Un día, Mateo decidió emprender un viaje con sus cuatro mejores amigos y su novia, Valeria. Al inicio del trayecto, Mateo rebosaba de felicidad por todas las aventuras que podrían vivir en el camino.
Comenzaron con los preparativos: Mateo, Valeria, Daniel, Lucas, Javier y Sofía compraron provisiones, comida, ropa y diversos objetos para divertirse.
Subieron a la camioneta y pusieron el motor en marcha. Antes de entrar a la autopista, Mateo decidió detenerse para llenar el tanque de combustible, ya que estaba casi vacío.
Al terminar, Mateo les pidió si podían apoyarlo cooperando con algo del dinero que gastó en la gasolina. Daniel, Lucas y Sofía accedieron de inmediato, pero Javier comentó que no traía demasiado dinero para ayudar. Mateo, aunque un poco molesto por el gesto de Javier, le respondió que no había problema y que era momento de iniciar el viaje.
Manejó por un corto periodo de tiempo hasta que, por fin, llegaron a la zona de acceso.
Antes de ingresar a la vía principal, notaron algo peculiar: un letrero enorme que advertía:
«5 retornos próximos antes de entrar a la autopista»
Confundidos por el mensaje, Mateo se detuvo ante un oficial que custodiaba una pequeña caseta:
—¿Qué significa ese letrero, oficial? —preguntó Mateo con un rastro de nerviosismo.
—Es solo una advertencia —respondió el oficial—. Estos cinco retornos son su última oportunidad. Una vez que pasen el quinto retorno y entren formalmente a la autopista, no habrá manera de regresar. Asegúrense de que su auto esté en perfectas condiciones, porque una vez dentro, la ruta es sumamente extensa y será casi imposible que alguien los auxilie. Allí no funciona ningún aparato eléctrico ni los GPS. Además, esta autopista tiene algo especial; ustedes mismos se darán cuenta. Solo recuerden: está en ustedes si deciden seguir avanzando por estos retornos o si prefieren regresar a la ciudad antes de entrar.
Intrigados por el misterio, el grupo decidió avanzar por la zona de acceso, no sin antes agradecer al oficial por explicarles un poco. Manejaron un rato por esta vía previa hasta encontrar un nuevo letrero que decía:
«Primer retorno a 20 kilómetros»
En ese momento, todos estaban felices; Daniel y Lucas pensaban que lo dicho por el oficial era solo una tontería, un mito de pueblo para asustar viajeros. Sin embargo, al continuar manejando hacia la entrada, notaron una fila interminable de autos.
Mateo, confundido, decidió preguntarle a otro chofer que estaba detenido en la fila de espera:
—Disculpe, ¿sabe por qué estamos todos parados aquí antes de entrar?
—¡Claro! Todos estamos esperando el primer retorno. Estamos ansiosos por saber qué pasará. Ustedes saben que esta autopista es especial, ¿no? —respondió el hombre del otro auto.
—Sí, el oficial nos mencionó algo similar, pero aún no entendemos qué sucede aquí en los retornos —contestó Mateo.
—Entiendo. Solo no se desesperen. Cuando lleguen ahí, se darán cuenta. Es algo mágico que les cambiará la vida antes de que tomen la decisión de entrar a la autopista definitiva —contestó el chofer.
—Okey, gracias por su explicación —le respondió Mateo confundido.
Después de unas horas, por fin llegó el momento de pasar por aquel primer retorno. Antes de cruzar, Mateo notó que muchos autos decidían dar la vuelta y regresar a la ciudad.
Un gran cartel les dio la bienvenida:
«Bienvenidos al primer retorno; será su decisión seguir avanzando hacia la autopista o regresar en este momento».
Al cruzar la línea del retorno, el auto se detuvo en seco sin motivo alguno. De la nada, apareció un letrero flotante:
«La verdad es la clave de una vida perfecta».
Pasaron cinco minutos en silencio, hasta que Lucas rompió el hielo con una confesión dolorosa:
—Mateo... Hace tres años, yo fui cómplice de los tipos que le robaron su mascota.
Mateo lo miró, incrédulo.
—¿Es verdad lo que me estás diciendo, Lucas?
—Sí, amigo —respondió él con la mirada baja—. Realmente lo siento mucho, pero en aquel momento apenas te estaba conociendo y pensé que no te importaría tanto.
Mateo sintió un nudo en la garganta.
—Me veías llorar desesperado, Lucas, y tú solo me decías que todo estaría bien. ¿Por qué no me ayudaste?
—No quería tener problemas con esos tipos. De verdad lo lamento.
—Está bien —dijo Mateo con frialdad—. Pero necesito que te bajes. No puedo iniciar este viaje sabiendo que mi supuesto amigo me traicionó o no me ayudó cuando más lo necesité. Vete a pie o pide un aventón de regreso a la ciudad, pero de mi parte ya no quiero que sigas aquí.
Lucas bajó del auto. Mientras veía a la camioneta alejarse hacia el siguiente punto de control, una voz suave y tranquila le dijo:
«La verdad es la clave de una vida perfecta, necesitas encontrar la llave para abrir la puerta de la felicidad».
Lucas comprendió que la autopista hacía que las personas hablaran con sinceridad y regresó a la ciudad; a lo mejor con un amigo menos, pero con un gran conocimiento.
Dentro de la camioneta quedaban cinco personas avanzando por la zona de acceso. Mateo miró a Valeria y preguntó:
—¿Tú sí has sido sincera conmigo, Vale?
—Claro, yo jamás te mentiría. Sabes que puedes confiar en mí respondió ella dándole un pequeño beso.
Kilómetros después, apareció el cartel:
«Próximo retorno a 2 kilómetros».