El silencio duele.
Pero también enseña.
Aprendí que no se puede obligar a nadie a quedarse.
Aprendí que el amor propio no es orgullo… es supervivencia.
Ella empezó una nueva historia. Yo empecé una nueva mentalidad.
No siento rencor. No la odio.
Más bien siento pena por cómo terminaron las cosas.
Si mañana no escribe, entenderé que está mejor.
Y si escribe, responderé con respeto… pero sin esperanza.
Porque entendí que las personas buscan cuando necesitan, pero cuando están bien, muchas veces olvidan quién fue su hombro.