Cierro los ojos y recojo la prueba; al abrirlos y ver el resultado la dejo caer, me siento de golpe en la cama y empiezo a llorar.
—¿Por qué? ¿Por queee? ¿Por qué tuvo que ser así? ¿Por qué mi bebé será de un malnacido, de ese miserable? ¿Por qué?
Lloré unas dos o tres horas y luego me decidí a alejar y sacar a los que me importan de mi vida. No quiero que ellos se enteren y sufran por esto. Sabía que iban a sufrir también, pero menos.
Me siento en la cama y empiezo a hablarle a mi bebé:
☆⋆ ¡Hola!… Hola, amor de mi vida. Solo quiero decirte algo que debes siempre tener presente, ¿sí? Tú no tienes la culpa de nada, mi bebé, no la tienes. Te daré todo lo que pueda, no te faltará amor jamás. Te amo ❤
.........
Pasó una semana después de que me enteré y era hora de alejarlos de mi vida, y el primero sería el amor de mi vida, lo que más me dolería.
Ya habíamos pasado las Pruebas Nacionales, todo salió bien; solo faltaba la graduación.
No fuimos a clase esa semana, así que lo llamé y le pregunté si podría venir a mi casa. Me dijo que sí y, a la media hora, ya estaba aquí.
—Buenas.
—Hola.
—Entra.
—¿No se encuentran tus padres?
—No.
—Ok, y pues dime, ¿pasó algo?
—Quiero contarte algo.
—Claro, dime, preciosa.
—Sabes que te amo como no hay cosa y que eres muy importante en mi vida.
—Sí, pero ¿qué pasa? ¿Por qué me dices eso así de repente? ¿Todo está bien?
No podía. Me sentía terrible. No lo demostraba, trataba de aparentar, de parecer que no me importaba, pero temo que es mejor así.
—Nastasha, ¿qué pasa?
….. (silencio)
—¡NASTASHA!
Me dijo con su voz seria, que a la vez me aterrorizaba, y lo solté:
—Estoy embarazada.
—Jaja, en serio, deja el chiste. No bromees y dime qué te pasa.
Me quedé muy seria.
—No estoy relajando.
Lo miro a los ojos y creo que sí sintió que estaba hablando en serio.
Vuelvo y miro hacia adelante. No podía mirarlo a la cara.
—Es en serio.
Me fijo en su voz fría y distante; esa voz, ese tono de voz, me destrozó totalmente. Sabía que lo estaba hiriendo grandemente.
—Estuviste con otro.
Esa palabra me terminó de matar totalmente; ya no había nada más que me pudiera dañar tanto. Tenía que dejar que él sacara sus conclusiones.
Me quedé en silencio y eso le molestaba.
—¿Cuándo sucedió eso?
Hubo un breve silencio ahogador y asfixiante. Había un nudo en mi garganta, pero respondí:
—Hace un mes.
—Ja, ahora todo tiene sentido.
¿Ya no me amabas? ¿Por qué lo hiciste? Si dejaste de amarme, ¿por qué no me cortaste y preferiste actuar como una puta, como una maldita perra desesperada por sexo?
Te quedarás callada.
No sabes cuán decepcionado estoy y me arrepiento totalmente de haberte conocido. Eres una maldita perra.
Él me lo decía con rabia.
—Pero ¿sabes de lo que más me arrepiento? De haber confiado en ti.
Corrección: sí había algo que me pudiese doler más, y era eso. Él no confía en nadie fácilmente; ganar su confianza es como lanzarte a un estanque de tiburones hambrientos, es sumamente difícil que no te ataquen. Yo sabía lo importante que era eso.
—No sabes cuánto te odio. ¿Hasta aquí quedó esto?
—Sí, aquí no hay nada más de qué hablar.
Él se para del mueble a mi lado y se va. Solo puedo limitarme a ver sus ojos, los cuales estaban muy heridos.
Entre dientes susurro:
—Lo siento mucho.
Cerré las puertas que él había dejado abiertas y recé porque nada le pasara en el camino. Me fui a encerrarme a mi habitación, donde lloré por horas sin descanso.