Después de la ruptura vinieron los mensajes cortos, los corazones reaccionados, las historias vistas.
Un corazón rojo que no decía nada… pero tampoco lo decía todo.
Cada notificación era una esperanza pequeña.
Cada silencio era una caída grande.
Hubo días en que quise llevarle flores. Otros en que escribí mensajes y los borré. Otros en que simplemente miraba el celular esperando algo que nunca llegó.
Y cuando me dijo que me bloquearía porque ver mis estados le abría heridas… entendí algo.
El amor no siempre se va por odio.
A veces se va por incapacidad de sanar juntos.