Un Romance De Verano

Capítulo 6

El viento golpeaba contra nuestras caras mientras corríamos entre los árboles.

Las ramas crujían bajo nuestros pies y, a lo lejos, todavía podían escucharse los gritos de los consejeros intentando poner orden en el campamento.

La adrenalina seguía recorriendo cada parte de mi cuerpo.

No recordaba la última vez que me había sentido tan viva.

Ash corría a mi lado sin soltar mi mano, riéndose cada vez que alguno de los dos tropezaba con una raíz.

—Creo que nos acabamos de convertir en los campistas más buscados de la noche —dijo entre risas.

—La culpa es de tu amigo boxeador.

—Créeme, tampoco lo vi venir.

Seguí riendo.

Hasta que, a lo lejos, un destello de luz atravesó los árboles.

Una linterna.

—Espera... —susurró Ash.

Por instinto, me jaló suavemente hacia él y ambos nos escondimos detrás del grueso tronco de un pino.

Contuve la respiración.

La luz pasó lentamente frente a nosotros.

Podíamos escuchar las voces de dos consejeros buscando a los que habían escapado de la fiesta.

—Seguro se fueron hacia el lago.

—Revisa las cabañas primero.

Esperamos unos segundos más.

Ninguno de los dos dijo una palabra.

Y entonces, cuando las voces comenzaron a alejarse...

Los dos soltamos el aire al mismo tiempo.

Nos miramos.

Y, sin poder evitarlo, volvimos a reír.

Era una risa silenciosa.

De esas que nacen por los nervios y la emoción al mismo tiempo.

Hacía semanas que no me divertía tanto.

Bueno...

La primera vez había sido cuando lancé al insoportable de Alan al agua.

Pero esta...

Esta definitivamente acababa de convertirse en mi favorita.

Nuestras miradas volvieron a encontrarse.

Por una milésima de segundo, el resto del mundo dejó de existir.

Solo estábamos él y yo.

Sentí cómo el mismo mechón rebelde de siempre volvía a caer sobre mi rostro, cubriéndome parte de los ojos.

Resoplé con fastidio.

—Ese cabello tuyo parece tener vida propia —murmuró Ash con una pequeña sonrisa.

No respondí.

Simplemente lo observé.

Con una delicadeza que me tomó completamente por sorpresa, levantó lentamente una mano.

Por un instante dudó.

Como si estuviera preguntándose si debía hacerlo.

Después, con la yema de sus dedos, rozó apenas mi mejilla.

Un contacto tan ligero que casi parecía imaginario.

Mi respiración se detuvo.

Apartó con cuidado el mechón de cabello detrás de mi oreja.

Sus dedos permanecieron apenas un segundo más sobre mi piel antes de alejarse lentamente.

Pero el calor que dejaron ahí...

Ese no desapareció.

Sentía la mejilla arder de una forma extrañamente agradable.

Ash bajó la mano y volvió a sonreírme.

Una sonrisa tranquila.

Sin prisas.

Como si ese pequeño gesto hubiera significado más para él de lo que estaba dispuesto a decir.

—Ash...

Mi voz salió apenas en un susurro.

Él levantó la vista de inmediato.

—¿Sí?

Bajé la mirada hacia nuestras manos, que seguían unidas desde que habíamos comenzado a correr.

No sabía exactamente qué decir.

Ni siquiera sabía qué estaba sintiendo.

Nos encontrábamos tan cerca que podía distinguir el ligero brillo de sus ojos bajo la luz de la luna.

Y entonces la culpa apareció de golpe.

Acabábamos de conocernos.

Y, aunque había disfrutado cada segundo con él...

También era consciente de que, en parte, lo había utilizado para provocar a alguien más.

No era justo.

Para él.

—Yo... —comencé, buscando las palabras—. Siento que todo esto está pasando muy rápido.

Ash permaneció en silencio, esperando a que continuara.

—No quiero que pienses cosas que no son. La verdad es que... ni siquiera sé qué estoy haciendo.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

No era una sonrisa burlona.

Era tranquila.

Comprensiva.

—Hey... tranquila.

Su voz sonó tan serena que, por un momento, consiguió calmar el caos que llevaba dentro.

—No tenemos que correr.

Todavía nos quedan dos semanas de campamento.

Tenemos tiempo para conocernos.

Sentí cómo un peso abandonaba lentamente mi pecho.

Sonreí sin darme cuenta.

—Gracias.

Él se encogió de hombros.

—Prefiero que quieras estar conmigo porque realmente te nace... y no porque estés intentando olvidar a alguien más.

Sus palabras me hicieron guardar silencio.

Porque, aunque no había mencionado a Alan...

Los dos sabíamos de quién estaba hablando.

Antes de que pudiera responder, Ash desvió la mirada hacia el bosque.

Su expresión cambió por completo.

—Shh...

Volvió a tomar mi mano y entrelazó sus dedos con los míos.

—Ven.

—¿Qué pasa?

En lugar de responder, me hizo una pequeña señal para guardar silencio y comenzó a caminar entre los árboles.

Lo seguí sin soltar su mano.

Avanzamos unos metros hasta que los sonidos del campamento quedaron completamente atrás.

Frente a nosotros apareció la orilla del lago.

—¿Qué hacemos aquí? —pregunté en voz baja, mirándolo con curiosidad.

Él sonrió de lado.

—Tú solo espera.

Me llevó hasta un viejo tronco caído junto al agua y señaló hacia el frente.

Levanté la vista.

Y me quedé completamente sin palabras.

El lago era un espejo.

La luna llena se reflejaba sobre la superficie con tanta claridad que parecía estar flotando entre nosotros.

La brisa formaba pequeñas ondas que hacían danzar la luz plateada sobre el agua.

Todo el ruido de hacía unos minutos había desaparecido.

Solo quedaban el sonido de los grillos.

El viento moviendo las hojas.

Y el reflejo de la luna iluminando la noche.

—¿Ves por qué quería traerte? —preguntó Ash en un murmullo.

No pude responder enseguida.

Porque, por primera vez desde que había llegado al campamento...



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En el texto hay: amor, amor imposible

Editado: 11.07.2026

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