Un valle sin fin

CAPÍTULO 3 - El peso del orgullo y la libertad del perdón

Ha pasado tanto tiempo desde esa última discusión que tuviste; desde esas últimas palabras que, sin querer, hirieron a un ser querido o a un amigo. A lo mejor esa persona ya no recuerda lo que pasó ese día, o a lo mejor aún lo recuerda con exactitud.

El término "perdonar" no es muy usado en la actualidad. A lo mejor es por orgullo, o simplemente porque no nos importa. Como seres humanos hemos demostrado que somos muy egoístas en nuestras decisiones: no pensamos en el daño que le podríamos ocasionar a los demás, solo nos enfocamos en cómo nos sentiremos nosotros. Pero, aun así, siempre fallamos en esa decisión.

El perdonar hace que se cree una nueva oportunidad, un nuevo cambio. Hace que se abran nuevos caminos que te pueden llevar a la felicidad que siempre has buscado.

Hay ocasiones en las que me pongo a pensar en qué hubiese ocurrido si tan solo hubiera pedido perdón. Si tan solo me disculpaba con esa persona.

Creo que me quedaré con las ganas de saber qué pasaría, y no porque no quiera hacerlo, sino porque ahora ya no puedo: el tiempo se fue tan rápido que perdí la oportunidad de arreglar ese problema.

Perdí más de lo que pensé.

Hay que saber qué tan importante es una persona para nuestras vidas; qué tanto puede influir el hecho de que ya no esté alguien con nosotros. Hay que pensar en cuánto nos va a afectar el hecho de que esa persona ya no esté disponible para nosotros.

Pero nunca pensamos en eso; siempre pensamos en que llegará alguien mejor, pero nunca es así.

Nadie es reemplazable.

Cada uno en este planeta tiene algo especial, algo que lo diferencia de los demás. Cada persona es importante en este mundo.

Nadie merece morir, nadie merece ser infeliz. Todos merecemos lo mejor, y no importa qué es lo que hayas hecho en el pasado: todos merecemos una segunda oportunidad.

Nadie es Dios para juzgar y decidir lo que pasará con otra persona; nadie tiene ese poder, aunque algunos piensen que sí.

Y aquí viene la pregunta más sencilla que me han puesto:

¿Un asesino, un criminal, alguien que ha cometido el peor de los actos... merece vivir?

Mi respuesta es sí.

¿Por qué? A pesar de todo, yo creo que hay cambios. Pienso que nadie debe morir, aunque ellos mismos se arruinen la vida por las acciones que hicieron.

El verdadero castigo ya se lo están poniendo ellos: ya no pueden salir libremente, caminan con miedo, actúan por miedo.

Simplemente se equivocaron. Se equivocaron y no se perdonaron, y es por ello que siguen actuando de mala manera.

Pero los cambios existen.

Hasta en los desiertos también nacen plantas.

Pero también digo que las oportunidades no se dan, uno mismo se las tiene que ganar. Uno mismo es el que crea ese cambio.

Solo tienen que perdonar y amar a los demás.
Solo tienen que cambiar lo malo y dejar lo bueno de su persona.
Solo necesitan volver a nacer.

"El perdón no cambia el pasado, pero es la única fuerza capaz de liberar el futuro de
las cadenas del arrepentimiento."




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