Un reino de luz y sombras

Epílogo

El mundo ya no arde.

Pero tampoco ha vuelto a su sitio.

El refugio sigue en pie… a medias.
Como si el impacto de Magnus hubiera dejado grietas en la realidad que aún no terminan de cerrarse.

El silencio es distinto ahora.
No es paz.
Es agotamiento.

Helena está donde cayó.
Nadie la ha movido.

No por respeto.
Sino porque nadie sabe qué es exactamente lo que sigue existiendo en ella.

Me acerco despacio.

Kael camina detrás de mí, sin tocarme.
Como si incluso el aire entre nosotros fuera frágil.

Helena abre los ojos.

Y durante un segundo… todo parece volver.

—Elora… —dice.

Su voz me atraviesa.
Familiar.
Perfecta.
Demasiado.

Doy un paso más.

—Estoy aquí —respondo.

Helena intenta incorporarse.
Sus movimientos son lentos, pero correctos.
Como si su cuerpo recordara cómo ser humana… sin estar del todo dentro de él.

Parpadea.

Nos mira a todos.

—Yo… —susurra.

Pausa.

Su mirada se queda en mí.

Pero no se detiene.

No me reconoce como antes.
No del todo.

—No sé dónde estoy.

El frío me recorre la espalda.

Kael se tensa detrás de mí.

—Helena… ¿qué recuerdas?

Silencio.

Sus dedos se cierran contra la tierra, como si algo dentro de ella estuviera buscando un orden que ya no existe.

—Nada —responde al fin.

Una palabra.
Total.
Definitiva.

—No recuerdo nada.

El aire se vuelve más pesado.

Kael da un paso.
Atento.
Tenso.

—Eso no es normal —dice en voz baja.

Helena gira la cabeza hacia él.
Lo observa.

No hay miedo.
No hay curiosidad.

Solo vacío.

—¿Quién eres? —pregunta.

El golpe es seco.
No cruel.
Solo inexistente.

Kael no responde.

Yo tampoco.

Porque ya lo entendemos.

Helena no ha vuelto.
No como era.

Helena baja la mirada a sus manos.
Las observa como si no fueran suyas.

—Siento… —dice lentamente— como si hubiera algo dentro de mí… que no encaja.

El silencio se rompe por un paso.

—Helena.

Ayla.

Su voz atraviesa el aire sin romperlo del todo.

Helena levanta la mirada hacia ella.

Y algo cambia.

Muy poco.
Pero suficiente.

Ayla se acerca despacio.
Sin prisa.
Sin miedo.

Se arrodilla a su lado.

—Estás viva —dice.

Helena la observa como si esa frase fuera demasiado grande para entenderla.

—Creo… —susurra— que sí.

Ayla no sonríe del todo.
Pero su mirada se suaviza.

Helena no aparta los ojos de ella.

Y eso… no ocurre con nadie más.

Ni conmigo.
Ni con Kael.

El silencio que sigue es distinto.
Más ligero.
Pero también más incierto.

Helena vuelve a hablar.

—No sé quién soy… —dice.

Ayla no responde.
Solo se queda.

Sin promesas.
Sin explicación.
Solo presente.

Kael lo nota.
Yo también.

No es salvación.
No es redención.

Es algo más inestable.
Más humano.

Helena se incorpora un poco más.

Y su mirada se pierde detrás de nosotros.

En el mundo.
En algo que no vemos.

—Siento… —susurra— como si algo me estuviera esperando.

El aire cambia.

Muy sutil.

Casi inexistente.

Pero suficiente.

Para que algo dentro de mí lo note.

Kael también lo siente.
Lo sé sin mirarlo.

Helena parpadea.

Y por un instante su expresión se vacía del todo.

Sin emoción.
Sin duda.
Sin humanidad.

Solo… ausencia.



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En el texto hay: enemytolover, slowburn, romantasy

Editado: 15.04.2026

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