Capítulo veinticuatro; Infinito.
El tiempo que Madeleine desapareció.
Hoy me sentía diferente.
Hoy tenía ganas de llorar.
Hoy me dolía el alma.
Hoy quería enojarme.
Hoy quería golpear a alguién solo para sentirme bien y sin darle cabida al arrepentimiento.
Hoy quería reírme como demente para terminar con un nudo en la garganta al no poder llorar de la misma forma en que reía.
Hoy siento las cuerdas que se encuentran en torno a mí están más apretadas que nunca.
Hoy tengo ganas de dejar todo lo que me ata.
Hoy tengo unas ganas inmensas de quemar todo a mi paso.
Pero...
Pero...
Pero... Lo que más me provoca es volver a sentir esos brazos a mi alrededor en vez de estás ataduras, escuchar su risa y su voz diciendo mi nombre en vez de escuchar todo ésta bulla que está en mi mente... Hoy, hoy quiero simplemente ser con él mientras estamos acostados uno junto al otro en el pasto con los ojos cerrados y el sol dándonos un poco de calor que la brisa acariciando suavemente nuestros cuerpos aminorara.
Hoy solo quiero dejar salir eso que me acompaña y poder sostenerla.
Hoy quiero ver de nuevo a mis padres.
Hoy más que nunca quiero volver a mi pasado.
Y hoy, justamente quiero—
— ¿Te encuentras bien, Madeleine? — pregunta una voz preocupada sacándome de un pensamiento inconcluso y que no sé si sea bueno si quiera concretar.
— Sí, no te preocupes, Derivan — su voz sonó a tranquilidad falsa y el jovencito lo notó pero decidió no decir nada al respecto.
— Me gusta venir aquí todos los días a ver la noche empezar, es algo sumamente... Espléndido.
Me río un poco porque suena totalmente atontado por los recuerdos de sus días aquí.
— Tienes razón y a pesar de la belleza que demuestra a veces suele asustarme el poder que tiene la naturaleza — me volteo y tiene el seño fruncido—, pero aún así me gusta pensar que es sabía y eso solo hace que le tenga aún más miedo en la misma medida que mi respeto por ella.
Sus ojos van de mi al paisaje que tengo justo detrás y así es por unos segundos.
Va a decir algo pero se queda callado de nuevo, esperaba que tuviera algo que decirme ya que después de todo los adolecentes ven de forma diferente al mundo.
Suspiro.
— Te dejaré a que disfrutes tu momento favorito del día.
Me da una sonrisa pero aún así se ve que está pensando en mis palabras.
Bajo de ésta pequeña colina a paso lento y me pregunto una y otra vez que es lo que olvido.
Me pierdo entre tantos recuerdos y llego a cuando desperté al pie de ese gigantesco árbol al principio todo era confuso, después vino el hecho de llorar por todo lo que había perdido repentinamente; mis padres, amigos y todos los que estaban aquí, a eso le siguió la negación que no duró mucho porque un día solo desperté aceptando todo y sin querer buscar una solución.
Sacudo mi cabeza como si eso fuera a hacer que mi mente deje de recordarme ese tiempo en el que no sabía si era yo misma. Aunque ahora no es que sea tan diferente.
Camino por entre las calles que antes estaban llenas de personas y las casas construidas por la propia naturaleza que antes eran iluminadas para darle la bienvenida a la noche.
No volví a casa nunca... Hasta hoy.
Vivo en la casa más alejada de aquí y ahí se quedan conmigo Lanne y Derivan.
Después de caminar por calles me encuentro enfrente de la puerta que da a la que algún día fue la casa de mis padres y lo único que hago además de ver fijamente la puerta es en pensar lo aliviada que me sentí y me siento por el hecho de que ninguno de esos dos chicos me vieran como una hermana o quizás madre o tía, bueno, cualquier adjetivo que signifique familia, no es que sea egoísta, bueno, si lo soy, solo que el hecho de que si alguno de ellos lo hubiera hecho eso me hubiera destruido por completo porque no soportaría alguna alusión de familia después de perder tanto.
Mis ojos pican un poco y espabilo para ver si así se pasa pero lo que sucede es que lágrimas se deslicen por mis mejillas y me sorprendo porque hace mucho que no lloraba y porque no había notado que veía borroso por causa de las lágrimas que tenía sin derramar. Debo decir que se siente bien el hecho de poder llorar porque eso me hace notar que he estado congelada por tanto tiempo y que no sé qué diablos me pasaba por la mente al hecho de no volver a la mini-ciudad de esta dimensión en la que alguna vez pasaba mi día a día.
Estiro mi mano para empujar la puerta y entrar a casa—aquí no se utilizan las cerraduras, bueno, al menos que sea algo demasiado importante—, pero retiro mi mano lentamente porque no está bien que vuelva a entrar ahí sin ser yo de nuevo, porque quiero sentirme orgullosa al entrar e imaginar que Lira y Jhona me sonreían y hacían chistes de los que me enojaba para después terminar riéndome de ellos, que me miraban con amor y tranquilidad y no con un poco de susto e incomodidad al no saber quién soy ahora y el hecho de que dependo completamente de un nombre y una apariencia—que voy desconociendo cada día más— porque más allá de eso no sabría reconocerme.