Un verano contigo

10. Capitulo

"La sal lo cura todo, menos lo que rompimos esa noche."

El silencio después de la tormenta de nuestros cuerpos era un manto pesado que se posaba sobre nosotros.

Me quedé acurrucada contra Mateo, sintiendo su respiración mas calmada y el latido lento de su corazón contra mi oído.

La lluvia seguía golpeando la furgoneta, pero ahora su sonido era casi un arrullo.

Por un momento, solo existíamos nosotros dos, desnudos y vulnerables en el rincón más peligroso de Liencres.

Pero los oasis en el desierto de Mateo siempre eran pasajeros.

Él se movió, y la calidez que me envolvía empezó a desvanecerse.

Se enderezo con un suspiro pesado, y yo sentí el frío de la chapa de la furgoneta en mi espalda al perder su contacto.

Se vistió en silencio, con esa frialdad que volvía a envolverlo como una armadura. No me miró, no dijo nada, como si lo que acababa de pasar no significara nada, como si yo fuera solo un refugio temporal de sus demonios.

La rabia empezó a hervir en mi pecho. Me sentía usada, expuesta, vulnerable.

Mientras él terminaba de abrocharse los pantalones, busqué mi camiseta entre la maraña de ropa desparramada por el suelo.

Mis dedos tropezaron con algo duro y metálico en la guantera abierta.

Era una cámara de fotos vieja y rota.
La saqué con cuidado. El objetivo estaba abollado y la pantalla trasera, rajada. La empuñé, sintiendo el peso de un pasado desconocido en mis manos.

Justo cuando iba a intentar encenderla, Mateo me la arrebató con una rapidez que me asustó.

-¡Dame eso!- Su voz era un gruñido, cargado de una furia que no había visto hasta ahora.

-¿Qué es?- pregunté, sintiendo un nudo en la garganta. Su reacción fue demasiado violenta, demasiado protectora.

Él no respondió. La guardó en la mochila que tenía en el suelo, como si fuera una reliquia maldita. Su rostro era el de un extraño, endurecido por un odio que yo no conocia. La vulnerabilidad de hacía un momento se había borrado por completo, reemplazada por una frialdad cortante.

-Es mía- dijo, sin más explicación.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. No por lo que pudiese ocultar en la cámara, sino por la forma en que me miraba. Como si se arrepintiera de haber estado allí, como si fuera un error que quería borrar.

-¿Es tuya? ¿O es de otra persona?- le dije poniéndome mi camiseta y mis pantalones con una rabia contenida, mis manos temblaban. -¿Acaso te has acostado conmigo para olvidar lo que grabaste con esa cámara?-

Él cerró los ojos y se pasó una mano por la cara, el gesto de un hombre agotado.

-No sabes lo que dices, Emi-

-¡Claro que no lo sé! ¡Porque no me lo cuentas!- Mi voz se alzó, llena de la rabia que ya me quemaba por dentro. -Me besas como si me amaras, me arrastras a la muerte en esta maldita furgoneta, te acuestas conmigo como si fuera tu última noche en la Tierra, ¡y luego me miras como si fuera un estorbo! ¡Me usas para tu estúpido autocastigo!-

Me abroché el pantalón y abrí la puerta. El viento y la lluvia me golpearon el rostro, pero era un dolor bienvenido. Prefería el frío del exterior a la indiferencia gélida de su silencio.

-¿A dónde vas?- Su voz sonaba lejana, casi suplicante.

-A casa- respondí, y mis ojos se clavaron en los suyos con toda la furia que sentía. -Y no me importa si el camino me mata. Al menos sabré que es mi propia decisión, y no la tuya-

Salí de la furgoneta echando furia. La lluvia me empapó al instante, pegando mi ropa a mi cuerpo, como si guardara el calor que aún sentía de sus caricias.

Empecé a caminar por el camino de tierra, resbalando en el barro y sin mirar atrás.

No me importaba la oscuridad, ni el precipicio, ni el hecho de que estuviera lloviendo a mares en medio de la noche.
Solo quería alejarme de él, de su silencio, de su pasado.

Sentí sus ojos clavados en mi espalda, pero no se movió. No me siguió. La furgoneta se quedó allí, oscura y solitaria, como un mausoleo para los secretos que no quería compartir.

Caminaba, con la lluvia lavando mis lágrimas, sintiendo la rabia y el dolor mezclarse en mi pecho. Me había entregado a él en cuerpo y alma, y a cambio, solo había recibido la prueba de que su corazón estaba tan roto que no podía amar, solo destruir.

Me había usado.

Y ahora, bajo la lluvia de Liencres, me sentía como un objeto, como una más de las víctimas que él se negaba a salvar.

Caminaba sin rumbo, empapada, temblando de frio y el barro pesando en mis zapatillas.

La lluvia era tan densa que apenas podía ver un metro por delante, pero no me importaba. Cada paso que daba alejándome de ahi era un intento desesperado por recuperar los pedazos de mi dignidad que se habían quedado esparcidos en aquel asiento.

Me sentía pequeña. Me sentía una idiota por haber creído que el deseo y el amor eran una forma de redención.

El agua me resbalaba por la cara, mezclándose con unas lágrimas que ya no sabía si eran de rabia o de pura tristeza.

De repente, unas luces cortaron la negrura de la carretera. El haz blanco iluminó las gotas de lluvia como si fueran cristales rotos cayendo del cielo.

Un coche se detuvo a pocos metros de mí, con el motor sonando suavemente.

Era el coche de Max.

Él no bajó gritando. No tocó el claxon. Simplemente abrió la puerta del copiloto desde dentro.

La luz del habitáculo se filtró hacia el exterior, cálida y acogedora, contrastando con el infierno gris en el que yo estaba sumergida.

Me detuve frente a la puerta abierta. Mis dientes castañeaban y temblaba de forma incontrolable. Miré a Max. Él tenía las manos sobre el volante y miraba al frente, con una expresión de calma absoluta, de esa calma que solo tienen los que saben que el desastre ya ha ocurrido y solo queda recoger los restos.

Subí al coche. El cuero del asiento se sentía extraño bajo mi ropa empapada. Cerré la puerta y el silencio del interior me envolvió como una manta pesada.



#536 en Joven Adulto
#5755 en Novela romántica
#1506 en Chick lit

En el texto hay: playa, amor dolor, pasadooscuro

Editado: 30.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.