LA CONSAGRACIÓN Y UN HECHIZO FUERA DE LAS MANOS
Lo primero que sentí fue un escalofrió, una punzada que se extendió hasta mi columna vertebral. Lo segundo fue temor, y lo tercero fue una necesidad completa de ir por chispita.
No dude en ir por ella, siendo que ya ni siquiera prestaba atención a la conversación que entablaba con Prosperina. No es que la estuviera disfrutando después de todo, pues estar con ella es siempre esquivar sus ojos, manos e insinuaciones.
Y ahí estaba, Thiora a merced de Xian. El cuerpo de mi primo la contenía sobre la pared. Se atrevió a ponerle las manos encima y entonces he de comprender esa desesperación que aprisionaba su pecho a través del mío.
—Amados súbditos, miembros del concilio y fieles guardianes de Kaxia. Hoy celebramos más que solo una victoria o mi regreso a estás tierras tan amadas —todos escuchan con atención a la emperatriz. Ha de dar un paso al frente sin deslindarse de mi mano—. Regocijanse ante lo que he traído para ustedes y nuestra prosperidad eterna. Thiora Riagnmus, el sexto destello.
La atención de vuelve a chispita, quien se queda inmóvil en espera de que le ordenen que avance. Me alegra que haya seguido mi consejo, pero si algo sé es que ella no cede tan fácil. Iba a tirarse de un risco con tal de no terminar en este sitio. La muerte le intimida poco menos que el encierro. Hace bien en temer, pues este bello alcázar puede ser la prisión de muchos.
—Flienta —el fuego de mi hermana prende el pebetero al centro del salón y un grito de asombro cubre a los presentes.
Para muchos esta es la primera consagración a la que asisten después de cinco, casi seis años del último. Yo he de recordar al único al que asistí antes de éste, pues mi madre no me permitió asistir a otro más por las razones que ahora entiendo. Esto más que una exhibición de poder es una vendimia de personas y placeres que al menos por este día no son juzgados. Tal vez no me molestaría tanto este hecho si no me sintiera tan identificados con su pasado y futuro sufrimiento de estás personas, pero de igual forma no haré nada al respecto. Seré un simple espectador como siempre.
Tranquilo, ya solo restan dos celebraciones para que se acabe.
«Solo dos más», pienso y el escalofrio me envuelve.
De antemano comprendo que no va tener la magia de Riagmus, pero si obtiene el resto será invencible, de eso soy consciente y entonces, ya no habrá forma de huir.
«Como si hubieras tenido alguna oportunidad, Thiago»
—Mi sangre es su sangre y su magia es la mía —recita mi hermana y finalmente suelto su mano. tuerso mis dedsos en un puño instantaneo para dejar respirar a mi sudorosa palma que la contenia—. No hay mayor virtud que el equilibrio me ha concedido que ser el contendor de sus destellos.
Le ofrezco mi daga, la daga de mi padre y pincha su dedo anular derecho. La sangre brota y el espectaculo ha capturado al público. Tal vez sea el único capaz de ver como su frente perla en la esperanza de que su plan funcione. De que el destello no lo arruine con su impertinencia bravura.
Vaxodia empuja por la espalda a chispita y, pese que el velo cubra su rostro, adivino que le ha lanzado una mirada de odio al comisionado. Me agrada un poco solo por eso.
—Con esta demostración, pongo como testigo al gran surco de mi valía y poder. Dejemos que dicte una sentencia.
Dos gotas caen sobre el carbón que arde y la chispa de inmediato se enciende. Una bruma blanca gobierna la flama del pebetero.
—Cotrasawa iyecosa montarru vea sota —la invocación nace y la magia de Prosperina comienza a ser medida—. Isonata con devostria xiaja ui.
Mis latidos corren desvocados con la vista completa en chispita. Más le vale seguir el consejo que le di, pues no deseo adivinar las consecuencias no solo para ella, mi hermana e incluso para mí por encubrirlo, sino en toda Kaxia. Colapsaría sin duda. La lucha por el poder comenzaría, pues existirían coaliciones por los bandos emergentes de aquella ruptura que hoy la emperatriz desea cubrir.
Las palabras y magia prosiguen una y otra vez hasta que el surco termine de analizarla, mientras rezo al equilibrio porque la clamoriana no utilice su magia para revelarse. De pronto la punzada nace. El bastardo de Vaxodia debe estarle aplicando dolor, pues el cosquilleo corre por mis brazos. El nuevo destello debe lucir tal como los anteriores cuando la ceremonia cede, excepto que ella debe concentrarse en no solo llevar su poder al surco para engañar a todos, sino al mismo tiempo ha de tener que resistir el flagelo.
Sus rodillas tiemblan y antes de que caiga avanzo hasta ella y la sostengo de los hombros desde su espalda antes de que el perro del comisionado lo haga. A lo lejos debe parecer que lo hago para que Properina pueda terminar el ritual, pero lo cierto es que aprovecho la cercanía.
—Invoca la fractura —le murmuro—. Divide tu dolor.
Le otorgo el consentimiento de transportar sus dolencias a mi cuerpo, aunque no sé si de igual forma lo hubiera hecho sin ello. No seríalanpriemra vez. Permito que se concentre en el hechizo de silencio que ejecuta para cederle magia a mi hermana, pese que decirle que elabore otro para dividir su dolor no suena tampoco de las mejores ideas.
Parece hacerme caso cuando el estómago se me estruja y el corazón se me oprime. Dejo de respirar para contener su hechizo de fractura. Ahora veo el porqué del velo en ella, siendo que de ese modo no es posible ver sus labios moverse en la invocación.
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Editado: 06.01.2026