Un tropiezo en el tiempo

~6~

Para las tres y media, las esperanzas se habían extinguido.

Seraphine miró con pesar cómo el aura de Noah se tornaba cada vez más azul. Y sus ojos estaban tan apagados que a ella se le había encogido el corazón de una forma incómoda y persistente.

No estaba acostumbrada a sentir tan intensamente las emociones ajenas. Las percibía, sí, siempre lo hacía, pero había aprendido a mantener cierta distancia para no ahogarse en ellas.

Con Noah era diferente.

Tal vez porque estaba completamente solo en un siglo que no le pertenecía. O quizá porque él tampoco hacía mucho esfuerzo por esconder lo que sentía.

Así que Seraphine decidió actuar antes de que aquel pobre hombre terminara convenciéndose de que jamás volvería a casa.

Se puso de pie con decisión, le extendió la mano y cuando él se la tomó y se levantó, señaló la ropa de guardia doblada sobre la silla.

—Cámbiese, vamos a salir.

Noah la miró confundido, como si acabara de decirle que iban a luchar contra un dragón.

—¿Qué?

—Voy a mostrarle algo.

—¿Puede salir en la madrugada?

Seraphine sonrió apenas.

—Vivir lejos de la ciudad le permite a una tener cierta libertad. Además tengo a Daemon, él nos cubrirá.

Noah asintió lentamente, aunque seguía viéndose algo perdido. Y triste. Mucho más triste de lo que ella podía tolerar.

Como no se movió, señaló el tocador con impaciencia.

—A cambiarse, ahora mismo —insistió, aunque con dulzura.

—Sí, lo siento… yo… —soltó el aire y negó con la cabeza—. Vuelvo enseguida.

Seraphine lo observó desaparecer detrás del biombo y suspiró.

Pobre Noah.

Ni siquiera parecía capaz de fingir que estaba bien.

Apenas lo perdió de vista, tomó su capa negra y se la colocó sobre los hombros. No iba a ser la primera vez que hiciera una escapada nocturna, así que sabía perfectamente cómo camuflarse. Había perfeccionado aquella habilidad con los años. Primero para escaparse de niña a observar luciérnagas. Después para visitar su refugio y practicar magia lejos de ojos peligrosos.

Cuando Noah regresó, todavía acomodándose el cinturón del uniforme, ella le hizo una señal para que la siguiera.

Abrió la puerta despacio.

Daemon giró apenas la cabeza hacia ellos y Seraphine le dedicó una sonrisa inocente que jamás lo engañaba, pero que aun así seguía usando.

—Necesito que me cubra.

Daemon observó a Noah unos segundos.

—Aún sigue aquí —murmuró.

—Sí, y necesitamos encontrar una solución —respondió Seraphine con impaciencia—. Cúbrame, volveremos antes del amanecer.

Daemon guardó silencio un instante. Luego simplemente asintió y se hizo a un lado.

Su deber era protegerla, sí. Pero también interponerse en la puerta cuando ella no estaba y decir, con expresión intimidante, que Su Alteza no deseaba recibir visitas.

Era excelente en ambas cosas.

Tenía otros guardias, por supuesto, pero ninguno como Daemon. Ninguno tan leal.

Y, sobre todo, ninguno tan resistente.

Seraphine había encontrado la forma de que Daemon aguantara como un roble durmiendo apenas un par de horas diarias, y todo gracias a una magnífica poción a base de plantas y magia.

Y quizá un poco de terquedad natural de Daemon.

Si alguien había notado que aquello no era precisamente normal, no lo había comentado. Probablemente porque Daemon era alto, fornido y perfectamente capaz de asesinar a un hombre antes de que este tuviera tiempo de experimentar miedo.

Finalmente salieron al exterior con sigilo.

El aire nocturno estaba frío y húmedo, impregnado del aroma de la tierra y las hojas. Seraphine guió a Noah por senderos donde la luna apenas se filtraba entre las ramas.

Él iba demasiado callado.

Con una mezcla de miedo, incertidumbre y tristeza tan intensa que a ella le daban ganas de envolverlo en una manta y obligarlo a dormir durante una semana.

De hecho, el malestar que desprendía era tan pesado que Seraphine inhaló profundamente el aire fresco de la madrugada intentando despejarse.

—¿Está bien? —preguntó Noah en un susurro.

Ella giró apenas la cabeza hacia él.

—Maravillosamente. Solo que tiene demasiada carga negativa y por alguna razón no puedo ignorarlo.

Noah frunció el ceño, claramente confundido.

Todavía no entendía completamente cómo funcionaban sus dones.

Antes de que pudiera preguntar algo, Seraphine le tomó la mano y comenzó a correr, tirando suavemente de él.

—Le explico cuando estemos seguros —prometió.

Noah no se opuso. Ni siquiera protestó cuando una rama casi lo golpea en el rostro.




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