Un Romance De Verano

Capítulo 5

En efecto, Jess se había torcido el tobillo.

Nada grave, según los encargados del campamento, pero suficiente para convertirla en el centro de atención durante el resto del día.

Especialmente de Alan.

No había dejado de hacer absolutamente todo lo que ella le pedía.

Que agua.

Que hielo.

Que otra almohada.

Que mover el ventilador.

Y, honestamente, comenzaba a preguntarme si también pensaba cargarla hasta el comedor.

La noticia se extendió por todo el campamento más rápido que un chisme de secundaria, así que cuando regresé de ducharme, la cabaña prácticamente se había convertido en un desfile constante de gente entrando y saliendo para ver cómo seguía Jess.

Después del décimo “¿cómo te sientes?”, comencé a sofocarme.

Así que tomé uno de mis libros y salí de ahí antes de perder la poca cordura que me quedaba.

El aire fresco de la tarde golpeó mi rostro apenas me senté en una de las mesas de descanso cerca del lago.

Normalmente, ese lugar lograba tranquilizarme.

Pero esa noche mi cabeza seguía siendo un desastre.

Porque, por más que intentaba convencerme de que no me importaba…

Sí me importaba.

Y mucho.

Abrí el libro sin realmente leer una sola palabra.

—¿Siempre frunces el ceño cuando lees o hoy es una ocasión especial?

Levanté la vista sorprendida.

Era el chico del otro equipo con el que había hablado después de los relevos.

Llevaba el cabello todavía húmedo y una sonrisa divertida en el rostro.

—Depende del libro —respondí cerrándolo un poco.

—Entonces definitivamente no era el libro.

Solté una pequeña risa.

—¿Qué haces aquí?

—Intentaba sentarme tranquilamente, pero parece que te robé el lugar primero.

—Creo que sobreviviré.

—Qué alivio.

Tomó asiento frente a mí como si nos conociéramos desde hace tiempo.

Y por primera vez en todo el día…

La conversación no se sentía complicada.

No tenía que competir por atención.

No tenía que pensar demasiado.

Solo reír.

Y quizá por eso no noté la figura acercándose desde el sendero hasta que una sombra cayó sobre la mesa.

Alan.

Su mirada pasó del chico frente a mí al libro entre mis manos.

Y después volvió a mí.

—Te estuvimos buscando.

Pero por la forma en que apretaba la mandíbula…

Parecía más molesto que preocupado.

Ignorando claramente su molestia, le dediqué una pequeña sonrisa.

—¿Así? ¿Y para qué me buscaban?

La mandíbula de Alan se tensó todavía más.

Antes de que pudiera responder, una voz gritó a lo lejos:

—¡Los encontré!

Giramos al mismo tiempo.

Max venía prácticamente corriendo hacia nosotros con una sonrisa enorme, cargando un par de refrescos y una bolsa llena de panecillos que seguramente había robado del comedor.

—¡Summer! —levantó uno de los refrescos como si hubiera ganado la lotería—. ¿Qué haces aquí escondida? Vamos a celebrar.

—¿Celebrar qué? —pregunté divertida.

—¿Cómo que qué? —se llevó una mano al pecho dramáticamente—. Acabamos de humillar al resto del campamento.

—Quedamos en segundo lugar en clavados.

—Detalles irrelevantes.

El chico frente a mí soltó una risa.

Max finalmente pareció notar la tensión extraña alrededor de la mesa y entrecerró ligeramente los ojos.

—Oh.

Su mirada pasó de Alan a mí.

Y luego al otro chico.

—Ohhh.

—Ni se te ocurra —murmuré de inmediato.

—No dije nada.

—Pero lo pensaste.

—Y muy fuerte.

No pude evitar reírme.

Y honestamente, creo que eso solo empeoró el humor de Alan.

Porque cuando levanté la mirada hacia él, seguía observándome.

Serio.

Callado.

Como si intentara entender algo que no le estaba gustando en absoluto.

—Y muy fuerte.

No pude evitar reírme.

Y honestamente, creo que eso solo empeoró el humor de Alan.

Porque cuando levanté la mirada hacia él, seguía observándome.

Serio.

Callado.

Como si intentara entender algo que no le estaba gustando en absoluto.

Decidí ignorarlo.

Giré hacia el chico frente a mí.

—Creo que nunca te pregunté tu nombre.

El rubio sonrió ligeramente.

De cerca, sus pecas se notaban todavía más bajo la luz anaranjada del atardecer.

—Asher… aunque todos me dicen Ash.

—Summer.

—Ya lo sé —dijo divertido—. La chica competitiva del lago.

—Y traumada por los globos de agua.

—Eso también.

Max soltó una carcajada mientras abría uno de los refrescos robados.

—Perfecto, ahora ya son amigos oficialmente.

Ash levantó una ceja divertido.

—Eso fue rápido.

—Max adopta personas como pasatiempo —comenté.

—Y no me arrepiento.

Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.

El silencio duró apenas unos segundos antes de que Alan hablara por primera vez desde que había llegado.

—La celebración será afuera de las cabañas —dijo seco—. Jess no puede caminar mucho con el tobillo.

Asentí lentamente.

Claro.

Todo volvía a girar alrededor de Jess.

No debería sorprenderme.

Apreté un poco más el libro entre mis manos antes de volver la vista hacia Ash.

—Entonces deberías ir —dije intentando sonar casual—. Ya sabes… para celebrar con nosotros.

Por un instante, Ash pareció sorprendido por la invitación.

Después sonrió.

Y honestamente, tenía una sonrisa bonita.

—¿Eso fue una invitación oficial, Summer?

Sentí la mirada de Alan clavarse inmediatamente en mí.

Pero esta vez no retrocedí.

—Sí —respondí encogiéndome de hombros—. Después de todo, tú también casi nos ganas.

Ash soltó una pequeña risa.

—Entonces supongo que aceptaré.

Max levantó ambos brazos emocionado.

—¡Perfecto! Ahora sí esto parece fiesta ilegal de campamento.

No pude evitar reírme.



#28909 en Novela romántica
#4870 en Chick lit

En el texto hay: amor, amor imposible

Editado: 22.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.