Capítulo catorce; error.
En un futuro cercano.
No existía. No pasará.
Muchos piensan que hay más y es así, pero también están los que piensan que no hay nada más y es cierto. Ambas creencias son ciertas.
No importa que, no hay avance. Mis muchas vidas duraron muchos años pero también pasaron en un instante y a la vez. No pude separar una de otra y es que no estaba en mis manos, al menos no en ese momento puesto que yo había renunciado a ello.
Pero siempre regreso sin importar como. Punto de origen. Igualdad. Sentido de pertenencia.
Comodidad y paz al sentirme totalmente yo después de tanto tiempo. Es como recuperarte de una enfermedad.
Tanto tiempo y engaños es agotador, incluso para mí que no sabía que hacía, no me imagino como debió ser para él. Lastimé a mi eterno acompañante.
Soy una bailarina que se mueve al compás de una nota y por siempre me acompaña la extravagante y atractiva muerte, en una composición sin fin.
Nos pertenecemos y yo a él más de lo que debería. No te confundas, la empatía es algo normal en nosotros, es la única fuente de emociones, pero deberíamos ignorar dicha empatía ya que ésta nos mete en más problemas de los que estoy dispuesta a aceptar, de nuevo.
Somos iguales.
***
Felicidad era lo que rodeaba a la mujer y era tan grande que abrumaba. A él le encantaría dejarla que disfrutará ésta vida hasta su último aliento, pero no se podía.
Esa acción le traería muchos problemas con los que no quería lidiar.
Pero... Siempre hay un pero y eso solo hace que las personas duden y todo se salga de control y aunque hayan ocasiones dónde el resultado es positivo él estaba seguro que el suyo no sería así porque su entorno era de si o si, no había cabida para dudas estúpidas. Éstas lo carcomían demasiadas veces.
Los accidentes automovilístico pasaban mucho al igual que los infartos y el hecho de que ella estuviera actuando extraño ante sus seres queridos últimamente le daba una opción muy buena. Así que la desición estaba tomada.
Alteró todo su sistema y eso creo naturalmente la escena del accidente.
Para todos la mujer que iba conduciendo de regreso del hospital sufrió un infarto y esto hizo que se saliera de la carretera y terminara estrellada contra un árbol que se encontraba a unos ochocientos metros. Justo cuando chocó, la mujer partió.
Esto destruyó a su familia y a todos los que la amaban fuera de ella.
Pero eso no duró mucho porque justo unas horas después de enterarse del fallecimiento de la mujer todos la olvidaron. Jamás existió. La verdad.
Madeleine no fue real. Ni para el mundo y mucho más importante, para ella.
Si iban a olvidar porque esforzarse en hacer tal cosa como ocasionar un infarto y accidente, bueno era simple porque hay cosas que no se podían hacer sin algunas condiciones o el ser solo se divertía, quien sabe.
***
Todas fueron una y la misma, pero no era así, una de ellas era la primera, la original y claro que lo era, aunque en si era la última. El último pedazo. Que mentiras.
***
LA PURIFICADORA MADELEINE.
Era muy extraño su nombre, pero eso no tiene importancia, lo que si la tiene es el poder saber si puede ayudarme.
— Bien, Lanne Novrha, estuve a punto de morir y creo que en ese momento ví cosas extrañas y que no recuerdo. Añadiendo a eso este entorno es extraño, tú eres... Bueno, se supone que estás desnudo y si estoy equivocada entonces tu ropa es extraña también —Tomo aire para decir algo más—. No importa que pase o de qué hablemos al parecer ya denomine todo como extraño.
El se me queda viendo serio y después se ríe, lo hace enserio que quizás pueda que sirva para comediante.
— Eres divertida e ignoraré todo lo que dijistes —Su mirada se torna seria—. ¿Qué buscas aquí, Madeleine?
Bien. Al punto eso me agrada, pero no me gusta la expresión que tiene. Es fúnebre.
— Yo supongo que no tengo que explicarte en como se encuentra la energía de Tellehit...—Me quedo callada porque recién me he dado cuenta de la sensación de la energía dónde estamos y es... Extraña como todo aquí, pero por algún motivo es tan conocida y me está llamando, es como si fuera yo.
— Oh, los has notado.
— ¿Por qué me siento así?
— ¿No lo sabes?
— Por supuesto que no.
— Pero Madeleine... ¿Has olvidado?. Que triste.
— ¿De qué hablas? —Pregunto con unas ganas de llorar inmensas.
Se acerca y me coloca una mano en la mejilla.
— Te traje muy pronto —Dice y yo cierro los ojos—. Lo siento... Por causarte este dolor solo por pensar en tu regreso.
Su voz me suena a amor y disculpas sinceras, pero la desesperación en ella es tan grande como la que yo siento y no sé porque.
Abro los ojos, alzo la mirada y observo los suyos tan pasibles, hermosos y brillan como si el universo estubiera en ellos.