Un sueño para Madeleine

13. ¡SIN EDITAR!

Capítulo trece; Lanne Novrha.

LA PURIFICADORA MADELEINE.

El mundo, no, donde sea que viva es solo una fracción del universo, siempre supe y estábamos al tanto de que existían más que una gran isla llena de pequeños bosques, manantiales, montañas, animales y la variedad de colores en ella según el cambio de estaciones.

Más conocimientos, variedades de todo lo que hay aquí empezando por las personas.

Y aunque no conociera todo lo que el mundo tiene para ofrecer, yo sé que no estaría preparada para lo que tengo delante de mí. Imposible. Las personas sin importar lo que hagamos o creamos jamás estaremos verdaderamente preparados para los momentos de impacto.

Se veían estrellas que estaban por todos lados, como si estuviera parada en medio del cielo en una noche estrellada. De repente por breves momentos fugaces se veían planetas, una cantidad increíble de ellos, de diferentes colores y estructuras. Habían muchas cosas extrañas para mí, pero que en ese mismo momento eran tan conocidas, sabía lo que eran. Pensaba en nombres o eso creo; agujeros negros, novas, rocas o algo así, cuerpos celestes y un sin fin de cosas más. Era como el principio y el fin. Estaba tan abrumada por eso y también por el hecho de que supiera muchas cosas, aún cuando no había visto nada de esto, que no noté que la persona dentro del supuesto espejo –estoy segura que no lo es– ya no estaba en una posición fetal, ahora... Estaba parado de espalda a unos cuantos metros de mí.

Es un hombre.

Tenía el cabello de color cobre –llamativo, hermoso– con muy pocas ondas y por poco le llega hasta los hombros, es alto pero no demasiado y aunque para mis ojos parecía estar desnudo, así que cuando lo observé detalladamente me di cuenta que no era así, no tenía ninguna clase de ropa encima, pero no se notaba nada de su cuerpo.

Después de tanto pensar en eso llegué a la conclusión de que si está desnudo, así que soy yo, bueno, él quien no permite que se vea nada. Qué fascinante. Vaya.

Así que me azotaron las preguntas.

¿Quién era? ¿Tan fuerte era? ¿Por qué permitió que lo encontrara ahora? ¿Fue él quien creo la barrera? ¿Por qué? ¿Qué...?

Estaba asustada y mucho, pero mi cuerpo estaba tan tranquilo que eso sólo hacía que me asustará más. Empecé a sentir una familiaridad con el espacio donde me encontraba, era... Como si mi cuerpo reconociera el lugar. Estaba tan agusto que... Me sentía... Protegida.

Mis lágrimas rodaban rápidamente por mi rostro hasta caer, mi barbilla temblaba, me sentía nostálgica, abrumada de sentimientos cálidos, era como volver a casa después de perderse y estar vagando por un incontable tiempo.

Estaba tan triste, tan feliz.

Había estado tan desesperada, tan sedienta, tan hambrienta y todo eso llegaba de golpe que simplemente me derrumbé.

Ahora era yo quien estaba en forma fetal en el aire y llorando tan desconsolada y sola a pesar del sentimiento de seguridad.

Sentirse seguro no es lo mismo que sentir compañía. Darse cuenta de eso no importa si era a lo contrario, daba una sensación de ahogamiento muy fuerte.

Era una tormenta de todos mis sentimientos juntos y estaba por acabar conmigo. Nunca pensé sentir tanto.

La sensación de sentir tantas emociones juntas me estaba matando. Es como... No tengo forma de explicarlo, creo que nada le haría justicia.

Creí que la sensación de ahogamiento no podría aumentar, pero lo hizo de tal manera que sentí que cada parte de mi cuerpo explotaba y se hacían partículas. Que yo desaparecía.

No tenía los ojos abiertos, de eso estaba segura, no podría.

Pero las sensaciones de nuevo me dejaron helada.

Sentía que estaba en muchos lugares diferentes. Escuchaba como decían mi nombre una y otra vez, voces, edades, sexos, idiomas, apellidos. Todos diferentes. Niños, niñas, hombres, mujeres.

No entendía nada más allá de mi nombre. Un nombre maldito por siempre pero que aún así me gustaba.

No me veía siendo llamada por otro que no fuera ese. Es como si siempre hubiera sido mío. Un alma marcada por un nombre.

Parece un sueño llamado Madeleine. Locura, estoy más allá de eso.

Muchas vidas. Incontable soledad. Eso era lo que marcaba mi vida, no importa que tanta gente haya a mi lado en mi mente al final reinaba la soledad. Por siempre.

Escuché muchos susurros de muchas personas como yo, pero aún no era de escuchar la advertencia. No era momento de en verdad poder escuchar.

Recordaba como una niña pequeña purificó a una persona, quitó toda la energía negativa. Termino de romper a una hermosamente triste muñeca de porcelana. Asesinó, pero es bueno si esto salva a los demás, ¿No?.

La niña se preguntaba si lo que había hecho estaba en verdad bien, puesto que la mujer antes de irse le dijo que era por el bien de todos. Que triste.

La niña se sentía triste, sucia, sola, pero todos la felicitaban como si hubiera hecho lo más bueno jamás hecho. Una niña tan pequeña no debería pensar, recordar y sentirse así, pero que más daba.

Después de tanto tiempo había olvidado como en realidad se sentía aquel día. Ella lo recordaba como un mal necesario, pero no sabía que tenía, dudas y el corazón lleno de soledad desde tan temprana edad.



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En el texto hay: romance, dimensiones, fantasia épica

Editado: 06.08.2026

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