Un Vínculo tan Sombrío como Destellante

XI. THIORA

DENTRO DE UN MUNDO QUE VA DEBORARTE UNA MANO OCULTA APARECE

—Así que tú eres la famosa Thiora Riagnmus. El sexto destello finalmente frente a mis ojos—la voz interrumpe la sala, así como la mirada del hombre me barre de pies a cabeza de forma lascivia.

He olvidado como lo llamaron, pero es el primo de los Fardo. Yace envuelto en unos pantalones y ligera gabardina azul marino junto a una camisa blanca que ajustada se queda corto, pues su fornido cuerpo estira la tela de su torso y hombros.

—Te escondiste por mucho. Créeme, te esperábamos desde hace demasiado tiempo, pero ya estás aquí y veo que eres hermosa.

—Lo lamento señor, pero no puede...

—Nos vamos –el hombre ni siquiera toma en cuenta a la promotora que le habla, siendo que su mano se envuelve en mi brazo para arrastrarme con él. Intentar luchar es imposible, pues su fuerza es inegable, aunque aún con ello forcejeo para no salir de la habitación.

—Como te darás cuenta no hay pelirrojas en esta nación —comenta mientras avanzamos a la puerta.

Lo he notado, sí. Este lugar cálido hace que su poblacion mantenga una piel canela u olivacea y su cabello sea grueso, espeso y negro mientras mi nación es templada a fría en las zonas montañosas. Tenemos las cuatro estaciones muy marcadas en todo el año lo que causa que nuestros rasgos sean tan variados.

—Serás la sensación sin duda alguna, así como Fiorentina en su momento y dime; que tal eres con esa bella boca que posees ¿Sabes hablar o debo sacartelo a gritos?

Se detiene en seco para azotar mi espalda en la pared más próxima del pasillo. Su mano se aferra a mi barbilla y la presiona con rudeza al tiempo que la otra mano la dirije a mi cintura. Prefiero el dolor con magia a tenerlo tan cerca con su aliento a puro respirando sobre mi rostro.

—Voy a pedir la primera noche —me susurra con la intención de pasar su lengua por mi rostro.

—¡Xion! —una voz le impide cometerlo.

La mirada me lleva a contemplar al principito. Thiago Fardo se posa con toda la autoridad que le otorga aquel atuendo blanco, cubierto de medallas y una espada brillante que resuena en cada avance hasta nosotros.

—Primo, yo solo estaba...

—Suéltala.

Por muy sorprendente que parezca, ese bastardo kaxiano lo hace. Levanta sus manos como si se rindiera incluso si una sonrisa cínica cubre su estúpido rostro.

—Ven.

Thiago Fardo me ofrece su mano para que la tome. Mi instinto ni siquiera me permite pensar en la opción de rechazarlo, pues mi brazo se eleva para aferrarme a sus cálidos dedos qué con prontitud, se envuelven con los míos. Me coloco detrás de él, siendo ese hombre la protección más inmediata que poseo por el momento.

—Nadie puede ver ni tocar al destello de nuestra emperatriz antes de la consagración, Xion, y lo sabes.

—La curiosidad es un atributo que me domina, Thio, y lo sabes.

Pienso que van a enfrentarse, incluso si el primo le lleva por lo mucho centímetros en altura y corpulencia, sin embargo, Thiago sonríe y golpea el hombro de su primo relajando el ambiente.

—Vaya que lo sabemos todos —le ofrece tres palmadas en la espalda a su familiar para encaminarlo por el pasillo—. Porqué no vas al salón de festividad y esperas lo que la emperatriz trajo para todos ustedes, no comentes lo que sucedió y yo haré lo mismo.

He de permanecer en la pared asimilando la imagen hasta que Thiago vuelve a mí con su indescifrable rostro. Parece molesto por la mirada que me lanza.

—¿Dónde está tu velo? —no me muevo por el terror que todavía me envuelve lo anterior—. Ve por él, que esperas. No me hagas repetirlo o ¿quieres quedarte con nosotros?

El primo de éste ríe de forma ruidosa tras las ordenes del mariscal de esta nación. Le pido a mis pies que regresen a la habitación que me han asignado y contemplar a las tres promotoras, quienes yacen angustiadas por haber sido arrebatada de ellas por ese hombre de nombre Xion.

Apenas cruzo la puerta. Ellas me observan.

—M-mi... velo —tartamudeo.

No se mueven.

—Ya la oyeron, su velo.

Thiago habla a mi espalda y eso moviliza a las mujeres. Una de ellas me lo ofrece, pero es él quien lo toma. Tan pronto lo hace, la mano del principito se agita para que nos dejen solos en la alcoba. La puerta se cierra y mi corazón galopa a mil por hora.

—¿Qué hacías fuera de tu habitación?

—No fue mi elección hacerlo, créeme.

—Veo que ya hablas.

—Querías una respuesta ¿no?

Detiene su mirada cubierta de hartazgo sobre la mía.

—Y veo que el valor también te ha vuelto.

—¿Dónde está Guiarfred?

—¿Ya es tu amigo? —su ceja se eleva.

—Dijo que vendría por mí.

—Pues evidentemente no lo hizo.

Me ofrece el velo.

—Póntelo —no lo tomo.

—¿A dónde vamos?

—A la consagración.

—¿Qué es eso?

—Una demostración de poder.

—Pero yo no soy su des...

Mis palabras mueren en el instante que va por mí. Me toma de los hombros para posarse frente a mí y casi arrinconarme en la pared muy cerca del balcón que evidentemente yace cerrado. Su cuerpo se acerca poco menos que el su primo minutos atrás, aunque él no busca invadir mi intimidad o al menos no me cubre de aquella sensación.

Un ligero atisbo de mi inconsciencia camino a este sitio me invade. Los latidos de su pecho acelerados mientras yacía en sus brazos a causa de la intoxicación que el mismo me provocó corren por mi mente. Algo me dijo y yo a él, pero lo he olvidado. Sé que estuvo ahí porque su capa permanecía en el camarote donde me aposaron hasta que fue removida.

—Hablas mucho. Si fuera tú, no mencionaria esas palabras en voz alta de nuevo frente a alguien ¿me has escuchado? —mis ojos se aferran a los suyos. Son tan oscuros que su iris parece haberse fundido a su pupila—. No te escucho, chispita.

—No.

—¿No qué?

—No lo mencionaré, principito.




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