me inquieta.
Vacilan.
Como si no supieran cómo existir aquí.
Aprieto ligeramente los dedos.
Intento llamarlas. Moldearlas.
Responden.
Pero no igual.
Más lento.
Más débil.
Como si algo las estuviera… drenando.
Un escalofrío me recorre la espalda.
—No me gusta esto —murmura Ayla.
Nadie responde.
No hace falta.
Unos pasos más y el paisaje se rompe.
No hay frontera.
No hay línea.
Solo… deja de haber algo.
Los árboles siguen en pie.
El suelo sigue bajo nuestros pies.
El cielo sigue ahí.
Y aun así—
todo está mal.
Me detengo.
—Elora —la voz de Kael, baja, a mi lado—. No te quedes atrás.
Asiento.
Pero no avanzo.
Porque lo siento.
No fuera.
Dentro.
Un hueco.
No es dolor.
No es presión.
Es… ausencia.
Como si algo que debería estar ahí… simplemente no estuviera.
Trago saliva.
—Kael…
Lo miro.
—Esto no es solo falta de sombras.
Él observa el entorno, midiendo, analizando.
—Es una zona drenada —dice finalmente—. Magnus ha estado aquí.
Tiene sentido.
Demasiado sentido.
Pero no es suficiente.
Niego despacio.
—No… —mi voz apenas sale—. Es más que eso.
Doy un paso.
Y entonces lo entiendo.
Las sombras no desaparecen.
Pero tampoco están completas.
Es como si las hubieran vaciado.
Como si alguien hubiera arrancado algo esencial…
y solo quedara el contorno.
Mi respiración se vuelve irregular.
—Elora.
Kael se acerca.
Advertencia en su voz.
Y preocupación.
—No te acerques más.
Debería detenerme.
Lo sé.
Pero necesito entender.
Doy otro paso.
El aire… deja de reaccionar.
Todo se vuelve plano.
Sin profundidad.
Sin peso.
Mis sombras titilan.
No responden.
No protegen.
No atacan.
No pueden.
Y eso—