Un secreto que no le quiero revelar

Sinopsis

Soy una chica tranquila, estudiosa y algo bonita, o eso me han dicho. La verdad, yo siempre me he considerado, en ese aspecto, normal.

Un curioso día conocí al amor de mi vida, nos enamoramos profundamente y ahí empezamos a salir.

Él y yo teníamos nuestras pequeñas peleas por el hecho de que a mi no me gustaba decirle a nadie sobre mis problemas o si me pasaba algo, y a él le gustaba que le dijera si tenía algo o no; pero, en fin, eso solo pasaba de vez en cuando.

Todo con él era especial, era de ensueño, pero no todo en la vida podría ser e ir tan perfecto; siempre sucede algo malo cuando se es feliz.

Una noche se me había hecho tarde para ir a sacar unas imágenes al centro de internet para una práctica escolar; eran como las 8:17 p. m. de la noche.

Fui algo apurada porque el local cierra a las 8:00 p. m.; por suerte, cuando llegué aún estaba abierto, aunque a punto de cerrar.

Con mucho alivio saqué lo que necesitaba y me dirigí hacia la casa de mis padres, que es en donde vivía.

En el camino noté que unos tipos me estaban siguiendo y por eso empecé a caminar más rápido, pero al estar mirando hacia atrás no me percaté de que otros estaban delante de mí y me arrinconaron contra una pared que había cerca.

Les pedí que me dejaran ir; se notaba que estaban drogados y olían a alcohol.

Me taparon la boca y me llevaron a una casa abandonada. Intenté escapar, pero eran demasiados y yo solo una chica de 18 años; podría decirse que una preadolescente.

Empezaron a intentar quitarme lo que traía puesto; yo, como podía, luchaba, pero no era suficiente.

Al parecer había un chico nuevo entre ellos y lo único que pude escuchar con demasiada claridad fue al aparente líder decirle a uno de ellos que, si me violaba hasta dejarme inconsciente, formaría parte de ellos.

El chico, sin titubear, se dirigió hacia mí y empezó a quitarme toda la ropa delante de ellos. Me acostó boca arriba y se sentó en mi abdomen para evitar que me moviese tanto.

Agarró mis muñecas y, con un hilo de construcción que había ahí tirado, me las amarró, para luego amarrarme de una columna. Él empezó a bajarse los pantalones junto con su pantaloncillo. Yo gritaba por ayuda, pero uno de ellos me tapó la boca.

Lloraba porque alguien me salvara, pero nadie pasaba. Yo no quería mirar al maldito que se estaba masturbando antes de empezar a violarme, pero quien me tapó la boca y otro, al que llamó, me obligaron a verlo.

Luego de unos segundos, el maldito empezó a violarme y lo cumplió; lo que dijo el aparente líder lo cumplió. Él, muy maldito, me dejó inconsciente.

Cuando desperté eran como las 10 y algo p. m.; ya los malnacidos se habían ido. Yo solo podía llorar en silencio.

De algún modo pude soltarme de donde me amarraron, me vestí y me dirigí hasta la casa. Mis padres no estaban, así que nadie se iba a enterar de lo que me había pasado.

Además, ¿qué diferencia habría si se lo dijera a alguien? Solo le daría lástima y, para rematar, todo estaba oscuro, así que no pude verle la cara a ninguno de esos malnacidos.

Pero aun así continué con mi vida como si nada hubiera pasado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.