"La luz de la luna siempre revela lo que el sol intenta ocultar."
Esa tarde, el sol parecía más suave, como si nos diera permiso para bajar la guardia.
Val y yo nos refugiamos en una pequeña terraza frente al mar, lejos del bullicio de la playa principal. Pedimos dos batidos y nos hundimos en los sillones de mimbre, dejando que el sonido de las olas y el olor a coco nos envolvieran.
Val estaba inusualmente inquieta. Revolvía el sorbete de su bebida una y otra vez, evitando mi mirada, lo cual era extraño en alguien tan directa como ella.
-Emi... tengo que decirte algo antes de que explote- soltó de repente, dejando el vaso sobre la mesa.
-Val ya dime, me estás asustando- me reí, aunque mi risa sonó algo forzada por la tensión que yo misma cargaba.
-Es sobre Max-
Me quedé helada con el vaso a medio camino de la boca. ¿Max? ¿Mi hermano?
Pensé en las veces que los había visto hablar en los entrenamientos, en cómo él siempre la buscaba con la mirada para darle instrucciones... o eso creía yo.
-Estamos saliendo. Bueno, "saliendo" es una palabra grande, pero... llevamos un tiempo viéndonos. No quería decírtelo porque sé que las cosas han estado horribles con lo de Mateo y el accidente, y no quería que sintieras que tu mejor amiga y tu hermano te ocultaban algo más-
La sorpresa me golpeó como una ola fría. Me quedé parpadeando, procesando la imagen de mi hermano, el serio y protector Max, con el torbellino de energía que era Val.
Pero, a diferencia de lo que hubiera sentido hace unas semanas, no pude enfadarme. Al contrario, sentí un alivio extraño. Max merecía ser feliz, y Val era la única persona capaz de sacarlo de su rigidez.
-¿Max y tú?- repetí, y una sonrisa empezó a asomar en mis labios. -Val, eso es... es increíble. Por eso estaban tan raros últimamente-
-¿No estás enfadada?- preguntó ella, con los ojos brillando de alivio.
-¿Cómo voy a estarlo? Sois dos de las personas que más quiero. Me alegra que se tengan el uno al otro. De verdad-
Val soltó un suspiro de alivio y me agarró la mano por encima de la mesa.
Pero la felicidad duró poco, la nube negra que yo llevaba cargando se sintió más pesada que nunca. La sinceridad de mi amiga me obligó a mirar hacia mi mochila, donde el teléfono seguía siendo una bomba a punto de estallar.
-Val...- mi tono cambió de repente, volviéndose oscuro y serio. -Ya que estamos con verdades... yo necesito contarte algo. Pero tienes que jurarme, por lo que más quieras, que no le dirás ni una palabra a Max ni a nadie. Mucho menos a Mateo-
Val se puso recta, contagiándose de mi seriedad.
-Lo juro, Emi. ¿Qué pasa?-
Con las manos temblorosas, saqué el móvil y busqué la carpeta de mensajes. Le pasé el teléfono y dejé que leyera.
Vi cómo su rostro pasaba de la confusión al horror mientras recorría las capturas de pantalla del periódico de Madrid y los mensajes amenazantes sobre el accidente.
-Dios mío, Emi...- susurró ella, tapándose la boca con la mano. -Esto es acoso. Esto es... alguien que está aquí, o al menos nos está vigilando muy de cerca-
-Creen que Mateo es responsable de lo que pasó con Lucía- dije, sintiendo que las lágrimas empezaban a nublarme la vista. -Me mandaron un audio hace un tiempo, Val. No he sido capaz de abrirlo. Tengo miedo de lo que pueda haber ahí-
Val me devolvió el teléfono y se sentó a mi lado, abrazándome con fuerza.
-No puedes cargar con esto sola. Mateo tiene que saber que corre peligro-
-¡No!- la detuve, casi gritando. -Si se entera, se irá de Liencres para protegerme. O hará alguna locura. Acaba de empezar a respirar de nuevo, Val. No puedo permitir que el pasado le arrebate esto. Júramelo. Júrame que no dirás nada-
Val me miró durante un tiempo eterno, sopesando la gravedad de lo que le pedía. Pero finalmente, asintió con tristeza.
-Te lo juro. Pero Emi... si esto se vuelve más peligroso, vamos a tener que hacer algo. No voy a dejar que te pase nada por proteger el silencio de Mateo-
Esa tarde, nuestra amistad se selló con un pacto de silencio. Val sabía la verdad sobre mi acosador, y yo sabía que ella era el ancla de mi hermano.
El verano seguía su curso, pero ahora ya no era solo Mateo quien tenía secretos en Liencres; ahora éramos nosotras las que guardábamos la llave de una tragedia que amenazaba con devorarnos a todos.
La mañana siguiente al pacto con Val, Liencres amaneció envuelta en una neblina espesa que apenas dejaba ver el horizonte. Era el escenario perfecto para lo que estábamos a punto de hacer.
Mientras Mateo estaba en su turno en la torre, Val y yo nos encerramos en su habitación con mi portátil.
-Si el usuario es nuevo, tiene que haber dejado algún rastro- murmuró Val, tecleando con una rapidez que delataba sus nervios. -Madrid es grande, pero el círculo de Mateo no lo era tanto-
Pasamos horas rastreando el perfil de Instagram. Val, que siempre había sido más astuta de lo que aparentaba, descubrió que la cuenta se había creado desde una dirección IP que coincidía con un hotel de Santander, a pocos kilómetros de nosotras.
Mi corazón dio un vuelco. No estaban en Madrid. Estaban aquí, en Cantabria.
-Emi, esto es serio- dijo Val, mirándome con preocupación. -El audio... tienes que abrirlo. Necesitamos saber qué cartas juegan-
Tomé aire, conecté los auriculares y pulsé play. La voz que surgió era joven, dulce, pero cargada de una estática que la hacía sonar como si viniera del más allá.
Era la voz de una chica riendo, diciendo:
¡Mateo, mírame! ¡Deja la camara y ven!.
Luego, un grito ahogado y el sonido violento del agua tragándose el silencio.
Arranqué los auriculares de mis oídos, sintiendo que me faltaba el aire. Era Lucía. Era el último registro de su vida antes del accidente.
-Es ella- susurré, con las manos temblando. -Es el momento del accidente-