Capítulo dieciséis; rey de porcelana.
LA PURIFICADORA MADELEINE.
Estaba de nuevo en presencia del rey.
Hablar era su pasión y la mía ignorarle todo lo que fuese posible.
El decía algo que no me importaba o ya sabía y yo pensaba: «Derivan, cállate.»
Pero bueno.
—... ¡Responde! ¿Por qué no has cedido tu puesto? — Exige y al ver que no respondo pierde el control—. ¡Maldición, dime! Todo el maldito reino depende de que haya una sucesión y tú llevas ya demasiado tiempo en ese puesto sin decirme si ya está lista tu sucesora — Hace énfasis en la última palabra y continúa—. Si es que la hay.
Termina con amargura y no me sorprende el hecho de que sospeche que no hay nadie.
Aparto la vista y eso es lo que necesita para confirmarlo.
Estoy más cansada que nunca y es como si estuviera a unas cuantas de la muerte, bueno, eso es estúpido ya que nunca se está lejos de ella.
La barrera volvió a su estado natural hace unos días y fue... Horrible, si el alma fuera algo material se vería como está hecha pedazos y solo está a nada de volverse polvo.
Con la restauración de la función de la barrera vinieron las muertes, cada día van en aumento.
— ¿Desde cuándo lo sabes? — Voy a responder, pero el alza la mano para detener mi respuesta—. No, no me lo digas que me imagino que la vez pasada que estuviste aquí ya lo sabías, ¿Cierto?
Les dije que era un chico astuto, ¿O no lo dije?
Genial, ya hasta hablo sola.
— Es cierto.
Se levanta del trono y se quita la corona, la deja caer y dice: — No hay nada que yo pueda hacer por el reino o tan siquiera por mí, malditos sean los que hicieron esa promesa estúpida y... ¡Los odio! ¡A ellos! ¡A mí! ¡A la gente miserable de aquí! ¡Los odio! ¡Los odio! — Se pasa las manos constantemente por el cabello mientras camina de un lado a otro—. ¡Por su culpa yo terminé aquí! ¡Por su culpa perdí todo!... Y justo por su culpa van a morir todos y yo otra vez no puedo hacer nada — Cae de rodillas y coloca la frente en ellas mientras maldice una y otra vez a los culpable de su desgracia.
No me sorprende ese hecho, ni nada de lo que dice porque... Porque, ¡Ah, que miserables!
Porque érase una vez unos niños llegaron de la nada, uno antes que el otro, de diferentes sexos y edades, pero eran tan iguales, puros, felices, soñadores, inspiradores, si, porque aquí todo es sobre la inspiración y lo que esto le hace a éstas personas y justo estamos viendo el resultado que causa en ellas.
Los niños se convirtieron en adultos mucho antes de que lo reflejasen, llegaron a lo alto y dirijieron y cuidaron una nación, cada uno de manera diferente y justo eso fue solo el comienzo de las fisuras en su armadura de porcelana.
Ambos solos desde que llegaron y sí, todo lo de buena suerte a la familia donde estos nacieran fue una mentira, al igual que la historia de una niña, pero es tarde para remediarlo, porque al final ambos niños terminaran siendo solo un montón de escombros provocado por alguien más y ellos mismos por no poder anteponerse a sus pensamientos.
Los chiquillos que hoy son adultos solo son lo que los demás querían, porque si hubieran sido lo que por dentro llevan el cuento sería otro.
Por eso la unión que hay entre ambos es innegable, pero para ellos no es nada más que reconocimiento de sus fisuras y si bien es cierto, están unidos y preparados para hacer pagar.
— Sabes que ya se acerca la hora, ¿Cierto?
Él alza la mirada a mi pregunta y se levanta mientras asiente.
— ¿Les avisarás?
— ¿Tú lo harás?. Después de todo es tu deber.
— Al igual que el tuyo.
— Pero no lo harás.
— No se lo merecen. Prefiero que sientan todo lo que conlleva esa estúpida barrera.
— Te estás soltando. Me agrada el hecho — Se detiene y me observa fijamente— ¿Exactamente cuánto falta?
— Unos días, creo que de cuatro a cinco días. ¿Por qué?
— Tú no eres la única que siente la barrera, ¿Lo sabías?
No me esperaba ese cambio de conversación y mucho menos esa información.
— No. ¿Qué sientes exactamente?
— El peso de la energía sobre mis hombros todo el tiempo, fueron unas malditas vacaciones el tiempo que duro inactiva, por cierto, ¿Qué fue lo que hiciste?
Íbamos caminando mientras hablamos y me doy cuenta que llegamos a un balcón que da a un jardín hermoso.
— No lo sé, pero pasó algo extraño.
Me gusta hablar con él así, es como siempre pensé, mucho más interesante como hombre.
— Intenta explicarlo, bueno, al menos que sentiste — Se mueve de mi lado y se sube a la baranda del balcón, quedando de pie en éste.
— Según yo encontré algo que me daría una respuesta en — Trato de recordar, pero no llego a nada—... No lo sé, no recuerdo y después yo me dirijía a investigar para buscar una solución que no matará a todos aquí y... Después, nada, despierto y me doy cuenta de la ausencia de la energía en la barrera — Termino de decir confusa.