Un salto hacia ti

Capítulo 1

La academia de patinaje Dream Dancings era frecuentemente descrita como la mayor fábrica de sueños del condado Adams. Cientos de chicas y chicos abarrotaban sus pasillos año tras año en busca de la oportunidad de sus vidas. Por lo general, eran bastante talentosos; sin embargo, no todos podían ser admitidos.

Aquellos mismos corredores que presenciaban saltos de euforia también eran testigos de lágrimas y descargas de frustración.

Ese año en particular se respiraba una agitación especial en la academia. Se acercaban los Juegos de Invierno y el equipo local, tras haber ganado las competencias estatales, había sido seleccionado para representar a Wisconsin en aquel prestigioso evento.

Como era de esperar, el nivel de exigencia había aumentado al mismo ritmo que las expectativas. Los entrenamientos eran duros. Tanto el comité de patinaje de Adams como todos los involucrados en la preparación del equipo eran plenamente conscientes de lo que estaba en juego. No había lugar para la improvisación, y mucho menos para relajar el ritmo.

Aquella tarde, en la pista, las diez chicas del equipo lo daban todo en los ensayos, a escasos dos meses de las Olimpíadas.

Para Lucy Baxter la presión se sentía aún mayor. No solo era la capitana del equipo, sino también la campeona individual más joven de Wisconsin, con un récord casi impecable. Su desempeño en aquella competición podía abrirle no solo las puertas del profesionalismo, sino también las de cualquier universidad que deseara.

Había descubierto su vocación casi por casualidad. A los diez años, sus padres —un matrimonio de maestros de la primaria local— le regalaron por Navidad un par de patines. En las tranquilas calles de su vecindario, y sin apenas supervisión, tardó menos de dos semanas en llamar la atención. Muy pronto se convirtió en la mejor patinadora de su cuadra, y luego de todo el idílico y pintoresco pueblo de Big Flat. Pasar de las ruedas a las cuchillas no le resultó tan difícil como había imaginado. Así de inmenso era su talento.

Lucy marcaba el ritmo para las demás con todo el entusiasmo y la entrega de los que era capaz. Estaba profundamente ilusionada con aquella competición.

Vuelta tras vuelta, rizo tras rizo, las chicas seguían su compás con elegancia, y el rastro que dejaban en el hielo era prueba de su esfuerzo y tenacidad.

Pero para Nolan Bolt aquel esfuerzo, aunque encomiable, quizá no fuera suficiente. Ni la vida ni las Olimpíadas premiaban el simple esfuerzo: premiaban la excelencia. No se trataba de convencerlo a él como entrenador, sino a los jueces.

El sonido del silbato rasgó el aire.

—Mantén el paso, Leslie —ordenó desde la barda.

Los trazos y números en su diagrama se sucedían con rapidez mientras Nolan medía cada evolución con su cronómetro. No estaba mal… y ese era precisamente el problema. Aquel “no estaba mal” debía convertirse en un “ya no admite mejora”.

—Menos rigidez, Tessa. Esto es patinaje artístico, no dirección del tránsito.

Entonces Nolan marcó un tiempo fuera.

—Ven conmigo, Lucy —dijo.

Se volvió hacia el resto del equipo.

—Las demás, calentamientos.

Sin tener claro por qué, Lucy miró a su equipo. La mayor parte de las chicas le hacían gestos de ánimo. La mayor parte...

—¿Problemas en el paraíso? —murmuró Katty.

Leslie le dio un codazo discreto en las costillas.

********

Lucy siguió a Nolan hasta su oficina, que en realidad no era más que un pequeño cubículo al fondo de la pista.

Entraron. Nolan cerró la puerta con llave y la invitó a sentarse.

Oh, oh. Aquello parecía serio.

Lucy se fijó en la pared del fondo, llena de fotografías enmarcadas de equipos ganadores de la academia, y en la vitrina de trofeos al lado. Aquella institución representaba orgullo, y pertenecer a ella también.

Pero Lucy se sentía más que digna. Se había esforzado incluso más de lo que correspondía, sacrificando muchas facetas de su vida personal en el proceso. ¿Qué podía reclamarle Nolan?

—Te escucho —propuso.

Directo como siempre. Nada de “Eres una patinadora excelente, es un placer trabajar contigo, pero…”.

—Fuiste tú quien me citó.

Nolan revolvió su cabello dorado, un gesto habitual cuando algo le preocupaba.

—Lucy, siento que hay algo que no me están entregando.

Lucy apretó levemente los labios. Aquello era increíble.

—Olvidaste la parte de todo nuestro esfuerzo y de que fuimos el equipo ganador de las regionales.

Se arrepintió casi al instante de haberlo dicho. En el fondo entendía que, si estás ahorrando, de nada sirve contar una y otra vez lo que ya tienes. Pero la exasperaba la escasa valoración que Nolan parecía conceder a los méritos y al esfuerzo del equipo.

—De los mejores es de quienes más se espera —respondió Nolan.

Vaya. Aquello era lo más cercano a un elogio que le había escuchado pronunciar desde que llegó a entrenarlas cuatro meses atrás.

—Entonces, ¿cómo conseguiremos lo que nos falta para ganar? ¿Qué propones?

Lucy le sostuvo la mirada. Sus ojos eran ovalados y de un ligero tono café. En otras circunstancias, tal vez…

Se obligó a concentrarse.

Luego hizo balance de la situación. Era cierto que se habían esforzado y que ella ponía todo de su parte para salir adelante con aquello, pero ¿era suficiente? ¿No se suponía que ese era su gran sueño?

Odiaba admitirlo, pero quizá Nolan tuviera razón esta vez. Tal vez estaba siendo demasiado autocomplaciente y definitivamente no lograrían ganar con aquella actitud.

—Perfecto. Leslie se distrae, Sabrina no levanta lo suficiente las piernas y Doris toma demasiado impulso. Creo que esas son, por ahora, nuestras debilidades.

Nolan repasó su libreta.

—Te equivocas. Esas son apenas las que puedes identificar —expresó, mostrándole la hoja.




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