Dicen que uno nunca olvida a la persona que le enseñó a amar sin miedo.
Yo sí amé sin miedo… aunque en el fondo siempre lo tuve.
Cuando la conocí no imaginé que iba a cambiar mi manera de ser. Yo siempre fui reservado, fuerte por fuera, callado por dentro. Pero con ella saqué sentimientos que ni yo sabía que existían. Me volví detallista, atento, soñador.
Con ella no era el mismo hombre que todos conocían.
Con ella era vulnerable.
Soñábamos en grande. Una familia, estabilidad, metas claras. Yo me veía creciendo a su lado. Me veía luchando por nosotros. Sentía que por primera vez alguien entendía mi esencia.
Y aunque ahora duela decirlo… fue real.
Lo mío fue real.