Un Romance De Verano

Capítulo 4

El problema de las fogatas a medianoche era que te dejaban demasiado tiempo para pensar.

Y yo odiaba pensar.

Especialmente cuando todos mis pensamientos terminaban en la misma persona.

Di vueltas en la cama por lo que pareció una eternidad, observando el techo de la cabaña mientras escuchaba los ronquidos suaves de algunas chicas y el crujir ocasional de la madera bajo el viento nocturno.

"Este verano va a ser diferente."

Las palabras de Alan seguían repitiéndose en mi cabeza como una canción pegajosa.

Solté un quejido ahogado y enterré el rostro en la almohada.

—Necesitas ayuda —murmuré para mí misma.

—Estoy totalmente de acuerdo.

Di un salto del susto y giré de inmediato hacia la cama de Jess, encontrándola despierta, observándome con una sonrisa enorme.

—¿¡Qué haces despierta!?

—Oh, no lo sé... tal vez intentar descubrir por qué cierta chica regresó sonriendo como idiota después de escaparse en mitad de la noche.

Sentí cómo mis mejillas ardían.

—No estaba sonriendo.

Jess soltó una carcajada.

—Summer, parecías protagonista de película romántica.

—Cállate.

—Entonces sí pasó algo.

—No pasó nada.

—Ajá.

Tomó su almohada y la abrazó dramáticamente.

—Cuéntamelo todo. ¿Se besaron? ¿Te declaró su amor? ¿Van a escaparse juntos al atardecer?

—Jess...

—¿Te tomó la mano al menos?

Desvié la mirada demasiado rápido.

Y eso fue suficiente para ella.

—¡OH POR DIOS!

—¡Shhh! ¡Vas a despertar a todas!

Jess se cubrió la boca con ambas manos, pero sus ojos brillaban de emoción.

—Summer tiene sentimientos.

—No tengo sentimientos.

—Claro. Y yo soy monja.

Le lancé una almohada directamente al rostro.

A la mañana siguiente, Jess no dejó de sonreír ni un solo segundo.

Y honestamente, comenzaba a preocuparme.

—¿Podrías dejar de verme así? —gruñí mientras caminábamos hacia el comedor.

—No puedo evitarlo. Es que todavía no supero que Summer Bennett tenga un enamorado de campamento.

—No es mi enamorado.

—Ajá.

Entramos al comedor entre el ruido habitual de platos, conversaciones y gente medio dormida buscando café como si les fuera la vida en ello.

Tomamos una bandeja y nos formamos en la fila.

Y entonces lo vi.

Alan estaba unos lugares más adelante con sus amigos, riéndose de algo. Apenas levantó la mirada y nuestros ojos se encontraron por un segundo.

Mi estómago dio un pequeño salto ridículamente vergonzoso.

Idiota.

Desvié la mirada de inmediato, intentando actuar normal mientras tomaba un vaso de jugo.

Cuando volví a mirar...

Jess ya estaba hablando con ellos.

Fruncí el ceño.

No sabía exactamente cómo había pasado. Un segundo estaba a mi lado y al siguiente Alan le decía algo que la hizo reír.

Y no una risa normal.

No.

Era esa risa.

La risa bonita.

La que hacía que todos quisieran seguir hablando solo para escucharla otra vez.

Me quedé quieta unos segundos, sosteniendo la cuchara entre mis manos mientras ellos continuaban conversando como si se conocieran desde hacía años.

Alan levantó la vista un instante.

—Hey, Summer.

Sonreí apenas.

—Hey.

Pero antes de que pudiera acercarme más, uno de sus amigos dijo algo y Jess volvió a reírse.

Y fue extraño.

Porque, de repente, sentí que había llegado tarde a algo.

Como si mientras yo dormía, el mundo hubiera avanzado sin avisarme.

Al llegar a la mesa, intenté tomar asiento frente a Alan, pero uno de sus amigos se dejó caer en el lugar antes que yo.

Tuve que conformarme con sentarme frente a Max, quien me dedicó una sonrisa cálida apenas levanté la mirada.

Le devolví una pequeña sonrisa por cortesía y comencé a picar mi desayuno en silencio.

Intentaba convencerme de que Jess solo estaba siendo amable.

Que seguramente hablaba con Alan para ayudarme.

Sí.

Eso tenía sentido.

—¿Qué tal su noche? —preguntó Alan sin mirarme realmente.

Abrí la boca, lista para responder, pero Jess habló primero.

—Pudo haber sido mejor, la verdad —dijo antes de beber un poco de jugo—. Alguien no dejaba de moverse.

Se giró hacia mí y me guiñó un ojo.

—Aunque me alegra que no haya sido una de sus lecturas nocturnas.

Max soltó una pequeña risa.

Yo forcé una sonrisa.

Pero Alan parecía más interesado en la comodidad con la que Jess hablaba que en cualquier otra cosa.

Así que dejé de prestar atención.

Mi mente comenzó a divagar mientras movía los huevos revueltos de un lado a otro del plato, hasta que un par de risas me hicieron volver a la realidad.

Todos me estaban mirando.

—¿Decían? —pregunté, confundida.

—Hablábamos de tu rito de iniciación —respondió Max divertido—. Difícil de olvidar.

Solté una risa seca.

—Sí... supongo.

El ambiente seguía moviéndose a mi alrededor, pero yo me sentía extrañamente fuera de lugar. Como si estuviera viendo todo desde lejos.

Tomé aire.

—Yo... creo que me voy a ir. No me siento muy bien.

Jess frunció ligeramente el ceño.

—¿Todo bien?

Asentí rápido.

—Sí. Solo necesito descansar un poco.

O desaparecer unas horas.

Porque honestamente sentía que mi batería social acababa de morir frente a todos.

Llegué a la cabaña y dejé caer mi cuerpo sobre la cama.

Odiaba pensar.

Porque una vez que mi cabeza comenzaba a trabajar, ya no había forma de detenerla.

Los pensamientos llegaban demasiado rápido, atropellándose entre sí, creando mil escenarios distintos que terminaban consumiéndome.

Tenía que tranquilizarme.

Poner los pies en la tierra.

Analizar las cosas.

Primero: lo de anoche había sido lindo. Muy lindo.

Pero eso no significaba que Alan se me hubiera declarado ni nada parecido.



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En el texto hay: amor, amor imposible

Editado: 20.05.2026

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