Un verano contigo

12. Capitulo

"No busques respuestas en el mar si no estás lista para ahogarte."

El día del partido final, Liencres no parecía un pueblo de vacaciones; mas bien parecía un campo de batalla.

El cielo estaba despejado y el calor apretaba tanto que el aire vibraba sobre la arena.

Las gradas improvisadas estaban llenas, pero para mí, el único sonido que existía era el de mi propio pulso retumbando en mis oídos.

Estaba terminando de vendarme los tobillos cerca del auto de Max cuando una sombra aparecio a mi lado. No necesité levantar la vista para saber quién era.

-Emi-

Su voz sonó más ronca de lo habitual, cargada de una desesperación que intentaba disfrazar de calma.

Me puse de pie, ajustando mi rodillera sin mirarlo.

-Tengo un partido que ganar, Mateo. No es buen momento-

-Nunca es un buen momento- dijo él, dando un paso hacia adelante, invadiendo ese espacio que ya no le pertenecía. -Solo mírame una vez. Solo... mirame. El mensaje que te envié..._

-El mensaje no borra cómo me miraste después de acostarte conmigo- le corté, clavando mis ojos en los suyos con una frialdad que lo hizo retroceder.-Me hiciste sentir como si fuese un maldito error. Y yo no soy el error de nadie. Ahora vete a tu torre, haz tu trabajo y déjame hacer el mío-

Mateo abrió la boca para decir algo, pero Max apareció detrás de él, con el balón bajo el brazo y una expresión de "se acabó el tiempo".

Apretó la mandíbula, y me lanzó una última mirada cargada de palabras que no pudo decir y se dio la vuelta hacia su silla.

El partido fue un infierno.

Val y yo nos movíamos como si compartiéramos un mismo sistema nervioso.

Saltábamos, bloqueábamos y rematábamos bajo un sol que nos cegaba.

Íbamos empatados en el último set. El público gritaba, pero yo solo podía ver la torre de vigilancia por el rabillo del ojo. Mateo no usaba los prismáticos; me miraba a mí. Directamente. Como si estuviera vigilando cada uno de mis movimientos.

Entonces, ocurrió, lo menos esperado.

Un remate del equipo contrario, una bola baja y rápida que caía cerca de la línea de fondo. Me lancé al suelo sin pensarlo, estirando el brazo hasta que senti como el hombro se estiraba por completo.

Toqué el balón, pero mi cuerpo no se detuvo. Al deslizarme por la arena, choqué con fuerza contra uno de los postes de madera que sostenían la red de seguridad.

El sonido de mi cuerpo chocando con el poste fue el peor sonido que escuche.
Sentia un dolor horrible en mis costillas, y como el aire se negaba a entrar en mis pulmones.

Lo ultimo que escuche fue el grito de Val, antes de que el dolor se hiciera tan insoportable que empezaba a nublarme la vista.

Me quede tirada en la arena, era imporible levantarme. Intentando de recordarme como respirar. Pero mi cuerpo se negaba a cooperar.

El bullicio que antes era el partido, ahora era silencio.

Yo solo veia sombras, sentia manos intandome ayudar y voces murmurando.
Logre ver a Max intentado sujetarme, hasta que alguien lo aparto de un empujon.

-¡Atras! ¡Dejenla respirar!-

Mateo se arodillo fente a mi, palpando mis costillas. No solo sentia el dolor del golpe, ahora tambien habia fuego, ese fuego que solo sus manos probocaban.

Estaba serio, intentado mantener el control, aunque yo sabia que por dentro era un lio.

-Emi, mirame- me dijo, y su voz fue lo unico que me impidio entrar en panico. -Respira. Intenta soltar el aire, poco a poco-

-No puedo...- susurre con los ojos llenos de lagrimas

-Si puedes, hazlo conmigo. Solo mirame a mi-

Me quede mirando sus ojos, esos que siempre me recordaban al cielo y tambien a las tormentas.

No me importo que todos nos estuviesen mirando. En ese momento solo existiamos nosotros dos, sin pasado, sin excusas. Solo nosotros.

El chico que parecía querer huir de todo estaba ahi sosteniendome, como si no hubiese un mañana.

-Mateo...- murmure, agarrando su camiseta como si fuese un refugio.

-No digas nada, ya paso- dijo en voz baja, mas para si mismo que para mi- Te tengo, capitana y no pienso dejarte caer-

Me levanto con cuidado, como si tuviera miedo de romperme. Max intento acercarse, pero Mateo simplemente contra él y empezo a caminar hacia la enfermería.
Y mientras me llevaba, senti que ese silencio incomodo que nos habia separado estos dias por fin se estaba terminando.

Había tenido que ocurrir un accidente para que nuestro orgullo se fuese por la borda.

El partido final había terminado de la peor manera, pero mientras Mateo caminaba conmigo en brazos, supe que la verdadera final, la de nosotros dos, acababa de empezar.

El olor a antiséptico y el zumbido de las luces fluorescentes de la clínica me mareaban. Tenía el costado vendado y cada respiración me recordaba el golpe que me había dado, pero el dolor físico no era nada comparado con el vacío que sentía.

Me habían dado un sedante suave que me hacia estar en las nubes, pero el sonido de unas voces conocidas en el pasillo me obligó a espabilarme.

Me incorporé de la camilla, aguantando el dolor, y me acerqué a la puerta que estaba entreabierta.

-¡Te lo advertí, Mateo! ¡Te dije que no la metieras en esto!- Era Max. Pero no sonaba como el hermano protector; era una voz cargada de una furia que nunca le había escuchado.

-¡No fue algo que planeé, Max! ¿Crees que quería que esto pasara?- La respuesta de Mateo sonó desesperada. -Ella empezó a hacer preguntas y yo... Yo hice todo oara alejarla-

-¡Me da igual lo que ella pregunte o lo que hiciera!- gritó Max, y escuché el sonido de alguien siendo empujado contra la pared. -Te traje aquí porque eres mi amigo, porque no podia seguir viendo como te consumias, como te estabas hundiendo en Madrid. Yo solo quería sacarte de ese agujero después del accidente. Te conseguí el puesto, te di un lugar donde estar y me callé todo para que pudieras respirar. ¿Y cómo me pagas? ¿Haciendo que mi hermana se obsesione contigo?-



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En el texto hay: playa, amor dolor, pasadooscuro

Editado: 30.01.2026

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