Un último universo donde encontrarte

La científica busca soluciones. El barrio, más oscuro de la ciudad de nombre Versailles.

La científica busca soluciones. El barrio, más oscuro de la ciudad de nombre Versailles.

Soy el doctor Lucius Diego Gunnes y tomó cualquier caso de esos que ni la gracia del universo podría defender. Claro que debe pagar buenos honorarios por ello.

La niebla en este Versailles de pesadilla olía a ozono y hierro oxidado. Un barrio fuerte y perdido considerándose el más bajo dentro de la llamada zona de peligro. Sitio en el cual hubo una terrible contaminación de leprosis, una variante de una enfermedad antigua llamada tuberculosis. Allí nadie trataba a esos enfermos que por cuestiones de clase social baja eran desterrados allí.

Entre los tubos de vapor que exhalaban suspiros calientes, Lucius hojeó las páginas marchitas de su código a fin de buscar algunas tretas para un pago, una biblia de sentencias donde cada cláusula firmada convocaba a una legión de sombras hambrientas. A su lado, adherida a los muros metálicos repletos de manómetros y válvulas, una especie caminaba sigilosa ajustó su postura arácnida. Sus ojos múltiples brillaron en la penumbra, cazando el parpadeo de los espectros que acechaban en las esquinas.

En este universo donde las leyes ya no protegían a nadie, su ciencia y su oscuridad eran lo único que se interponía entre el olvido.

Lucius se dirigía a toda prisa a encontrarse con un cliente. Un viejo y terco empresario que no era de poca monta, pero tampoco alguien a quien fiarle. Tenían que encontrarse en un juzgado para unos requisitos de abono de deudas que el viejo poseía con ciertas entidades. Era un ser que debía más de la cuenta, pero los servicios de Gunnes eran eficaces a la hora de negociar.

Lucius traspasó el puente metálico y se dirigía a una casona en la cual estaban los juzgados de la ciudad de turno. Un complejo con jueces de paz que impartían todo tipo de sentencias.

Se detuvo en la puerta. El cielo nocturno de la polución atmosférica y la falta de claridad hicieron que las luces de electricidad consumieran más de la cuenta. Existían partes en el planeta que sumieron luego de la reducción de la estrella a la que se conocía como sol se produjo.

Lucius ahora camina pasando de un puente colgante a otro y viceversa. Algunas personas salían de la puerta principal de los juzgados y otras ingresaban. Colegas como él pasaban. Uno que otro saludo siempre era preciso, aunque no para él. En el ambiente era un paria de esos que lidian en los barrios pobres. Su anarquía y la defensa de los criminales de esos barrios aturdidos y sobre todos el de Versailles fueron causales de que su figura decayera entre compañeros y colegas de universidad. –

El sombrío aspecto que adquirió también le dio una fama sangrienta y especial como abogado de los demonios y de los muertos. Alguien expresó:

  • Les juro sus ojos negros y amarillos y una sombra detrás de un hombre sonriente y su traje oliendo a lavanda, naftalina y carbón quemado con un vapor oscuro. – Eran solo leyendas para decir que era un malviviente que defendía las peores miserias de la sociedad. Pobres, prostitutas, anarquistas, sentenciados a crímenes y otras basuras que la ley ya no acepta en la actualidad con el nuevo orden mundial que reduce la población por cuestiones de recursos con mentiras. -

El doctor verificó su móvil al sacarlo de su bolsillo. Algunos mensajes y nada del otro mundo. Hasta que vió uno en especial

  • Maldita sea! –
  • Estimado Sr. Gunnes…no olvide de colocar al día la morosidad de su matrícula.
  • Doctor Gunnes… reitero el pedido de pago de los haberes de la renta habitacional de la casilla n° 15 del distrito oficial X.

