Un segundo más

Epílogo: El eterno resplandor de un pasado sin retorno

Han pasado meses desde aquella noche en la clínica. Ana Lucía camina sola por el parque donde solía encontrarse con Gustavo, el mismo lugar donde alguna vez soñaron con un futuro juntos. El viento frío acaricia su rostro, y cada paso parece arrastrar el peso de los recuerdos.

¿Cómo llegamos aquí? piensa, mirando el cielo gris. Desde el accidente, nada volvió a ser igual. Gustavo salió de la clínica después de siete días, pero dejó atrás algo más que su salud: dejó su alegría, su esencia de vivir. Se convirtió en una sombra, atrapado en recuerdos y reproches. Ana Lucía aún escucha sus palabras como cuchillos:

—¿Por qué no nos detuviste, Ana? ¿Por qué no nos prohibiste ir?

Ella no responde. Nunca lo hizo. Porque no hay respuesta que sane lo irreparable.

Ana Lucía se sienta en un banco, saca de su bolso el reloj que le regaló a Gustavo en su aniversario. Lo sostiene entre sus manos, sintiendo cómo el tiempo se burla de ella. El tic-tac parece un recordatorio cruel: un segundo más, un segundo menos… y todo habría sido distinto.

Cierra los ojos y, por un instante, cree sentir aquel olor a flores que inundó la habitación el día que le dijeron la verdad a Gustavo. Ese aroma inexplicable que nadie pudo explicar, que parecía venir de otro mundo. ¿Fue una señal? ¿Un adiós?

Ana Lucía sabe que la historia no terminó. Porque el amor que alguna vez la hizo feliz ahora se ha convertido en una herida abierta.

Se levanta, con el corazón pesado, y camina hacia la salida del parque. El reloj sigue en su mano, marcando las horas de una historia que aún no ha terminado. Mientras se aleja, se coloca los audífonos y reproduce la misma canción una y otra vez: “Drivers License” de Olivia Rodrigo. Las notas melancólicas la envuelven, y cada palabra de la canción parece escrita para ella. Sus labios murmuran la letra entre sollozos, mientras el mundo a su alrededor se desdibuja escuchando la frase de la canción: Dijiste que era para siempre y ahora yo conduzco sola por tu calle.

Todo cambió… y yo sigo aquí, caminando sola, con el corazón hecho pedazos. Se levanta, con el corazón pesado, y camina hacia la salida del parque. El reloj sigue en su mano, marcando las horas de una historia que aún no ha terminado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.