Un Vínculo tan Sombrío como Destellante

I. THIORA

LA GUERRA FINALMENTE NOS ALCANZA

THIORA

No había a donde huir.

Poco importaba si elegía correr o esconderme. Si elevaba la magia por un pequeño instante extra de vida o si me rendía y me lanzaba desde aquel precipicio de la torre más alta con vista al risco donde me dirijo para evitar ser usada en contra de mi voluntad.

Cada escalón que mis piernas se precipitan a subir es una oportunidad para continuar siendo yo misma, pero puede que mi esfuerzo no sea suficiente. Los músculos me arden por la exigencia, mis latidos se aceleran en un retumbe sincronizado a mis brutales aspiraciones que hacen quemar la garganta por mi mala forma de inhalar y exhalar oxígeno. Presiento mi final acercándose al ritmo de las botas de los kaxianos resonando por las escaleras. Estos hombres me pisan los talones con la orden de entregarme voluntariamente.

«Así no es como debió terminar»

Me digo con la puerta al final de las escaleras abriéndose. El impetuoso viento que revuelve mi rojizo cabello me toma por sorpresa. La amplia explanada de la torre no me otorga muchas opciones que sopesar. Miro a mis costados con el corazón desbocado y la desesperación me invade.

El bello atardecer se burla de mí con aquel suave y brillante naranja que cualquier puesta de sol puede ofrecer para dar paso a la oscura noche que lo consume todo. Al menos la vida me ha concedido algo hermoso que mirar antes de que lo inevitable surja.

Sí, hoy perderé algo: mi vida o mi libertad.

—¡Y ahí está! —el grito me estruja el alma—. Thiora Riagnmus frente a mí finalmente.

«Mierda, creí tener más tiempo»

Con esa potente y autoritaria voz, Prosperina Fardo pronuncia mi nombre. Ha arrancado la puerta y parte de la piedra que dividía el observatorio de la plaza externa y la torre superior en un solo acto. No necesita dar mucho de sí para causar un destrozo con la magia que ha robado de los otros cinco destellos que me preceden.

—Mi dulce, dulce destello.

El deseo de poseer el sexto poder de la magia suprema es visible en su rostro. La ambición le llena la boca cual rabia se tratara. La veo lamer su labio carmín inferior con la intención de obtener lo que el equilibrio me concedió proteger de seres codiciosos como lo es Prosperina. Esa mujer me ha perseguido por los últimos cinco veranos de mi vida. Desde que se supo que yo, la heredera de la casa Riagnmus, nació con uno de los ocho destellos del mundo, ella no ha dejado de buscarme. Mi familia y nación me han protegido tanto como sus recursos han impedido que mi magia sea absorbida de manera atroz por la emperatriz de Kaxia, pero todo esmero poco importó, porque ahora ella yace aquí, a punto de tomar lo que el equilibrio me otorgó.

Se dice que el destello es una magia tan antigua que quien la posea, obtiene un destino lleno de fortuna, aunque el hecho de estar al borde de esta fortaleza a punto de ser una esclava o comida del mar refuta todo aquello, cierto.

—¡No permitiré que lo obtengas! —me desgañito de manera entrecortada.

«Piensa Thiora, qué haría el mayor Vacazar»

Subo al peldaño de piedras de la almena baja de la fortaleza donde me he resguardado por estos últimos nueve meses de mi vida. Aquí aprendí más que magia. Me enseñaron a usar la mente, transformar cada oportunidad en una fortaleza. Me enseñaron a combatir con armas físicas, pues es bien sabido que todo encanto y hechizo no puede quitar vidas de manera instantánea, sólo paraliza o potencializa, pero no la arrebata; la magia sana tan pronto como daña y es por eso que la única forma de extinguir un corazón es atravesarlo con el metal de una espada o la pólvora de un explosivo.

—Prefiero morir antes de que lo poseas —le hago saber.

Echo un vistazo a las olas del mar que golpean las rocas una y otra vez con la sugerencia de ser alimentado con mi carne. Sin duda la caída dolerá. Sé que prometí evitar que Prosperina se adueñara de mi destello. Juré sacrificar mi vida si era preciso, pero desearía no tener que hacerlo. Quiero vivir pese a todo. Diecinueve, casi veinte años parecen muy pocos como para tirarlos a la borda, literalmente.

Tal vez la forma es lo que me asusta. Caer y no la altura en esencia es lo que me aterra. Esos últimos segundos de conciencia donde el dolor es la única sensación que te acompaña.

—No seas absurda, querida Thiora. Si te tiras al vacío tu magia protectora se romperá y entonces yo te salvaré. No morirás. Ni hoy ni nunca. No mientras te encuentres vinculada a mí.

Prosperina me sonríe con la malicia que amerita.

Una parte de mí sabe que es cierta cada palabra. Que de lanzarme a la nada no moriría realmente. Sucedería justo lo que ella ha predicho, sin embargo, no me rendiré. Un Riagnmus nunca lo hace. Si la muerte ya no es opción, debo buscar otra forma.

«Observa tu alrededor, descarta, toma la delantera»

—Te estás cansando, querida. Veo desde aquí como perla tu frente por el esfuerzo. ¿Por qué no bajas de ahí y prometo dejar a los hombres y mujeres de esta estación con vida?

La mención de mi cansancio no hace que pierda la concentración del campo de protección que genero con las manos para que rebote cualquier hechizo que Prosperina y sus fatales cometen. He practicado este hechizo miles de veces, tanto que lo domino con una perfección de la que mi familia estaría orgullosa. Su blanca magia se fuerza a la violeta emergiendo de mis manos. Su poder presionando el mío me lleva al límite de una manera voraz. Puede que solo se encuentre jugando conmigo; que solo use su magia para darme esperanza, pues no hay forma de que mi magia compita con la suya incluso si la mía es virtuosa o he practicado desde que se presentó en mi cuerpo a los catorce años.




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