EL ODIO TIENE OJOS COLOR VIOLETA
Lo primero que siento es calidez.
Una sensación semejante a permancer en una chimenea me golpea el pecho. Caigo de rodillas quebrado y en busca de suplicar por un poco de piedad. Después de que el campo protector del sexto destello nos derribara, una repentina sensación me invadío el cuerpo tan pronto me presenté con mi hermana en la explanada a lo alto de la instalación militar que hemos tomado. La primera conquista después de años de intentar gobernar estas tierras.
No existe sonido a mi alrededor, excepto el latido de mi corazón. No, no solo es el mío. No es uno el que me llama, sino otro secunda. Uno después del mío me persigue. Zumba y bombea en sincronía silenciosa cuál vigilante.
No puedo moverme, pero el pecho aprisiona todos mis sentidos. Esto es magia, lo sé. La he sentido abordar mi cuerpo toda mi vida por mi hermana a quien le parecía fascinante practicar sus hechizos conmigo, incluso si eso me atormentaba. Los soldados a mi alrededor yacen en el suelo, aturdidos por la repentina bruma de poder que nos ha golpeado. La magia de Prosperina no se parece a nada a lo que siento en este preciso segundo, excepto que provenga de...
Thiora Riagnmus.
Mis ojos se destinan a verla.
Aún no he olvidado la primera vez que oí su nombre. Debió ser hace cinco o seis años atrás a este momento. Cumpliría diecisiete para ese entonces. Ya era lo bastante mayor para saber que esa chica sería otro sacrificio en el camino de mi padre y hermana por conquistar el mundo entero, pero nadie esperó que Clamor resistiera por tanto tiempo. Que mezclaran con magia sus armas y combatieran a nuestra legión de fatales de manera excepcional.
—Es tiempo de que estés al frente, hijo —había dicho mi padre cuando notó que este destello tendría su dificultad—. Que ayudes a tu hermana. Solo son tú y ella en este mundo, no lo olvides.
—No lo haré.
Supongo que desde ese punto me convertí en lo que soy ahora. En la sombra de Prosperina como todos me llaman. Un sobrenombre muy adecuado para lo que soy, un sombrío. Quizá y el equilibrio fue sabio en otorgarle al emperador de Kaxia una hija prodigiosa con magia extraordinaria y otro simplemente carente de ella.
—¡No!
El grito de mi hermana me hace volver a la realidad y al dolor. Invade mi cuerpo de pies a cabeza. La magia de esta chica es virtuosa, no ha sido corrompida y puedo sentirla en mis venas invadiendo mi sangre. Es como un cosquilleo agonizante que me entume los músculos, aunque el como me siento poco debe de interesarle a Prosperina, pues observo como la desesperación en sus ojos la consumen. Me mira a mí y a su destello en turnos y entonces conecto los hilos de esta red en la que me han metido.
Thiora Riagnmus se está vinculando a mí.
La protección que lanzó la chica de Clamor a nosotros al fin dejó de aturdir al resto y se vuelven fervientes testigos del hechizo más poderoso en este mundo: el vínculo.
—¡Detenganla! —suelta Prosperina, pero es tarde. Está hecho.
Lo siento cuando esa fuerza que me oprime deja de contenerme. Suelto un respiro profundo, aunque olvido pronto hacerlo de nuevo tras ver como la gris mirada de mi hermana se dirige a la espada que descansa en mi cinturoncillo. Se bate en duelo si atravesar o no mi pecho con ella para detener el vínculo, pero me parece que ya lo ha deducido, pues su destello se encuentra exhausta en el suelo con el alma tan destrozada como la mía por la elección más imprudente que pudo haber tomado.
Y es que incluso si no poseo magia, mis padres me enviaron a la academia para entrenar mi mente y cuerpo sobre la magia como protección para mi hermana, ya que mis habilidades consisten en detectar cualquier invocación que se pueda lanzar en ella y abatirlo con mis armas y puños.
«Prosperina va matarme»
Nombrarla en mi mente me hace recordar el problema en el que me encuentro ahora por culpa de esa absurda chica destello. Y es que si algo aprendí a lo largo del tiempo fue a temerle a mi hermana desde que era tan solo un niño. Con frecuencia, ella usaba su magia para causarme dolor por simple diversión.
—Te está haciendo fuerte —solia decirme mi padre, pero yo sabía la verdad.
Tenía siete cuando recuerdo que nuestro progenitor vio el potencial de mi hermana. Para ese entonces ella ya poseía catorce. Desde que su enigmática magia blanca inundó sus manos, no hubo vuelta atrás ante el dominio de Kaxia sobre el mundo. Somos una nación Bélica por naturaleza, así que solo sabemos apropiarnos de tierras, personas y tradiciones.
Realmente Prosperina y yo nunca fuimos apegados los primeros años. Creo que una parte de ella me odió por ser el fruto del nuevo matrimonio de nuestro padre, sin embargo, para cuando volví de la academia las cosas cambiaron entre ambos. Yo ya no era más el niño al que podía molestar, aunque en muchas ocasiones preferiría que me siguiera viendo de ese modo en comparación de lo que soy ahora para ella.
—¡Que hiciste!
Prosperina yace furiosa, avanza hasta Thiora cual tornado que toca tierra. La chica se encuentra en el suelo tan derrotada o más que yo por lanzar un hechizo de tal clase, sin embargo, cuando tiene frente a sus ojos a mi hermana, una sonrisa en sus labios le envuelve el rostro con satisfacción, porque sabe que ella ya no podrá tomar su magia.
#4110 en Fantasía
#832 en Magia
#9178 en Novela romántica
sistema de magia, proximidad forzada, bandos enemigos de la guerra
Editado: 02.05.2026