Un Viaje Magico: El Mundo de los Sueños

Una pequeña hada

Siempre he sido un alma introvertida, alguien que prefiere los lugares aislados en lugar de los sitios concurridos. Quienes me conocen dicen que mi personalidad se debe a que las personas de mi entorno  me  consienten en exceso, lo que ellos no saben es que me fascina sumergirme en dimensiones que trascienden la realidad establecida. Cuando existen problemas, tan frecuentes en la vida familiar, opto por conducir mi mente a un  mundo alterno a éste, un mundo donde todos pueden ser héroes y vencer sus propios miedos. A mis siete años ya había ganado varios concursos de literatura infantil. Mi padre fue un gran escritor de historias policiacas y mamá profesora de inglés pero no en toda familia existía relación fuerte y estable los problemas entre mis padres se hizo más notorio cuando cumplí ocho años, mi padre había quedado sin empleo y las peleas en casa eran cada vez más recurrentes, los gritos, las discusiones y los llantos mi madre hacían que pasara más tiempo en mi habitación los video juegos o la televisión eran mis distracción para los problemas. Una noche del doce de abril llegaría el fin de una familia amorosa con una discusión que desoló la felicidad de mi hogar.

Recuerdo a mi madre discutir con papá, eran las doce de la noche y las palabras, los gritos eran atormentantes, discutían sobre dinero y trabajo, todo era un caos en aquella noche, al pasar las horas me quede dormido y temprano por la mañana papá entro a mi habitación y me despertó apartando mi cabello de los ojos y con un suave beso en mi pequeña frente papá estaba despidiéndose.

— Hijo levanta — su voz fue suave y delicada — tengo que salir de viaje, regresare en algunos días, cuida muy bien a tu madre, se su caballero día y noche.

No comprendí lo que sucedía en aquel momento; miraba a mi padre con una sonrisa y lágrimas a la vez, en la puerta, mi mamá con un pañuelo rosa que detestaba por su color pero aun así lo sostenía entre sus manos, su rostro parecía ser sombrío por las lágrimas que recorrían sus mejillas.

Papá volverás pronto para mi cumpleaños — fue mi pregunta entre bostezos.

— Si hijo, pórtate muy bien — dijo papá sosteniendo mis mejillas.

— Adiós papá, regresa pronto — fue un despido rápido y sencillo.

No sabía que aquella despedida sería la última vez que vería a mis padres juntos, con el pasar los días, mamá pasaba molesta con todas las personas a su alrededor, discusiones sin sentido hacían cada vez mas de ella una persona insoportable, pero aun así trataba de sacarle una sonrisa.

— Mami, ¿te encuentras bien? —pregunte inocentemente.

— Si hijo — su voz aún se escuchaba ronca por los llantos de la noche pasada — Daniel qué te parece si nos mudamos de casa.

Había pasado dos semanas desde que mi padre se había ido a aquel viaje misterioso que aun desconocía y mamá proponía cambiarnos de casa, sin duda alguna me pareció buena idea pero a la vez triste, pues allí tenía muchos amigos con los cuales podía jugar. Eran niños de mi misma edad tenían ocho años y la chica que era mucho mayor, tenía quince y era una linda niña que se llamaba Kayra, ella era muy amable y siempre nos cuidaba de los malos muchachos del barrio vecino, yo la quería como mi hermana mayor.

Llego el día que nos mudaríamos y mis amigos me habían regalado muchos juguetes, golosinas, pancartas con muchas fotografías y Kayra me regalo un pequeño cachorro, era mestizo pero tenía un encanto muy fugaz y era demasiado juguetón.

— Daniel, cuídalo mucho si, su nombre es “Leal” — dijo con una sonrisa — ten un bonito viaje, cuídate mucho.

— Si Kayra lo cuidare demasiado y tendré mucho cuidado — le espete con cariño.

La voz de mamá se escuchaba a lo lejos, con pocas palabras decía que no marchábamos que me despidiera de mis amigos.

— ¡Adiós chicos!

Me subí a un camión azul un poco viejo allí estaba mi madre un conductor con un gran bigote que me decía, “arriba grandulón”.

El sol se ocultaba en el lejano horizonte, el camión tardo varias horas en llegar a nuestro destino, pues habíamos recorrido tres ciudades, llegamos a un pequeño pueblo donde había pocos niños, era un lugar lleno de ancianos, mi abuelita Carmen vivía allí con dos de mis primos mayores, uno de ellos se llamaba Carlos y el otro Javier, dos chicos muy apuestos pero distintos pues uno de ellos eran más alto y el otro más chaparro.

Carlos tenia dieciocho años y era el más alto, él trabajaba en la azucarera pues con el dinero que ganaba se pagaría la universidad, Javier por su lado era un poco más chaparro y tenía dieciséis años, el aun iba a segundo de bachillerato y siempre hablaba sobre video juegos.



Cristian Reyes

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En el texto hay: magia, magia y fantasia, magia y aventuras

Editado: 23.05.2019

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