Un Tequila Para Mi CorazÓn (ya en físico)

CAPITULO 2

Dicen que el destino es un benefactor contraproducente, es el que da buenas cosas como malas, él destino es el único que sabe que pasara y como pasara.

Como todas las tardes me sentaba en una de las mesas de la cafetería más conocida en la ciudad, al principio lo hacía por salir de mi zona de confort, pero en este caso es diferente, quería verle, aunque sea solo para admirarle desde lejos.

Los días pasan con rapidez y rendida deje de ir al local. Quien lo creería, apareció en mi vida para despertar algo que estaba más que dormido y escondido tras mis paredes de fantasía.

Pero si yo no creía en el destino o las casualidades, este día eso cambiaria.

Pase por una librería para comprar una edición original de Harry potter, no soy muy amante a esos libros pero soy una coleccionista por lo que me el gusto de gastar un poco de mis ahorros para comprarle la comida a mi cerebro.

Camino con sumo cuidado, tratando ver al frente, pero cuando estoy por alzar mi cabeza sobre la ruma de libros en mis manos, pero sin querer choco con alguien. Hojas blancas salieron volando por todas partes cayendo en la cera húmeda por la lluvia de esta mañana, mis amados libros cayeron al piso haciendo un ruido sordo. Casi caigo de nalgas pero unos brazos fuertes me tomaron con rapidez evitando que impacte contra la acera.

-¿Te encuentras bien?- pregunta una voz gruesa, alzo mi mirada para encontrarme nuevamente con aquella mirada azulada. Mi corazón palpita frenético, los nerviosismos emergen como torrentes de agua caliente. El al ver quien soy sonríe de lado- así que eres tú- murmura muy bajo.

-Ha bueno yo… fue sin querer no quería chocar contra a ti- el niega con una sonrisa apenada. “Es la sonrisa más hermosa que he visto”.

-No te preocupes, fue un accidente- ambos nos ponemos a recoger todo el reguero que hicimos, las personas nos miran con extrañeza pero siguiente su camino sin ponernos mucho cuidado. Cuando terminamos de tomar cada cosa, ambos nos quedamos mirando por un buen rato.

-Am, te gustaría tomar un café- pregunta minutos después.

-Yo, bueno si- acepto nerviosa, nos encaminamos hacia la otra acera y nos metemos en una cafetería llamada LA ROSEE. Nos sentamos en una de las mesas al fondo del local, pedimos dos capuchinos y algunas rosquillas.

-¿Y que hacías cerca de la empresa?- pregunta al rato lleno de un silencio incómodo.

-¿Qué empresa?- pregunto con extrañeza, el señala con su dedo y yo miro por el ventanal, dándome de cuenta del enorme edificio cuyo nombre es “Golden Bescossi”, frunzo mi entre cejo, antes de volver a mirar al hombre frente a mí.

-Acaso ese no es tu apellido- pregunto, el asiente.

-Es mi empresa, bueno… la de mi padre- dice con amargura. Me quedo observándolo, detallando cada fracción de su bello rostro, intentando descifrar lo que dicen sus ojos.

-¿Qué es lo que tanto odias?- pregunto arriesgándome a que se moleste y se aleje de mí.

-Odio que me obliguen hacer algo que no quiero, y mucho más sabiendo todo lo que se.

-Y qué es lo tanto sabes- el empieza a negar, pero poso una mano sobre la suya, sintiendo una vez más esa corriente eléctrica atravesando cada barrera impuesta. Su calor es como una dosis de droga, su perfume caro combinado con ese aroma a jabón de menta.

-Hace años, me había enamorado completamente de una mujer, ella lo era todo para mí, incluso nos íbamos a casar después de cuatro años de relación. Era tanto mi adoración por mi novia, que un día quise regresar mucho antes de lo previsto a Brooklyn, llevaba un mes fuera por cosas de trabajo, pero cuando llegue y la vi…- niega melancólico- no podía creerlo, no pida creer lo que mis ojos veían- el posa su otra mano sobre la mía que aun reposaba en la suya, la envuelve con ella y le da un leve apretón- no fácil perdonar un engaño, ni mucho menos superarlo. Pero soy lo suficiente maduro para entender la magnitud de las situaciones.

-Y que paso ¿rompiste con ella?

-No, lo hice, pero mi padre me obligo a que siguiera con lo planeado, ya que él y mi ex suegro unieron empresas y el trato era que ambos nos uniéramos como familia, al ya no haber boda, no hay trato ni ningún vínculo que nos una.

-¿Aun la sigues amando?

-Como podría amar a alguien que me ha estado engañando por cuatro años, no podría ni mirarla, pero ahora toca casarme aunque no lo quiera.

-Eres un hombre mayor, puedes decidir por ti no tienes que hacer lo que todos dicen o lo que tus padres dicen, no te pueden obligar hacer nada que no quieras Mariano.

-Es eso, o perder lo que por años he luchado, prefiero mil veces convivir con una mujer traicionera a que perder todo lo que tengo.

-¡Por supuesto, el dinero lo vale todo no!- digo molesta.

-Vivir entre comodidad y lujos es bueno…

-Aunque pierdas lo único bonito que tienes, pierdes tu amor propio, tu alma lo pierdes todo Mariano, es muy cierto, pero se te olvida que el dinero no trae la felicidad, ni mucho menos compra a el amor.

-Lo sé, pero que podría hacer, ya no me puedo negar ni retractar mi palabra- dice antes de levantarse.

-¿Y cuándo te casas?- pregunto, intentando retenerlo más tiempo.




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