Un Solo Momento//james S. Potter

5. Malas noticias

Iba de camino al salón, de vez en cuando uno que otro cuadro parlante me llamaba la atención por andar tan distraída en los pasillos, no era tan grave como sonaba, pero casi caigo de las escaleras movedizas al menos dos veces, por suerte no me había topado con Peeves, el poltergeist de Hogwarts. Los pensamientos de lo que sentía sobre el susodicho se hicieron a un lado cuando me encontré con un estudiante a las afueras del aula.

Era Frank II, que también eligió Adivinación, a decir verdad eran pocas las clases en las que él y todo su grupo se separaban.

—Hola, Longbottom —hice un ademán con la mano —, es la primera vez que llegas temprano ¿qué tramas?

—¿Qué tal, Gryffin? —dió un asentamiento de cabeza —, espero que no te moleste, pero este año te superaré en esta clase.

Se aferró a su libro “Adivinación Avanzada de Richard August” y sonrió socarrón. Reí por lo bajo.

—Dudo que sea así —contesté con seguridad —, me lo dejaste fácil el año pasado.

—Eso ya lo veremos —se alzó de hombros muy confiado, el maestro Alexei Gail abrió la puerta de golpe con cara de pocos amigos, sin embargo su rostro cambió a sorpresa.

—Vaya, señorita Gryffin y joven Longbottom, otro año intentando superarse el uno al otro —se frotó el mentón con sus delgados dedos —, pasen, hoy haremos profecías, se pondrá interesante.

[...]

Un jinete sin cabeza, un peón de ajedrez caído y un girasol naciente.

No tenía sentido. Giré mi bola de cristal por quinta vez, comenzaba a desesperarme no hallar nada en el libro de ayuda, ya era humillante revisarlo como nunca antes. Un compañero de Hufflepuff me veía confundido, él ya se había resignado a no encontrar nada.

—Muy bien, Longbottom —felicitó Gail admirando la bola con intensidad —, tu tercer ojo a sido abierto, sin duda. Cinco puntos para Gryffindor.

Frank sonreía complacido.

—Gracias, profesor —se alzó las mangas —, es bueno saber que se vienen tantas cosas buenas para Hogwarts.

—Recuerda que las visiones proféticas son distintas a una profecía directa ¿alguien sabe porqué?

—Porque estas son cambiantes, no definidas —dije aún concentrada en mi intento de profecía.

—Bien, Gryffin, tres puntos para Gryffindor. Dime lo que tienes —su vista se deslizo a mi cuaderno abierto —¿algunos problemas?

Frank parecía sorprendido. Rodé los ojos.

—No hallo respuesta a lo que vi, es todo —arrugué la nariz —, jamás leí algo sobre esto.

—Déjame ver —acercó la vista hacia mi trabajo y gruñó —. Vamos, Gryffin, esto lo vimos el año pasado. Puedes mejorar.

—¿Qué?

Fruncí el entrecejo, cómo que ya habíamos visto de eso. Volví mi concentración a la bola. Solo un poco de niebla, una mariposa y pasto fresco; todo señal de buen augurio.

—Bien, terminó la clase, pueden retirarse.

Sin duda esto no era lo que había visto, pero antes de que pudiera replicar el maestro se había ido.

[...]

—Suena muy extraño todo esto —Colagusano me miró de arriba a abajo.

—Extraño es que estemos hablando en primer lugar —no estaba de buen humor, me recriminaba mi desempeño en pociones y ahora en adivinación.

Tal vez si ayer no hubiera ido a esa fiesta.

Basta Diana, no seas tan dramática.

—Tu humor es peor que el de años anteriores, sin duda —se alzó de hombros, su cabello castaño se movía a cada paso que daba. Me llevaba por lo menos una cabeza, era el más alto de su grupo —. Pero debo admitirlo, este asunto está de locos.

—Hablando de locos, ahí te esperan —señalé a James, Fred II y Lorcan parados en el pasillo y mirándonos con curiosidad, recibí un saludo de parte del último mencionado —. Por favor, no hagan tonterías.

—¿Tonterías? Me ofende mucho señorita Gryffin —se tocó el pecho de forma exagerada —. Ni modo, otro día incendiaremos la sala común de Slytherin.

—Inmaduro —farfullé —, vete antes de que me tiren pintura o algo por intentar “secuestrarte”.

—No somos tan raros —negó con falsa ofensa.

—¿Colagusano, necesitas que la pinte de azul? —exclamó Lorcan divertido. Fred rió, Potter se mantenía al pendiente de la situación.

—Adiós, Longbottom. Y por favor, ni una palabra de lo que te he contado, ya es mucho que alguien más me tome por loca.

Pegué mi libro al cuerpo y salí de allí, no sin antes oír un “Cornamenta, tu novia me da miedo” que me confirmó lo que creía de ellos.

[...]

Tranquilidad, silencio y sobretodo sin tareas pendientes. Podía actualizar mi diario en completa paz, sin el ruido habitual de la sala común ni la gente entrometida de la biblioteca. Además de que mi compañero de torre estaría en no sé dónde con Jacqueline y tenía el espacio solo para mí. El segundo día en Hogwarts me tenía algo cansada, a la vez un tanto extrañada de no recibir la habitual carta de mis padres que supuse se debía al viaje que harían a Brentwood.




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