Un día podré verla sin que mi mente se quiebre.
Un día diré:
“Lo superé, gracias a Dios.”
No niego que la amé.
No niego que dolió.
No niego que lloré en silencio.
Pero tampoco niego que sobreviví.
Y eso vale más que cualquier historia que terminó.
Ella fue un capítulo.
Mi hija es el libro completo.
Y yo…
Yo soy el autor que decidió no rendirse.