El rostro de Gunnes se modificaba a medida que iba pasando esos mensajes de acreedores que intentaban lidiar con un tipo al cual les costaría encontrar. –

  • Bueno eso es todo..!UF! - Se dijo aliviado dejando caer los hombros por la tensión. –
  • Click..! – Mensaje nuevo
  • ¿Otro? - ¡Hmm! Apenas me dan ganas de abrirlo. -
  • Doctor Gunnes… Credi peste… no ha verificado su pago de los siguientes rubros –
  • IOhnooo! ¡¡Basttaaa!! - Uf -Y guardó su móvil. Y luego acto seguido colocó sus manos en los bolsillos. – No tengo ni para un café - Se lamentaba. –
  • ¿Mira allí.?
  • Es el abogado sombrío
  • No te le acerques.. huele a basura.
  • Miren ..es el fracaso de GunnesLucius Diego.. – Pasaba otro abogado de buen traje que iba directo a su vehículo flotante. –

Un niño pasaba con su madre y esta le dice.

  • ¡No lo mires! ¡¡Es un criminal!!
  • Su cabello es grasoso
  • Dicen que esta pelado, pero su cabello lo peina hacia dentro
  • Tiene cicatrices. –
  • Su voz tiene aliento a vino barato
  • A pollo podrido.

Él hacia oído sordos a todos los elementos de palabras de cada ser que pasaba.

  • ¡Va! Por eso no quiero venir aquí. – Éste idiota de Murdock..¿Dónde te metiste?

Las personas continuaban mirando. El doctor Gunnes era, es, y será un espectáculo viviente de blasfemias y otros apelativos diferentes al señor de las sombras, criminal de demonios, bastardo de la pobreza. Y demás..Pero en el bajo mundo se lo conocía como, el infecto. La misma palabra lo describía como algo contaminado con virus y bacterias. Había muchas amenazas entre ella un virus mortal mundial al cual estaban en una carrera por tratar de liquidarlo que transformaba a las personas en seres monstruosos y deformes y zombismo, y luego las tuberculosis que pasó de era en era y la llamada leprosis. Las autoridades decían que la primera de todas esas venía de allí y pensaron en amurar y construir paredes para cercar a las personas y dejar que mueran entre ellas.

Gunnes estaba al tanto de ello y se adelantó a conseguir información para ingresar un reclamo a fin de poder paralizar aquella atrocidad. Claro que según las voces era otro método despiadado y pago de los medios jerarcas que mandaban en el bajo mundo para dejar que se siga propagando esa mortal afección para desestabilizar al gobierno de turno. El rostro de Lucius lo decía todo. Y él como abogado era capaz de todo.

  • ¿HeyGunnes…? - ¿Cómo te trata la vida? – Se acerca un abogado empresario de dientes sonrientes con una mujer a su lado. –
  • ¡Harper! - ¿Supongo?
  • ¿Qué no me conoces? – Muevo el mundo de las leyes. – pronto haremos pedazos ese barrio podrido. –
  • Estimo que no le debe quedar mucho.
  • Se te irán esos clientes, que no tienen razón de ser como tú, amigo de la pobreza.
  • Gracias por las palabras, pero no soy tu amigo – Responde seriamente. –
  • ¡Vaya que posees un olor rancio! – Confesó la mujer que estaba al lado de Harper Crimson de nombre y apellido, Etelvina Morise. Una empresaria que disfrutaba de comprar complejos para construir. – Quiero parte de ese barrio. – Le dijo a una distancia de un metro. – Con arrogancia en su rostro. Ella una dama de cabello oscuro largo y ojos colocar café con un vestido morado y un sombrero y Harper con un traje de lienzo gris. –
  • Será mejor que nos vayamos. Tenemos en breve el almuerzo con los Codigan. – Dijo Harper y eso llamó la atención de Gunnes
  • ¿Los Codigan? – Se preguntó. – La familia de magnates de la ciudad. -
  • Retirémonos querido – Expresa Etelvina. –
  • Bueno Gunnes, ten un día apreciable. – Saluda Harper. Morise apenas lo mira. –




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.