Capítulo díez; espejo.
LA PURIFICADORA MADELEINE.
El día que me atreví a salir de la barrera boté dos cosas; era absurdo tener una barrera contra enemigos que quizás nunca existieron o lo harán y segundo que la energía negativa de la que se alimentaba la barrera era de su propio Reino, cuánta maldad.
Eso pasó hace un buen tiempo y no me gusta recordarlo mucho porque con ello venía el deseo de hechar todo por la borda y dejar que la barrera los consumiera, pero hay una parte de mí, la más fuerte, la que no sucumbe a la heridas que ya éstas son más grande, esa que me impedía perder eso por lo que tanto he luchado en los últimos años.
Pero no quiero pensar en nada de eso.
Últimamente he ido más al Reino y es divertido a veces, pero he empezado a notar que cuando hay grupos muy grandes de personas y éstas tienen una energía negativa bastante grande... Yo sin querer termino quitándoles esa energía, pero no es bueno porque casi acaban muertas.
Al principio no lo noté y eso solo significa que se está acercando el momento.
Esto ha hecho que tengas deseos de ir constantemente al Reino, pero me niego, me cuesta mucho controlar esos deseos.
Tengo que controlarlos. Tengo que controlarlos. Tengo que...
Se escuchan voces, risas, niños jugando, entre otras cosas.
Levanto la mirada y me doy cuenta que he llegado a la ciudad más alejada del Reino, nunca me ha gustado decirle Tellehit no sé porque, para mí esto se llama el Reino.
Las cosas van empeorando, si la energía me está llevando hacía las personas.
Suspiro y me tardo varios minutos hasta controlarme.
Camino por las calles hechas de piedras, observo las casas algunas hechas de piedras otras hechas de madera y cada una de ellas es hermosa aunque sean diferentes, me parece interesante los diferentes diseños que hay en todo el Reino.
Agradezco que nadie me haya intentado hablar o algo por el estilo.
Cuando ya voy saliendo de la ciudad observo hacia la izquierda y noto un puente o eso es lo que parece desde donde estoy no puedo verlo bien, así que camino hacia la zona llena de árboles de cerezos, es un hermoso espectáculo.
Camino y camino, pero parece más lejos de lo que aparentaba, aunque debería exasperarme el hecho del engaño, no es así, me siento tranquila como si un sumbido en mis oídos y la pesadez del cuerpo que no sabía que tenía desapareciera.
Es como si hubiera estado cargando una gigante piedra invisible de la que sé justo cuando me la quitan.
Me detengo, tomo aire y cierro los ojos. Una sonrisa baila en mi rostro, la dicha que siento hace que mis mejillas se sientan caliente al igual que la mayoría de mi cuerpo, es como... La saturación de mis emociones provocará ese efecto en mi cuerpo.
Abro los ojos y sigo caminado cada vez más cerca del puente de piedra color anaranjado como un atardecer.
Siento con cada paso como si flotara, supongo que así siente la felicidad, no sé.
Observo y noto que no eran árboles de cerezos, son como grandes plantas de color cerezo y pareciera que brillarán. Están guiando el camino hacia el puente, que locura.
No me cuestiono nada y solo avanzo con las ganas de saber que hay del otro lado del puente.
Todo esto que siento es como si lo que se lleva la barrera de mí, hubiera regresado, no estoy segura y no me importa.
Es la primera vez que me siento así y quiero disfrutarlo sin tantas dudas.
Ahora noto que no hay ningún rastro de ver energías, eso es bueno.
Llego al inicio del puente y observo el arco en como fue construido, pero no sé parece a ninguna construcción del pueblo, la roca es bastante lisa tanto que parece que emite un tenue brillo, el color anaranjado de cerca parece como si se estuviera encendiendo, avanzo y paso las manos por las barandas y me sorprende el hecho de que esté hecha de piedra también, el color es tan uniforme.
Cuando me doy cuenta ya he pasado y en frente mío solo se ve un bosque, pero es tan tranquilo, mucho más que los otros del Reino, el verdad es tan puro que pareciera que cada hoja de este bosque haya sido pintado a mano.
Mi emoción aumenta y siento un pequeño dolor detrás de mi cabeza, pero intuyo que es por mis emociones.
Camino embelesada de nuevo.
El aire se siente tan... Puro.
Me demoro hasta llegar a la entrada del bosque y cuando doy un paso noto de nuevo un sendero esas plantas color cerezo y las sigo otra vez.
Para mi sorpresa no ví ningún animal y al parecer el bosque no es tan grande porque llevo solo unos minutos caminando y se ve un claro delante.
No siento prisa por saber que hay en ese claro.
Salgo del bosque y la vista es hermosa porque al parecer estoy un acantilado y del otro lado hay otro, con una forma puntiaguda.
Camino hasta llegar al final de la tierra, pero mi sonrisa se borra.
No se siente ninguna corriente de aire para estar en un acantilado.