¿Qué es mentir?
La realidad no siempre es un sistema binario de «blanco o negro» (verdad o mentira), sino que existe un terreno gris en el medio.
Muchas veces, no decir la verdad no significa necesariamente inventar una historia. Se puede «no decir la verdad» simplemente callando partes cruciales. En este sentido: mientes al dar una impresión falsa y no dices la verdad porque ocultas la totalidad de los hechos.
La paradoja de Epiménides (o la paradoja del mentiroso) nos dice que, si alguien dice «estoy mintiendo», ¿dice la verdad o miente?
Al decir que «ni miente ni dice la verdad», la persona se sitúa en un espacio donde la lógica se rompe, invalidando cualquier juicio que quieras hacer sobre sus palabras.
Usar el humor o el sarcasmo para no mostrar lo que realmente piensas es inteligente. Si nadie sabe cuándo hablas en serio, nadie puede usar tus palabras en tu contra. No es que quieras engañar a la gente por maldad, es que simplemente no quieres que todo el mundo tenga acceso a tu «verdad».
Esto describe perfectamente el equívoco: el «Área Gris».
No estás inventando un universo paralelo (mentir), pero tampoco estás abriendo tu corazón o dando los datos exactos (decir la verdad). Te quedas en ese punto medio donde, si te descubren, puedes decir que «técnicamente» no mentiste; y si te creen, te guardas la satisfacción de que no conocen toda la historia.
Si tú le dices a alguien algo que no es ni verdad ni mentira, esa persona tiene que pensar, tiene que analizar el contexto y decidir qué creer.
Es una forma de «entrenar» a los demás para que no sean perezosos mentalmente.
Vivimos en una época de respuestas rápidas y titulares de dos líneas. Muchos amigos intentan «salvarte» dándote la solución o diciéndote qué hacer, pero eso en realidad te hace dependiente.
Un amigo o conocido al no darte un consejo, él no va a moldear tu forma de ser, te dio la responsabilidad (y el poder) de ser el arquitecto de tu propia personalidad.
Si tú moldeas tu forma de ser, nadie puede venir a decirte quién eres. Pero, si tú eres quien moldea su propia forma de ser, tienes que aceptar la autoría de tus fallos.
Es más doloroso que fallar siguiendo el consejo de otro, pero es lo único que te permite cambiar de verdad para el año siguiente.
Cuando te analizas tanto a ti mismo, es normal tener bajones. Reflexionar cansa. Ver partes de ti que no te gustan genera frustración, pero esa misma incomodidad es la que te empuja a no quedarte estancado.
Cuando estás en «fase de construcción», a veces tus reacciones son crudas o impulsivas.
Es muy común que, en ese proceso de autoconocimiento, la gente confunda tu necesidad de espacio con desinterés. Como ellos no están en tu cabeza, interpretan el silencio como un rechazo personal, cuando en realidad es solo tu forma de «recargar baterías» o procesar tu tristeza.
"La vida no se mide por cuánto dura, sino por cuánto 'espacio' eres capaz de crear dentro de ella para encontrarte a ti mismo."