Tengo las cuentas mal hechas de los dias que me sobran,
y estos recuerdos me cobran, de frios, en la garganta;
fue un verano de fuego, pero el alma esta helada,
fui un cobarde, me hinque ante el desastre con la vida empeñada,
por una moneda que no vale nada.
A veces uno se cansa de ser hombre, como decia el otro,
y se arrodilla porque el suelo es lo unico que no se mueve.
Pero que bella es la vida, carajo,
cuando despiertas y el mundo no te dispara de inmediato,
cuando el alba no es un peloton de fusilamiento en la ventana
y te deja un segundo, un respiro que la muerte no amara.
Porque despertarse vivo ya es un triunfo de guerra
en este cuarto donde el techo se te viene encima.
La mujer es el tesoro mas grande, el centro del mapa,
pero tambien el veneno mas letal del que nadie escapa;
es la cura mas dulce y la dosis mas brava,
el cielo en las manos y el infierno en la baba...
te besan la frente y te clavan el clavo,
son el unico Dios en el que creo y el demonio que alabo.
Tuve un sueño ingenuo de una vida lejana,
de largarme de aqui, de empezar de mañana,
en cualquier otra parte,
donde el sol no supiera mi nombre ni mis faltas.
Pero el sueño dio un salto, se volvio un desenfreno,
se fue tanto de mambo que terminó siendo ajeno.
Ahora el sueño vive en otra casa, tiene otros perros,
y yo lo miro pasar por la calle como quien mira a un extraño.
Y sigo aqui, contando los dias que no me pertenecen,
masticando este verano que me quema la boca,
siendo el dueño de una sombra que ya ni me sigue,
esperando que mañana, al abrir los ojos,
la vida de apretar el gatillo otra vez se olvide.
Me quede solo con el eco de un nombre que ya no reconozco,
un naufrago en seco, un perro que ya no ladra;
soy el inventario de un incendio que no se apaga,
la resaca de un sueño que se fue de de casa.
Me miro las manos y no son mias, son de un extraño,
uno que se arrodilla porque el aire pesa demasiado;
y espero que mañana, al abrir los ojos,
la vida se distraiga con otro idiota en otra parte,
se apiade de mi pecho y se olvide, por una vez,
de apretar ese maldito gatillo que me apunta desde el espejo.
Porque el sueño ya es de otro, tiene otra cama y otros besos,
y a mi solo me queda este rincon de mala muerte,
donde la noche es larga y la memoria no perdona;
aqui me quedo, con las cuentas mal contadas,
viendo como el destino guarda el arma por aburrimiento,
y me deja vivo... solo para que me duela mas el tenerte lejos...