Magnus no se detiene.
Cada paso suyo hace que el aire se vuelva más denso.
Más difícil de respirar.
Kael se mueve a mi lado.
Instintivo. Protector.
Su mano se alza apenas y la luz responde, desplegándose a nuestro alrededor como un escudo vivo.
Pero Magnus ni siquiera lo mira.
Sus ojos están en mí.
Siempre en mí.
—Así que… por fin —dice, con una calma que no encaja con el caos que ha dejado atrás.
Trago saliva.
Mis sombras se agitan, inquietas, retrocediendo cada vez que su luz avanza.
—No te acerques —dice Kael.
Su voz es firme. Cortante.
Da un paso al frente, colocándose completamente delante de mí. Su luz se intensifica, envolviéndonos, empujando hacia atrás la presión que Magnus arrastra consigo.
Magnus sonríe apenas.
—Es una pena que hayas decidido no seguir cumpliendo órdenes.
Le lanza una breve mirada a Kael. Desinteresada. Fría.
Como si no fuera más que una interrupción momentánea.
Y entonces—
me mira de verdad.
Como si todo lo demás dejara de existir.
—La última sombra…
La forma en la que lo dice hace que mi estómago se hunda.
—Contigo —continúa— el equilibrio por fin será posible.
No me muevo. No puedo.
—Y pensar —añade— que incluso los que te criaron intentaron evitarlo.
El golpe es invisible, pero me atraviesa igual.
—Tus padres… creyeron que podían esconderte.
Mis sombras tiemblan.
—Pero el equilibrio siempre encuentra su camino.
Kael se tensa a mi lado.
—No le escuches.
Pero ya es tarde.
Magnus levanta apenas una mano.
—El caos del mundo humano… fue solo una pausa. Nada más.
Mi respiración se rompe.
—Y ahora estás aquí.
Un paso más.
—Exactamente donde debes estar.
El aire pesa.
Demasiado.
Kael da un paso adelante.
—¡Elora, corre!
Pero Magnus levanta la mano antes de que Kael pueda terminar.
La luz estalla.
El jardín entero vibra.
Kael la bloquea.
Yo retrocedo un instante.
Iseva aparece a mi lado.
—¡Ahora!
Me tira del brazo.
Ayla ya está invocando su poder, levantando barreras de energía contra la presión de Magnus.
Pero yo miro.
No puedo evitarlo.
Kael está frente a él.
Solo.
La luz contra algo que no parece luz ni sombra.
Magnus no se mueve.
Ni un centímetro.
Y eso es lo peor.
Porque no necesita hacerlo.
—¡Elora! —grita Iseva— ¡No mires!
Pero ya lo he visto.
Ya entiendo lo que esto es.
No es una pelea.
Es una decisión esperando ejecutarse.
Y Magnus… ni siquiera ha perdido la calma.
—Elora.
Su voz atraviesa todo.
Me detengo.
Iseva también.
Kael también lo siente.
El jardín entero parece congelarse.
Magnus me mira.
—Si no vienes por voluntad… vendrás por el mundo.
El silencio que sigue es insoportable.
—Y el mundo no sobrevivirá a tu indecisión.
Mi garganta se cierra.
Porque lo dice sin rabia.
Sin odio.
Como una verdad inevitable.
Kael da un paso hacia mí.
—No le escuches.
Pero su voz ya no suena solo como advertencia.
Suena como miedo.
Miedo real.
Y eso lo cambia todo.
Miro el refugio.
Las personas.
El caos.
Y entonces lo sé.
Si sigo así… todos mueren.
No hay versión correcta.
No hay salida limpia.