Un viaje tras mi sueño

El orfanato

Capítulo 1

Toc, toc, toc. Los nudillos golpean tan fuerte que la puerta retumba en todo el cuarto. —¡Bella! ¡Sal de ahí! ¿Qué crees que haces? No respondo. Tengo las manos ocupadas, apretando la primera sábana al marco de la ventana. Nudo doble, bien firme. Luego otra. Y otra. Una tras otra, despacio, sin ruido. Tiro con fuerza: no se mueve ni un centímetro. Perfecto.

La puerta cruje y se abre.

—Bella… —la voz de la ama de llaves mezcla susto y regaño—. Baja ahora. Te vas a lastimar. Ya estoy trepando. La tela raspa mis palmas, pero no me importa. Subo, pie a pie, hasta que mis dedos se aferran al borde del techo y me arrastro hacia arriba. El aire de la mañana me golpea la cara: frío, limpio, distinto. Me pongo de rodillas sobre las tejas, miro todo lo que hay abajo… y digo, bajito pero clara: —Como ya saben, me llamo Bella, tengo 16 años, y hasta hoy nunca he logrado escapar de este orfanato.

—¡Bella, baja ya! —el grito rompe el silencio desde el patio. Camino pegada a la pared, buscando dónde pisar. Una teja cede bajo mi pie. Resbalo. El corazón se me sube a la garganta —¡voy a caer!— pero me agarro a tiempo… y caigo. Aterrizo suave, entre la paja de una carreta aparcada justo debajo. Me sacudo el polvo y me pongo de pie. Ahí están todas, en fila, mirándome en silencio. Nadie grita. Nadie se mueve. Solo la directora hace un gesto seco, agotado. —A mi despacho. Ahora. Me siento en la silla de siempre. Ella se sienta enfrente, apoya los codos y se pasa una mano por la frente, como si todo pesara demasiado. —Bella, ya has venido aquí cinco veces —dice, y no hay rabia, solo cansancio—. Cinco veces en muy poco tiempo. ¿Tú no te cansas? Yo sí. Portate bien, solo por una vez.

—Pero no quiero quedarme aquí quiero salir. Suspira largo y hondo. —Ya hablamos de esto. No puedes irte así. Debes esperar a que una familia te adopte. ¿Qué harías tú sola por el mundo? Eres una niña. —No soy una niña —susurro. —Llévensela —gira la cabeza—. Dos Padrenuestros en la iglesia. Y a su cuarto. No sale hasta mañana. Las monjas me llevan sin decir palabra. La puerta se cierra con llave. Estoy sola otra vez. Ya sé lo que murmuran a mis espaldas: Bella esto, Bella lo otro, Bella nunca cambia. Y es verdad. No cambio porque no quiero ser quien ellas quieren que sea. El mismo día tras otro. Lo mismo, siempre. No puedo más. Siempre me encuentran. Siempre. Pero mañana llega el lechero. Mañana todos estarán en la entrada, contando tarros, hablando, distraídos. Nadie pensará en mí. Me iré antes de que salga el sol. Cruzaré los pasillos sin hacer ruido. Me esconderé en el almacén, entre los sacos de grano. Y cuando él abra la puerta… me colaré en la carroza, entre las cajas y el heno. Nadie me verá. Esta vez no me descubren. Esta vez me voy.

— Fin del Capítulo 1 —



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En el texto hay: romance, epoca medieval, viaje en tren

Editado: 03.10.2026

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