Un tropiezo en el tiempo

~5~

A las dos y media, Noah estaba sentado junto a Seraphine mirando el armario. Se había puesto la ropa con la que había llegado, listo para regresar al futuro. O más bien a su presente.

Los viajes en el tiempo eran claramente complicados.

Su mente se fue inevitablemente a cuando Hannah y él iban a observar eclipses. Se sentaban en una manta que colocaban sobre el suelo, llevaban bebidas y esperaban con paciencia a que algo ocurriera en el cielo.

Sin embargo, no había eclipse esta vez.

Había un armario.

Uno enorme y ligeramente inquietante que, por desgracia, aún no emanaba brillo alguno ni parecía tener intención de hacerlo.

Noah suspiró mientras observaba las puertas abiertas. Nunca imaginó que podría pasar tanto tiempo mirando un mueble sin aburrirse. Aunque, la verdad, la posibilidad de quedar atrapado permanentemente en otro siglo ayudaba bastante a mantener el interés.

Seraphine, que parecía ser la persona más perceptiva del mundo, le tomó el brazo con dulzura.

—El portal se abrirá.

Noah volvió la cabeza hacia ella y sonrió apenas.

Tenía una tranquilidad extraña. Incluso cuando hablaba de algo completamente imposible, lograba hacerlo sonar razonable.

—¿No quiere venir conmigo?

Seraphine negó lentamente con un suspiro.

—Quiero, pero no debo —dijo con pena en los ojos—. Su Majestad pondría el grito en el cielo y empezarían a rodar cabezas inocentes. Debo casarme y asegurar el bienestar de las personas.

Noah ladeó ligeramente la cabeza, pensativo.

Seguía sin acostumbrarse a escuchar a alguien hablar del matrimonio como si fuera una sentencia inevitable.

—¿Y se casaría solo para asegurar el bienestar de otros?

—Es mi deber —respondió ella con una calma admirable.

Noah frunció apenas el ceño.

—¿El deber está por delante de su felicidad?

Seraphine bajó la mirada un instante.

—Mi madre solía decir que no —admitió con un dejo de tristeza—. Ella fue feliz el día que mi padre murió, aunque fue infeliz al ver en lo que mi hermano se había convertido. Una copia del difunto rey.

Noah soltó el aire lentamente.

—¿Y usted qué cree?

—Que no quiero huir y vivir con el remordimiento de que Daemon, al igual que el resto de mis criados, perderán la cabeza por mi desaparición.

Noah miró hacia el techo.

Veinticuatro horas.

Solo eso había necesitado para encariñarse con ella.

Era dulce, bondadosa y divertida. Y lo peor era que ni siquiera parecía darse cuenta de ello. Noah había conocido personas encantadoras antes, claro, pero Seraphine tenía algo diferente. Quizá era la forma en que sonreía cuando hablaba del futuro. O cómo intentaba parecer fuerte incluso cuando claramente estaba asustada.

Por eso no quería irse sabiendo que podría dejarla atrapada en un destino horrible.

¿Qué dirían los libros de historia sobre ella?

Podría investigarlo cuando regresara. Buscar nombres, fechas, cualquier cosa. Google probablemente tendría respuestas. Aunque también le aterraba encontrar algo espantoso.

Y si ella atravesaba el armario… ¿Qué pasaría con la historia? ¿Cambiaría todo?

Noah lamentó no haber prestado más atención en las clases de historia. Conocía la parte artística, la parte “aesthetic”, pero no era lo suficientemente culto como para recordar nombres de reyes, príncipes o conflictos políticos.

En retrospectiva, debería haber pasado menos tiempo viendo memes y más estudiando monarquías.

—Comprendo —murmuró finalmente—. Voy a extrañarla, Su Alteza.

Seraphine sonrió con suavidad.

—Yo también voy a extrañarlo.

Y por alguna razón, escuchar eso le produjo una presión incómodamente cálida en el pecho.

—¿Y si me visita cada tanto? —preguntó ella entonces—. Podría traerme algo de su época y enseñarme a usarlo.

Noah soltó una risa, encantado.

—¿Y se me visita usted?

—Bueno, creo que sería divertido ir un par de horas al futuro —rio también y luego abrió los ojos grandes, emocionada—. Podría enseñarme a usar unas de esas… mmm… ¿cartas rápidas?

Noah sonrió inevitablemente.

—Teléfonos.

—Teléfonos, sí —repitió con entusiasmo—. ¿Y podría vestirme como una mujer de su época?

—Sería muy necesario que lo haga porque con su vestido chocaría con todos mis muebles —respondió conteniendo la risa—. Donde vivo es igual de grande que esta habitación.

Seraphine abrió la boca, preocupada de inmediato.

—¿Es pobre? ¿Quiere que le ayude con algo?

Noah la miró con absoluta incredulidad.




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