Un verano contigo

15. Capitulo

"Correr por la arena no sirve de nada cuando el pasado te pisa los talones."

La mañana siguiente se sentía distinta. El aire de la casa ya no era pesado ni asfixiante; la cena de la noche anterior había servido para firmar un amistoso silencioso entre Max y Mateo.

Salimos juntos de casa, y aunque Max se adelantó para organizar la red, Mateo y yo caminamos por la arena con una calma que me parecía irreal.

Al llegar a la zona de entrenamiento, sentí que todas las miradas se desviaban hacia nosotros.

Los otros socorristas, los turistas y, sobre todo, mis compañeras de equipo detuvieron lo que estaban haciendo.

No era común ver a la capitana llegando de la mano del hombre más enigmático de la costa, especialmente después de los días de silencio y encierro.

Nos detuvimos justo donde la arena seca se convertía en la pista de voley. Mateo se giró hacia mí, ignorando por completo el murmullo que empezaba a crecer a nuestro alrededor. Me colocó un mechón de pelo tras la oreja y me dedicó esa media sonrisa que solo me reservaba a mí.

-Ve a ganar ese entrenamiento, capitana- dijo con voz suave, pero lo suficientemente clara para que los más cercanos lo oyeran.

-¿Te quedarás cerca?- pregunté, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

Él se inclinó y me beso. No fue un beso rápido ni escondido; fue una despedida lenta, posesiva y llena de amor.

Fue su forma de decirle a todo Liencres que ya no se escondía, que yo era su ancla.

-Siempre- susurró contra mis labios. -Estaré ahí arriba, vigilándote.

Se separó y empezó a caminar hacia su torre de vigilancia con ese andar seguro que hace tanto no veia en él.

Me quedé un segundo allí, mirandolo, sintiendo que por primera vez en todo el verano, no tenía miedo... o al menos, no un miedo que no pudiera compartir con él.

-¡Dime que lo que acabo de ver no es un espejismo por el calor!- gritó una voz familiar.

Val se acercó corriendo, con los ojos abiertos como platos y una sonrisa que iluminaba toda la playa. Me rodeó el cuello con el brazo y me sacudió con entusiasmo.

-¡Emi! ¡Por fin!- gritó, saltando un poco. -Sabía que había algo entre vosotros, pero ese beso... ¡Dios mío, ha sido como de película! Estaba a punto de ir a tu casa a sacarte a rastras, pero veo que mi primo se me ha adelantado-

-Val, baja la voz- me reí, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas mientras empezábamos a calentar. -Solo... estamos intentando que las cosas funcionen-

-¿Intentando? ¡Ese hombre te mira como si fueras el único barco en medio de una tormenta!- Val estaba genuinamente feliz, su alegría era tan contagiosa que por un momento logré olvidar los mensajes que me atormentaban. -Me alegro mucho, de verdad. Te lo mereces. Después de estos días tan oscuros, te mereces un poco de luz-

Miré hacia la torre. Mateo ya estaba arriba, sentado en su puesto de vigilancia. El sol se reflejaba en sus prismáticos mientras observaba el mar, pero de vez en cuando, su mirada bajaba hacia la pista de voley, tal como había prometido.

Entrenamos con una energía renovada. Rematé cada balón como si estuviera golpeando mis propios miedos, y Val no dejó de hacerme bromas y guiños cada vez que Mateo se movía en su puesto.

Por unas horas, fui simplemente una chica normal jugando al voley con su mejor amiga, bajo la protección del chico que amaba.

Sin embargo, cuando terminó el entrenamiento y fui a beber agua de mi botella, vi que mi teléfono estaba sobre mi toalla. La pantalla se iluminó con una nueva notificación.

La felicidad de Val y el beso de Mateo se sintieron de repente como cristales rotos.

Num desconocido: Qué bonito beso de despedida. ¿Te ha contado que yo también lo vi besar a Lucía así un minuto antes de que se ahogara? Las promesas de Mateo son tan líquidas como el agua del mar.

Apreté la botella de plástico con tanta fuerza que crujió.

Levanté la vista hacia la torre. Mateo seguía allí, cuidándome desde la altura, sin saber que el pasado no solo nos estaba vigilando, sino que estaba contando cada uno de nuestros pasos.

***

El verano se convirtio en un campo de batalla invisible.

A los ojos de Val, de Max y del resto éramos la viva imagen del amor, pero por dentro, yo sentía que estaba sosteniendo una mentira tan grande que amenazaba con aplastarnos a ambos.

Pasó un mes. Un mes donde el calor de agosto apretaba tanto como la ansiedad en mi pecho.

Una noche, Mateo organizó una cena improvisada en nuestro lugar secreto, la pequeña cala resguardada por las rocas.

Había traído una manta y algo de música suave que apenas se escuchaba sobre el ruido del mar.

-Estás muy callada, capitana- susurró Mateo, pasando su brazo por mis hombros. Me atrajo hacia él y besó mi sien. -¿Es por el torneo de la semana que viene o es que mi compañía te resulta aburrida?-

Intenté sonreír, pero mis músculos faciales se sentían rígidos.

-Solo estoy cansada, Mateo. El entrenamiento de hoy ha sido agotador-

-Mírame- pidió él, girando mi rostro con suavidad. Sus ojos oscuros buscaban los míos con una intensidad que me hizo temblar. -Sé que algo te ronda la cabeza. Llevas semanas saltando cada vez que suena tu teléfono. Si es por lo de Lucía... si es por los rumores que siguen corriendo por el pueblo, dime. No quiero que cargues con mis fantasmas-

Sentí el impulso de sacar el móvil y lanzárselo. ¡No son fantasmas, Mateo, es alguien real que dice que la besaste antes de que muriera y muchas cosas mas!, quise gritar. Pero al ver la paz que empezaba a reflejarse en su rostro, me acobardé.

-No es nada, de verdad- mentí, y cada palabra sabía a traicion. -Solo quiero que esto, lo nuestro, sea real. Sin pasados. Solo nosotros-

-Lo es- respondió él con firmeza, sellando la promesa con un beso que sabía a vino tinto y a una verdad que yo ya no sabía si podía creer. -Te quiero, Emi. Y no voy a dejar que nada nos hunda-



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En el texto hay: playa, amor dolor, pasadooscuro

Editado: 30.01.2026

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