Un sueño para Madeleine

8. ¡SIN EDITAR!

Capítulo ocho; ¿Quién soy?

Escucho pasos y voces, el sonido de las agujas del reloj retumba en el lugar donde me encuentro, pero ¿Dónde? Simplemente no lo sé y... No sé si lo quiera saber.

Estoy parada, sí, eso es, muevo mis manos en ésta oscuridad para sentir si hay algo, hago lo mismo con mis pies y empiezo a caminar, pero no hay nada.

Camino no sé por cuánto tiempo hasta que me canso, así que me siento y cruzo mis piernas.

Tamborileo mis dedos en mis piernas y es un gesto de impaciencia ya que se oyen muchos susurros que no sé que dicen y el estúpido reloj no puede parar.

Me paso las manos por los brazos una y otra vez hasta que me arde la piel, esto es demasiado.

¿Estoy soñando? Sí, eso debe ser. Debo despertar.

— Esto es desesperante.— mi voz es baja.

— Cierto que sí.— me sobresalto y mi corazón empieza a latir muy rápido.

— ¿Q-quién eres?

— Un ser o eso creo, soy algo supongo — su voz es ida como a quien no le importa lo que dijo de si mismo— ¿Quién eres tú?

Anteriormente su voz sonaba lejos y ahora lo último que dijo fue dicho en mi oído, así que me quedo ahí totalmente quieta y asustada.

— Soy Madeleine Ross. — respondo a su pregunta.

Se ríe como un maldito demente cuando para dice algo que me deja al borde de un ataque de pánico, grito y le insulto, le maldigo y a la vez le pido respuesta, pero él solo ríe y yo solo tiemblo cada vez más hasta que donde sea que estoy se vuelve un espacio blanco sin fin y él... Él... Él... Me recuerda a alguien, lo sé, pero yo... Él es hermoso parece un ángel hasta que lo miro a los ojos y... No, definitivamente no es un ángel.

Su sonrisa es macabra y da un paso y de pronto lo tengo al frente de mí y él estaba... Lejos, si.

Toca delicadamente con sus dedos mi mejilla y de pronto su expresión es la de alguien... No termino este pensamiento cuando siento un dolor en mi pecho y bajo mis ojos y... Y... Él tiene la mano metida en dónde se supone que se encuentra mi... Corazón.

Alzo mis ojos y tiene la misma expresión y yo solo alcanzo a...

Tomo una bocanada de aire y abro los ojos me encuentro de pie casi al final de las escaleras.

— ¿Pasa algo, Madeleine?— es la voz de mi padre así que lo volteo a ver y me doy cuenta que está un poco preocupado.

Así que le doy una sonrisa y niego, a lo que él asiente y dice que lo acompañe que quiere mostrarme algo.

Yo me tomo unos minutos para calmarme y hago lo que me ha dicho.

Lo digo hasta salir por la parte de atrás de la casa y me quedo viendo la cantidad de matas que tienen, algunas con flores y otras sin ellas, por supuesto.

Llegamos a lo que me quiere mostrar y me quedo impresionada... Feliz.

— Son...— intento decir aún atónita por lo que veo.

— Sí, al fin pude lograr que las caléndulas crecieran—. Se nota que está emocionado como yo.

— Son preciosas, papá.

— Así es. Lo son.

Son mis flores preferidas, sí, y siempre quise tenerlas en casa, pero nunca sobrevivían después de brotar.

Pero esto es increíble, tanto que una sonrisa adorna mi rostro y siento mis ojos humedecerse.

Río y abrazo a mi papá.

— Gracias, gracias, gracias.

Se ríe conmigo y dice que no hay nada que agradecer.

Habla sobre que estuvo que leer mucho y pedir información para poder lograrlo.

Nos colocamos a hablar de cosas banales, hasta que el sol mejor dicho ha desaparecido.

Así que supongo que ya es hora de comer.

A lo que enseguida escucho la voz de mamá llamándonos.

La comida es deliciosa como lo puede ser la comida de mamá.

La cena pasó entre risas y recuerdos.

Me despido de ellos porque necesito descansar, sí, pero sé que no podré.

Subo las escaleras y entro a mi habitación, está igual como la dejé, algunas cosas pegadas en la pared pintada verde bajo, tan bajo, que casi es blanco, el estante de libros, la mesa de noche, el closet, la cama, la ventana, observo y observo, al final decido que la calidez que siento con toda la casa... Es lo más verdadero que tengo.

Me acuesto en la cama y cierro los ojos.

Me estoy volviendo loca, que miedo.

Todo estás cosas que pasan me están superando.

Yo... Voy a caer pronto, lo sé.

Me voy sintiendo cansada y sé que me voy a dormir, pero no me muevo y me acuesto a medio lado y mis manos bajo mi cabeza.

Espero poder descansar.

«Se está acercando el final, estoy feliz o eso creo.»

Escuché ese susurro y me estremecí.

¿Qué final? ¿Por qué crees estar feliz?



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En el texto hay: romance, dimensiones, fantasia épica

Editado: 06.08.2026

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