Capítulo veintidós; el infierno y el paraíso si existen.
HACE MUCHO TIEMPO ATRÁS.
EL DÍA DEL ATAQUE AL CIELO.
Nillam Welles.
¿Qué era lo que deseaba en verdad?
¿Quién soy yo?
Esas preguntas me las hacía muy a menudo y nunca obtenía una respuesta.
Lo máximo que deseaba era poder ir y venir libremente por las dimensiones incluida la última, pero aún no poseía un rango y habilidades superiores para eso.
Pero eso era un deseo externo no era algo que me satisfacía profundamente.
Sabía que un nombre no decía quien era o eso es lo que todos aquí decían. No estaba seguro.
Pero al parecer siempre se obtienen dichas respuestas cuando ya dejas de hacerte las preguntas y siempre vienen acompañadas de una persona que a tus ojos es magnánima.
Recuerdo aún su sonrisa y su confusión.
« El clima aquí era perfecto, bueno, aquí nunca había un mal clima, pero aquí al frente de este lago era increíblemente perfecto.
Podía sentir la tibia sensación del sol, la brisa que tenía un poco no fuerza no paraba de correr, más la sombra de este árbol sin nombre al que todos llaman "árbol madre" y sumado a todo eso estaba el olor encantador de este lugar que venía de las caléndulas que llenaban todo el paisaje y que extrañamente no empalagaba, pero lo que más hacía especial este lugar era el lago que parecía que sus aguas estaban hechas de cristal.
Después de haber pasado tanto tiempo aquí decido irme.
Me estiro y bostezo porque me dormí.
Me levanto rápidamente y me paso las manos por los ojos.
Entre dormido y despierto llego hasta el puente para ir al pueblo y de ahí a casa.
Escucho un tarareo cerca, miro a un lado a unos cuantos metros de mí y ahí se encuentra caminando lentamente quien tararea una melodía que no reconozco, pronto alcanzo a la persona y justo en ese momento tropieza.
Su capucha de corre al yo sostenerla para que no caiga, es una chica de cabello castaño.
Se ríe bajito.
— ¡Ay, no puedo creer que casi me caigo por un simple tropiezo! Mis reflejos son un asco — Dice con burla hacia ella misma, pero tiene razón en lo último.
— Bueno, asegúrate de agradecerme por no dejar que besaras al puente — Digo molestandola.
— Ah, ok — Se voltea y ahora sé quién es, tenía tanto tiempo sin verla—. Gracias — Se ve un poco sorprendida pero a la vez encantada—. ¿Quién eres?
— Nillam Welles, ¿Quién eres tú?
— Ya quisiera saber eso, créeme — Sonríe—. Pero me llamo Madeleine Nesch.
Le sonrió abiertamente aún con mis brazos a su alrededor, me gusta su nombre y sus ojos son algo encantador, para mí son como la luz solar; cálidos y llenos de vida.»
Esa día la conocí formalmente porque ya sabía quién era ella, todos lo sabíamos.
Empezamos a tratar más hasta que una cosa llevó a la otra y justo hoy hicimos un juramento, una entrega absoluta. Hice cierto lo que ya pasaba.
Al igual que yo se sospechaba que ella sería una de los guardianes de primera generación, así fue.
Primero fuí yo como guardián de la dimensión donde se encontraba supuestamente el infierno y el paraíso —no lo sé con exactitud ya que ahí solo iban los que eran afines y de esos hacia tiempo que no habían—, pero no empezaría a hacer mi deber hasta que tuviera un compañero y cuando éste llegó me encontraba emocionado, pero dicha emoción se evaporó igual como él pereció por dicha marca. Ese no era su deber en realidad.
Él era amigo de Madeleine y mío, pero para ella fue más duro porque ellos siempre habían estado juntos.
Cuando apareció la marca de Madeleine me sorprendió el hecho de la de ella fuera una de libre albedrío, es decir ella podía solo tratar con una dimensión o simplemente ejercer un deber en todas.
Se suponía que ella se inclinaría por la que más tenía afinidad y eso se vería en la ceremonia.
Cuando empezé a tener esos presentimientos que no sé de dónde venían pero que empezaron cuando hice la ceremonia yo debí advertir y no debí quitarle tampoco los de Madeleine, pero hice lo contrario pensando en que no era nada.
Que estúpido. Debí saberlo. Debí imaginarlo. Debí conectar las cosas.
Pero ahora viendo todo esto y el hecho de que se la entregué a esa lago que quizás nunca la devuelva, solo para que sobreviva, más el niño que ella me pidió que salvará y otro que estaba de meses que encontré cerca de donde estaba el niño de ojos color plata.
Según lo planeado ellos estarán ahí hasta que sea seguro para ellos, cuando se puedan defender.
Ofrecí mucho de mi energía para eso y el hecho de no ser totalmente compatible con las dimensiones me dificulta mucho poder hacer algo.
En estos momentos odio no ser como ella porque eso significaría que podría protegerlos a todos ellos.