Epílogo.
Muchos siglos después.
Todo poder se basa en una mentira, un teatro, un acto dónde el verdadero liderazgo se encuentra tras bambalinas dirigiendo todo, como títeres nos moviamos, algunos consciente de ello y otros creyéndose el hecho de que cada paso que daban era su decisión. Mentiras; algunas más oscuras que otras, pero al final todas caen como si no fueran nada más que algo intentando desafiar a la gravedad.
Solo eso, y aún así el poder que concedían era supremo.
¿El daño?
A gran escala te diría, pero exactamente qué clase de daño no te sabría responder a eso, aunque es obvio que los daños siempre van a caer directamente en la vida misma. Demasiadas se cobrarán. Eso fue lo que pasó.
Hicieron copias de la tierra en espacio tiempo y ahora existen cuatro —hasta donde sé— a las que llamamos dimensiones, incluso los más viejos han conocido el universo de ésta manera, parece un mal chiste, pero no lo es, las dos del medio son completamente iguales fisiológicamente hablando, los conocimientos una es más avanzada que la otra, pero lo interesante es el hecho de que la de una de ellas —la segunda— es la original y se encuentra totalmente llena solo de humanos, aunque existen muchas especies de la otra dimensión que van a esa en busca de una vida pacífica o conquista, también pasa el hecho de que los humanos de la segunda dimensión descubran a la tercera que está llena de magia y todo lo que confiere a lo sobrenatural, cuando pasan desbalances como un cruce no autorizado un grupo de nosotros se encarga de poner todo en orden.
Por último —eso no es del todo cierto—, bueno, justo en la cúspide estamos nosotros los que tenemos muchos conocimientos de las otras dimensiones que cuidamos, algunos nos acostumbramos más a una que a otra y aunque somos en teoría más fuerte, somos débiles porque no creemos en nada más allá que la fuerza de nuestro pueblo o la de uno mismo, quizás eso nos haría invencible, pero cuando todo eso falla entonces por consecuencia nosotros lo haremos porque se nos enseña que no hay nada más allá de nosotros y es... una gran mentira que nos hace caer.
Ridículamente todos necesitamos algo en que creer y nunca entenderé porque tiene que ser tan superior a nosotros, aunque tengo la absurda idea de que lo magnánimo nos hace sentir protegidos y bendecidos tal vez, no lo sé con exactitud.
Y en las cuatro versiones ningún alma se encuentra repetida, es decir no existe otra versión de ti mismo teniendo una vida diferente.
¿Y qué hay en la última dimensión?
Ahí existe todo lo divino y maldito, más conocidos como ángeles y demonios en otras especies que le temen pero para nosotros todos ellos caen en un solo nombre; celestiales.
Los describiría como peligrosos y milagrosos, sí, una extraña combinación pero cierta cuando los conoces. Hechos a la imagen y semejanza de su creador.
Desde que sé esto llevo preguntándome el porque harían algo como esto y también el hecho de que quienes son exactamente.
¿Cómo me enteré?
Bueno, digamos que soy alguien especial y esto es solo un fragmento.
Muchas cosas aquí son mentiras.
Me quedo observando el lago que parece un diamante mientras toco un pequeño cristal que cuelga de mi cuello en forma magnética, me gusta el hecho de que no necesite nada que lo sostenga para estar ahí, bueno eso no es del todo cierto ya que una línea de energía que es muy especial lo sostiene, pero no se ve y nadie más que yo la siente —y él—, es como si me concediera el permiso de conservarla, cada vez más creo que es así.
Pero me gusta aún más y me asusta en el mismo nivel lo que hace y la energía pura que emana, es como si no perteneciera a este momento, como un recuerdo, no, más bien un sueño, sí, eso es, pareciera que pertenece a un pretencioso sueño.
Quizás solo estoy tratando de darle una respuesta a lo que no lo tiene, al menos no a mi alcance y tampoco quiero tener problemas por buscar respuestas que de seguro no me llevarán a nada bueno.
Suspiro y por todo lo que existe enserio amo el olor de este paisaje lleno de caléndulas.
Observo todas las edificaciones y me encanta lo diferente que es todo aquí ya que la propia naturaleza hace las casas donde vivimos y todo lo que necesitamos, no cortamos nada y mucho menos construimos, es más bien como si la naturaleza aquí pudiera mostrar toda su inteligencia. Eso me fascina y también me asusta de una manera inmesurable.
Y así es con todo lo que usamos, bueno, la mayoría de las cosas las traemos de las otras dimensiones y justamente así es con el conocimiento, hacemos lo que todos hacen; utilizar el conocimiento que está a nuestro alcance. Pero también tenemos los nuestros, los que suponemos no tiene nadie más.
¿Era así?
No lo sé, el conocimiento siempre le pertenece a alguien más.
Ahora el poder que teníamos la mayoría que aquí pertenecemos es aterrador.
— Poder controlar la energía que mueve todo, si, eso es sumamente aterrador— digo en susurro mientras muevo mi mano para tocar una planta y consumir toda su energía vital hasta dejarla marchita para posteriormente desaparecer envuelta en polvo.