Al día siguiente, la luz de Sicilia entró por mi ventana, pero mi mente seguía atrapada en la penumbra de la noche anterior. No podía comprender cómo aquel encuentro pudo ser un sueño. No, estoy segura de que él estuvo aquí. Podía sentir todavía el rastro de su voz vibrando en mi piel.
Mientras desayunaba con Cinthya, el silencio se volvió denso. Ella me observaba por encima de su taza de café, analizando cada uno de mis gestos.
—Salieth, stai bene? ¿Ocurrió algo? —su voz suave me devolvió a la realidad—. No dormiste bien, ¿verdad? ¿Hubo algún problema con la cama o la temperatura?
—No, no... todo está bien —mentí, aunque mis manos temblaban ligeramente sobre la mesa.
—Ti sento strana... Te siento extraña. ¿Segura que no te sucede nada?
—Estoy bien, de verdad. Solo estoy algo distraída.
—Bene, porque hoy tengo que irme a inscribir a la universidad. ¿Mi accompagni? ¿Me acompañas?
En ese instante, el peso de la realidad me golpeó. Mi propósito al venir a Italia era estudiar ingeniería, un sueño que se sentía lejano ahora que mi vida parecía un thriller. Recordé que mi madre ya me había inscrito en esa misma universidad, pero con un plan distinto: quería que fuera doctora. Tendría que decidir qué camino emprender, pero por ahora, solo quería salir de esa casa.
La Academia de los SecretosEl camino al campus fue sereno, pero yo no bajaba la guardia. Sentía su mirada, como si Zared fuera una sombra pegada a mi espalda. Al llegar, la universidad me dejó sin aliento. Era inmensa, con casilleros enormes y una arquitectura que gritaba opulencia; parecía un colegio para la élite más exclusiva de Europa.
Tras terminar los trámites, caminamos hacia una pequeña cafetería justo al lado del campus, llamada "Il Cuore d'Oro". El lugar era acogedor, con ese aroma a grano tostado y pastelería fresca que invitaba a la paz, pero la paz era lo último que yo tenía.
Cinthya seguía estudiándome. Finalmente, no pudo más.
—Salieth, dime la verdad. Cosa succede?
Suspiré, dejando la taza en la mesa.
—Seré sincera, Cinthya. Estoy metida en problemas. Sono in un mare di guai.
Su rostro cambió de una curiosidad genuina a una preocupación alarmante. —¿Qué clase de problemas?
—¿Conoces a... Zared D'velaro?
El nombre cayó como una bomba. El rostro de Cinthya se contorsionó por el horror. Vi el miedo puro en sus ojos, ese que solo el diablo puede inspirar.
—Tú... hai un patto con lui? ¿Tienes algún trato con él?
—No exactamente —respondí, intentando mantener la voz firme—. Solo cometí la osadía de besarlo... y de desafiarlo.
Cinthya se llevó las manos a la cabeza, angustiada.
—Sei pazza! ¡Estás loca! ¿No sabes que Europa le pertenece a este hombre? Sei fottuta... estás jodida.
La Intervención de BaredAntes de que pudiera explicarle más, el sonido de la puerta abriéndose con brusquedad detuvo nuestra conversación. Entró un hombre de paso firme y mirada arrogante: Bared, el primo de Zared. Se acercó a nuestra mesa con una confianza que rozaba el insulto.
Cinthya, en un acto de valentía que no esperaba, se puso de pie, interponiéndose entre él y yo.
—Che cosa cerchi? ¿Qué buscas? —preguntó ella con ferocidad.
Bared ni siquiera la miró. Sus ojos estaban fijos en mí.
—Ella no te incumbe —me tomó del brazo con una brusquedad que me hizo sisear—. Tu, vieni con me. Tú, acompáñame.
—¡Lasciala stare! —gritó Cinthya, y antes de que Bared pudiera reaccionar, le cruzó la cara con una bofetada sonora.
El rostro de Bared se giró bruscamente. El silencio en la cafetería fue sepulcral.
—Piccola bambola... contigo lo arreglaré después —gruñó él, volviendo su vista hacia ella.
¡ZAS! Otro golpe aterrizó en su mejilla.
—¿Quién te crees para llamarme así? —Cinthya estaba fuera de sí—. ¿Creen que porque son de la mafia pueden venir y llevársela así por así? Non lo permetterò! ¡No lo voy a permitir!
La rabia contorsionó los rasgos de Bared. —¿Acaso sabes quién soy? Io sono Bared D'velaro!
—¿Y qué esperas? ¿Que te tenga miedo al mayor mujeriego de Sicilia? No eres más que un don Giovanni que se escuda en el apellido de su primo para causar temor. Sei solo un cane! ¡Eres un perro!
—¿Me has llamado perro, mujer? —Bared estaba a punto de estallar de indignación.
—¡Lo eres! —sentenció ella.
El Regreso del DiabloPero antes de que la violencia escalara, el ambiente cambió. El aire se volvió pesado, eléctrico. Escuché esos pasos familiares. Firmes. Dominantes. Cada persona en "Il Cuore d'Oro" se quedó congelada, mirando hacia la entrada.
Ahí estaba él. Zared D'velaro. Su cabello pelirrojo era un faro de peligro bajo las luces del local. Se veía increíblemente sexy, pero emanaba una aura tan oscura que el tiempo pareció detenerse.
—Silenzio —ordenó. Una sola palabra bastó para que el mundo se detuviera.
Sus ojos buscaron los míos de inmediato. Una chispa de posesión brilló en ellos.
—Pequeña Amapola... —me dijo, ignorando a su primo y a Cinthya—. Continuerai a scappare da me, Salieth? ¿Aún seguirás volando lejos de mí, o asumirás las consecuencias por tu audacia?
Una risa involuntaria, casi divertida, escapó de mis labios.
—Entonces no lo imaginé... sí entraste a la casa anoche.
Zared arqueó una ceja, mostrando una sonrisa burlona y peligrosa.
—Sembra que hai una buona memoria, parece que tienes buena memoria. Pero los juegos se acabaron. Vieni con me. Necesito que vengas conmigo ahora mismo.
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Editado: 13.04.2026