Un torpe "secuestro"

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—¡Pero señor, por favor! ¡Déjeme quedarme solo hoy! —le supliqué de rodillas, con la dignidad colgando de un hilo—. ¡Le juro que le pagaré cuando tenga dinero!

—Eso llevas diciéndolo hace tres meses —me gruñó, sin mirarme.

—¡Pero señor! —gimoteé mientras, en un acto de desesperación inexplicable, le bajaba los pantalones.

—¡Oye, muchacho! ¡He dicho que no! —gritó él, forcejeando con su cinturón—. ¡Y súbeme los pantalones, degenerado! ¡Coge tus cosas y lárgate hoy!

No hubo juicio. No hubo apelación. Solo condena directa al exilio.

Bajé los escalones del edificio lentamente, como si estuviera descendiendo a los infiernos… o a una vereda que olía igual.

Cargaba una mochila con todas mis pertenencias, lo cual suena más trágico cuando te das cuenta de que incluía un tupper vacío, dos calcetines sin par, y una cuchara doblada que me negaba a tirar “por si acaso”.

Una vez en la vereda, solté el colchón como si fuera una declaración de derrota. Me senté encima y saqué el móvil.

Batería: 14%.

Créditos: 0.15.

Amigos disponibles: uno. Kalec.

Probabilidad de que Kalec me quiera en su casa: entre cero y “¿quién eras tú?”.

Suspiré.

Podía llamar. Podía.

Pero lo imaginé contestando con su voz seca:

“¿Qué quieres ahora, Sell?”, y decidí que prefería dormir en la calle a volver a escuchar ese tono de decepción pasivo-agresivo.

Guardé el móvil.

El mundo era un lugar frío. Literalmente. Porque el viento me tiró la mochila y me voló un calcetín.

La cuchara se mantuvo firme. Valiente.

—Plan de vida, plan de vida… —murmuré, mientras desenrollaba un papel arrugado que llevaba en el bolsillo.

Mi lista de planes de emergencia.

Todas las opciones estaban tachadas con rabia, café o lágrimas, probablemente las tres.

Pero al final de la hoja, en la esquina más arrugada, escrito con letras torcidas y desesperación mal disimulada, quedaba una sola idea intacta:

‘Plan Z — Secuestrar a alguien rico.’

Como si fuera la última neurona con esperanza.

Me reí; la idea se quedó pegada como chicle en el zapato.

Tonta, absurda… pero posible.

Era una mala idea. Pero las buenas nunca me habían funcionado.




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