Corría el año 2019, inicios de mi preparatoria; para ser más específico, eran inicios de noviembre. Yo tenía un mejor amigo en ese momento —no quiero decir su nombre por privacidad—, pero él, desde la secundaria, fue como mi hermano de sangre.
Jugábamos videojuegos juntos, nos íbamos juntos de la casa a la escuela y viceversa; éramos prácticamente un dúo inseparable.
Él era igual que yo, era un chico tranquilo, solo que a él sí le llamaba mucho la atención eso de socializar. No era algo que me desagradara, al contrario, me sentía muy feliz de que intentara hacer nuevos amigos. Yendo un poco más rápido, a él le empezó a llamar la atención eso de las relaciones a distancia; algo que estaba muy de moda en ese momento.
Yo sabía que él simplemente estaba jugando, ya que tenía a varias chicas en su celular; siempre me enseñaba fotos de cada chica que conocía. Desde ese momento empecé a notar que él estaba siendo un poco diferente a como era siempre.
No sé si lo hacía solo por encajar o porque realmente estaba cambiando su personalidad, pero simplemente notaba que me hacía a un lado. Yo no era ese chico que traía fotos de chicas en mi móvil, y él con sus otros amigos se intercambiaban fotos; como yo no traía nada, me hacían a un lado.
Debo admitir que en ese momento sí me empecé a sentir un poco mal, ya que veía cómo mi gran amigo me estaba desplazando.
Muy probablemente solo era mi mente la que creía eso, pero realmente sí me sentía un poco mal.
Pasaron los meses y un día mi amigo me muestra la foto de una chica.
La verdad es que la primera vez que observé esa foto, sentí algo raro en mi cuerpo, como un escalofrío y una alegría inexplicable. Le pedí que me la volviera a enseñar y la segunda vez que la vi, mi mente se quedó totalmente en blanco.
La verdad aún no sé por qué pasó eso.
Recuerdo que ese día llegué a mi casa, tomé un baño y, mientras el agua caía, yo mismo me pregunté:
«¿Te imaginas que esa chica sea tu novia?».
Pero automáticamente me respondí:
«Es algo imposible, ya que ella es la novia de mi amigo».
Así que, rápidamente, me saqué la foto de la cabeza; yo sabía que era algo imposible que pasara. Pasa una semana y mi amigo me hace una pregunta:
—Oye, ¿te cae bien mi novia?
Yo, un poco confundido, le respondí:
—¿Por qué lo dices?
—Es que ella me preguntó si no te molestaba que estuviera jugando videojuegos con nosotros —me respondió él.
—Ah, entiendo... pues no, no me cae mal —le respondí.
Fue así que mi amigo cambió de tema y esa plática quedó en el olvido. Pasaron los meses y la verdad es que esa chica ya la había sacado de mi cabeza; prácticamente ya no sabía ni que existía. Pero un día, todo cambió. Ella me mandó un mensaje.
Recuerdo que era un 22 de julio de 2020. Su primer mensaje fue un: «Ey, niño». Debo admitir que en su momento fue algo muy gracioso. Yo, amable, le respondí preguntándole quién era, y ella me dijo que era la novia de mi amigo.
Un poco confundido, le pregunté qué era lo que quería y me respondió que solo quería saber qué pasaba con mi amigo, ya que llevaba días sin responderle. Yo le expliqué que él se había ido de viaje desde hace un mes y que en el sitio donde estaba no había buena señal. Ella me dio las gracias, pero al final me hizo una pregunta; una pregunta que fue la causante de todo lo que estaba a punto de ocurrir.
Me preguntó:
—Oye, ¿y cómo es él en persona?
Yo le respondí preguntando a qué se refería, si a su físico o a su comportamiento. Ella me dijo:
—Pues cómo es su comportamiento. Físicamente ya sé cómo es; me gusta mucho su cabello y cómo se lo pintó.
Yo le respondí que él era una muy buena persona y muy gracioso. No le comenté nada sobre que tenía a más chicas en su celular, pero la verdad me causó mucha curiosidad eso que me dijo al final. Cuando vi que mencionó que se había pintado el cabello, fue ahí que empecé a dudar, ya que yo sabía que él nunca se pintaría el cabello. Así que le respondí:
—Mándame una foto, me da curiosidad ver cómo se ve con el cabello pintado.
—No —me respondió ella—, él me dijo que no le pasara las fotos a nadie.
Yo, un poco confundido, le seguí insistiendo hasta que al final accedió. Debo decir que cuando me mandó la foto y la vi, me sentí muy decepcionado por mi amigo. Yo sabía que solo estaba jugando con las chicas y que buscaba que le mandaran fotos, pero jamás pensé que las engañaría mandándoles fotos de otra persona. Y lo peor es que la persona de la foto era otro amigo que yo tenía.
Yo nunca apoyé eso de jugar con las chicas, pero nunca se lo dije porque pensé que ellas también estaban jugando con él, pero lo de la foto, la verdad, sí se me hizo muy poco ético de su parte.
En ese momento pasaron muchas cosas por mi cabeza. Realmente no sabía qué hacer: si decirle la verdad a su novia o dejar que mi amigo siguiese engañándola. Pasaron unos minutos y por fin me decidí. Decidí no decirle la verdad.
Solo le respondí que se veía muy bien mi amigo y que me sorprendía que se pintara el cabello. No tenía pensado contarle nada, pero con lo que ella me respondió, cambié de decisión.
Ella me comentó que estaba muy feliz ya que mi amigo era muy divertido y atractivo; me dijo que tenía pensado ir a verlo porque quería conocerlo en persona.
En ese momento me sentí muy nervioso. No entiendo por qué, ya que el problema no iba a ser mío sino de mi amigo.
Pensé en no decir nada, pero rápidamente supuse que, si no le contaba la verdad, muy probablemente mi amigo se metería en muchos problemas más adelante.