Mientras tanto, en otro lugar totalmente oscuro, se escuchaba una terrorífica voz que, entre gritos, decía:
-¿Cómo te atreves a echar mis planes a la basura por algo tan estúpido como el amor y la confianza? ¿Por qué todos los humanos, en todas las dimensiones, son iguales? ¡Irracionales cuando se trata de sentimientos!
En ese momento se reveló el dueño de la voz. Se vería como un humano, uno muy hermoso, de no ser porque medía casi diez veces más que un hombre común. Sus ojos eran de un amarillo brillante, tenía un par de alas negras, la piel roja y dos cuernos dorados en la frente.
Rápidamente volvió a la oscuridad y, desde allí, comenzó a recordar cómo había empezado todo tiempo atrás.
Su dimensión de origen se encontraba en plena guerra entre los dos dioses principales: el dios del Bien y el dios del Mal.
Una guerra que había durado milenios, pues la balanza nunca se inclinaba por ninguno de los bandos... hasta ese día.
De repente, las tropas del dios del Bien comenzaron a arrasar con las del dios del Mal.
En cuestión de días, el castillo del dios del Mal quedó totalmente rodeado.
Al verse acorralado, el dios del Mal decidió usar un hechizo que le permitiría llevarse a él y a la persona más fuerte del otro bando a una dimensión donde solo el más fuerte podría regresar.
El dios del Mal estaba confiado, pues suponía que su oponente sería un simple humano.
Como todos sabían, los dioses no podían salir de sus respectivos reinos.
Cuando estuvieron frente a frente, el dios del Mal sintió curiosidad por saber cómo un simple humano había derrotado a sus mejores hombres.
El humano permaneció en silencio.
El dios del Mal se impacientó y, con voz fuerte, le ordenó que contestara.
El humano alzó la cabeza y, con voz calmada, respondió:
-Eres el dios del Mal, y te llevarás cada alma de este mundo... pero todo a su debido tiempo.
Fuiste avaro y quisiste tomar nuestro mundo por la fuerza. Me dices que soy un simple humano, pero olvidaste una pequeña parte. ¿Sabes qué necesita un dios para poder salir de su reino? Exacto: un recipiente perfecto... un simple humano.
En ese momento, el dios del Mal comprendió que no estaba ante un humano, sino ante el mismísimo dios del Bien.
Atacó con todas sus fuerzas, pero aunque la batalla fue larga, el dios del Bien comenzó a ganar ventaja.
La unión entre un dios y su recipiente perfecto duplicaba su poder.
Poco a poco, el dios del Mal fue superado por el poder de su rival.
Entonces ideó un plan arriesgado, pero era su única salida.
Con su poder para saltar entre dimensiones, creó una pequeña grieta por la que dejó escapar una parte de su esencia.
Mientras el dios del Bien creía haber destruido al dios del Mal y que todo volvería a la normalidad, la verdad era otra: el dios del Mal había logrado escapar por aquella diminuta grieta.
Al llegar a este nuevo mundo, notó que no tenía cuerpo: era solo un alma.
Descubrió también que en ese lugar no existía la magia.
Durante su recorrido percibió que, aunque no había magia, sí existían energías negativas y positivas.
Como no podía usar sus poderes mágicos, comenzó a absorber la energía negativa que los humanos desprendían, dándose cuenta de que tardaría años en recuperar el poder suficiente para viajar entre dimensiones.
Decidió entonces que, mientras reunía energía, buscaría su recipiente perfecto.
En su búsqueda vio a un hombre que emanaba una gran cantidad de energía negativa.
Lo siguió, absorbiendo parte de esa energía, y pensó que era el candidato ideal.
Sin embargo, recordó que, para poder poseer un cuerpo, su dueño debía aceptar la propuesta, y que él aún no tenía suficiente magia para realizar los hechizos necesarios.
Continuó siguiéndolo durante un tiempo...
Hasta que un día, aquel hombre sostuvo un bebé en sus brazos.
Fue entonces cuando nació el plan del dios del Mal.
Decidió seguir a ese niño toda su vida, provocando desgracias con su energía negativa, hasta que su alma estuviera completamente llena de oscuridad.
Solo entonces sería el recipiente perfecto.
Esto le tomaría una vida humana entera, pero con el tiempo acumularía suficiente energía negativa para regresar a su dimensión.
Cuando llegara ese momento, causaría la muerte de Deiby, atraparía su alma y lo haría reencarnar en su dimensión con toda esa oscuridad dentro de él.
Así podría usarlo como recipiente, destruir su alma y renacer como el todopoderoso dios del Mal.
-¡Pero por tu debilidad acabas de arruinar todo mi plan! -gritó con furia el dios del Mal.
Observando los últimos momentos de vida de Deiby, notó que la oscuridad en su alma crecía del 10% al 30%.
Entonces detuvo el tiempo por un segundo... y en ese instante ideó un nuevo plan.