Capítulo veintitrés; Estoy despierta.
¿Eso que escucho son voces?
No, no lo son.
¿Entonces qué es?
Hum... Eso que escuchas es el ruido del silencio.
¿Eso no es algo contradictorio?
Efectivamente lo es, pero que sea una contradicción no quiere decir que no sea así.
¿Entonces el silencio es así de aterrador?
No solo el silencio.
¿Qué quieres decir?
Verás el silencio se supone que es para descansar de el sonido pero aún así este persiste, ¿Entiendes lo que quiero decir?
Eso creo.
¿Eso creés?
Sí.
Tienes que estar segura.
¿Por qué? Yo tengo dudas así que... ¿Por qué tengo que estar segura?
Por lo que se avecina tú debes estar segura de lo que quieres y mucho más de tus acciones.
¿A qué te refieres? Solo estábamos hablando del silencio.
Y si lo que dices es cierto, ¿Tantas responsabilidades tengo?
En realidad no tienes ninguna pero... Sí, solo hablabamos del silencio y creo que me he desviado del tema de la conversación.
¿Tú creés?
No. Lo que dije es importante.
¿Por qué?
¿Por qué? ¿Por qué hablas con tu conciencia?
Si eres mi conciencia... De verdad que eres engreída.
No lo creo, pero en fin ya es hora de volver.
Que fastidio.
No seas así y disfruta que ya se acerca—
— Así que ella es Madeleine, es muy interesante — dice una voz sin acento que no reconozco.
— ¿Interesante? — pregunta ese maldito pelirrojo—. No entiendo porque dices eso sí nunca has hablado con ella y la primera vez que la vez en persona ella está dormida.
— Que molesto eres — digo con la voz ronca por haber estado durmiendo.
Abro los ojos y espabilo hasta que me acostumbro a la luz que se filtra por una ventana al parecer.
— Genial, acabas de despertar y lo único que dices eso al me—
— Interrumpiste un sueño interesante que estaba teniendo así que no estoy como para besarte las mejillas y darte los buenos días con una hermosa sonrisa — digo con molestia aunque en realidad no estaba teniendo un sueño tan interesante, pero el hecho de hablar conmigo misma es un tanto abrumador.
Quito mi vista del techo de madera de lo que supongo es una cabaña y noto que en la otra cama hay un chico asiático que supongo es el que estaba hablando primero.
— Hoy estás actuando como una niña más que de costumbre y yo no necesito que me des los buenos días de esa manera — todo eso lo dice viéndome con indignación.
Lo ignoro y observo al chico de cabello color magenta y ojos tan negros como el alquitrán, que contraste tan interesante.
— Me gusta tu cabello y tus ojos los quiero ver de cerca — digo mientras me siento y me quito las pieles de encima.
— Claro, por supuesto ignora lo que he dicho — habla Lanne de la misma forma.
— Y a mí me gusta todo lo que he alcanzado ver de ti hasta ahora y obvio que te dejo ver mis ojos tan cerca como quieras — responde el asiático a lo que he dicho en forma sería y coqueta a la vez.
Que sujeto tan agradable.
— Esto está tan raro porque ella no me ha gritado preguntándome dónde está y que le ha pasado — ignoro de nuevo lo que dice Lanne.
Me siento en el borde de la cama y ahora es que noto que ya no estoy en bikini.
Vaya, vaya.
Sonrió abiertamente y observo a Lanne.
Entrecierra los ojos y yo sonrió aún más.
— En fin chico magenta me llamo Madeleine Ross pero eso ya lo sabés, ¿No? — digo moviendo mi vista hasta él.
— Algo así pero de igual forma es un placer conocerte formalmente — se levanta y llega hasta mí—. Bueno, me llamo Jung Taeyang.
— ¿Te puedo llamar Taeyang?
— Por favor.
Sonreímos.
— ¿Entonces me dejaras ver esos ojos de muy cerca?
— Si es lo que deseas.
Tomo su rostro y Dios... Son tan impresionantes, cautivadores de una forma que lo único que te preguntas es como es posible que sea tan negros y si hay aunque sea una pisca de otro color en sus iris.
— Justo como pensé — digo soltándole su suave rostro.
— ¿Y qué es eso que pensaste?
— ¡Ay, por favor dejen de coquetear frente a mí! — interrumpe Lanne y cuando creo que no va decir más nada agrega otra cosa que me dan ganas de partirle el cuello—. ¡Y tú niño pensé que no te atraían las chicas y eso no importa, ahora, ¿Por qué justo ella te interesa?!